Aspectos clínicos de la infección por VIH

Juan Sierra

Introducción

En el último año ha habido un cambio drástico en el conocimiento de los conceptos clínicos relacionados a la infección por VIH. Se puede decir que por primera vez en la epidemia de VIH/SIDA se está manejando el concepto de una enfermedad crónica controlable similar a muchas otras enfermedades crónicas comunes en nuestros países. Por primera vez también, se ha discutido la posibilidad de remisión virológica completa por no mencionar a los optimistas que incluso han esbozado la posibilidad de cura virológica. Aunque estos conceptos en mi opinión aún no son alcanzables en forma inmediata, el solo hecho de que se mencionen en los foros científicos significa un viraje respecto de los conceptos y previsiones se tenían tan solo hace algunos años. Desde luego, la visión de los optimistas debe ser tomada con cautela en vista de las limitaciones importantes que se han reconocido claramente cuando se pretende aplicar las nuevas modalidades terapéuticas a situaciones no controladas como las de los ensayos clínicos. El aspecto de accesibilidad a la tecnolog D¡a y nuevos medicamentos ha sido objeto de extensas discusiones, pues la consecución de una mayor eficacia terapéutica, trae consigo invariablemente un aumento en el costo de la medida terapéutica en forma exponencial. Como consecuencia de esto, la brecha entre las expectativas de pacientes en los países desarrollados (cada vez mejores) con las expectativas de los pacientes en países en vías de desarrollo (prácticamente iguales que hace varios años o ligeramente mejores) se incrementará considerablemente. La capacidad económica determinará cada vez mas qué curso clínico seguirá el paciente. Las decisiones médicas deberán basarse más y más frecuentemente en aspectos económicos y no en aspectos científicos. Aunque esta polarización no es nueva en la epidemia de SIDA, ni es nueva en la medicina en general, es importante mencionarla porque ahora más que nunca la capacidad económica del individuo o del sistema de salud en su conjunto condicionará diferencias acentuadas en el control y tratamiento de la enfermedad. Es por eso que el aspecto de farmaco-economía ha recibido especial atención en la evaluación de la mayor parte de nuevas tecnologías e intervenciones terapéuticas. En la discusión que se presenta en la próximas páginas de este documento este aspecto será tratado en relación con cada una de las intervenciones diagnósticas o terapéuticas que se discutan. La mayor parte de los cambios surgidos en este último año se derivan de conocimientos nuevos en cuatro principales áreas clínicas:

a) infección primaria por VIH, b) desarrollo de mejores métodos para predecir el curso de la infección y para evaluar la eficacia de medicamentos antivirales, c) mejoramiento en el manejo y prevención de infecciones oportunistas, y d) el desarrollo de nuevos medicamentos antivirales. Desde luego, los conocimientos derivados de los mecanismos patogenéticos de la infección por el VIH han sido cruciales para influir en este “cambio” en la estrategia de manejo de los pacientes con VIH. En este documento revisaremos los aspectos clínicos y los aspectos patogenéticos se tocarán solo en su relación con los aspectos terapéuticos puesto que serán objeto de otra revisión. Asimismo, los aspectos clínicos de la infección por VIH en mujeres se tratarán por separado para resaltar la importancia que ha cobrado en vista del poco énfasis que en general se le da y de la difusión limitada que hasta ahora ha habido de este tema en la mayoría de las publicaciones.

Infección Primaria con VIH-1

Revisión previa a la conferencia de internacional de SIDA en Vancouver (Julio de 1996)

En una fracción de pacientes con infección por VIH, que va del 53 al 93%, se ha descrito un padecimiento agudo parecido a influenza asociado a la infección recientemente adquirida por VIH-1. A este cuadro se le conoce como síndrome retroviral agudo y su aparición es independiente de la vía de transmisión del VIH puesto que se le ha encontrado en pacientes que adquirieron el virus por cualquier vía. La variable frecuencia de reporte del síndrome parece depender exclusivamente de la accesibilidad a los servicios de salud y de la experiencia que se tenga en los niveles primarios de atención con el reconocimiento del síndrome. No es pues extraño que el síndrome primario se reconozca en un porcentaje muy alto (más del 90%) en países como Australia, y casi no sea reconocido en países latinoamericanos.

El tiempo que pasa entre la exposición al VIH-1 y el inicio del síndrome retroviral agudo es usualmente de 2 a 4 semanas. Las manifestaciones clínicas del síndrome son amplias. El cuadro más frecuente es un síndrome parecido a influenza. Tindall y Cooper hacen énfasis en que el cuadro no necesariamente tiene que parecerse a mononucleosis y, de hecho, a menudo se trata solamente de un cuadro febril inespecífico, asociado o no a cefalea, "rash", y otras manifestaciones(1) . Los signos y síntomas reportados en diversas series son fiebre, linfadenopatía, faringitis, "rash" y mialgias y artralgias. Durante el evento primario se ha descrito un cuadro de meningoencefalitis. Pueden ocurrir también candidiasis oral, ulceraciones mucocutáneas y pérdida de peso. Generalmente dura 1 o 2 semanas, y se resuelve espontáneamente. Después de esto el individuo entra a una fase de latencia clínica en donde no existe sintomatología alguna aunque hay replicación viral que se lleva a cabo fundamentalmente en los ganglios linfáticos(2). En raras ocasiones se ha descrito severa disminución en la cuenta de células CD4 y la ocurrencia de alguna infección oportunista como neumonía por Pneumocystis carinii(3). La ocurrencia de síndrome viral agudo asociado a seroconversión se ha visto como un factor de pronóstico adverso para el curso subsecuente de la enfermedad. Sinicco y colaboradores encontraron un riesgo de 68% de desarrollar SIDA a los 56 meses en 23 pacientes con síndrome viral agudo, comparado con un 20% a los 66 meses en un grupo que seroconvirtió asintomáticamente(4). Asimismo, algunos factores virológicos, como la presencia de aislados virales formadores de sincicio y la presencia de antígeno P24 durante la infección primaria, se han correlacionado con un desarrollo más acelerado a SIDA(5). Aunque se ha avanzado mucho en el conocimiento de la patogénesis, manifestaciones clínicas y efecto en el pronóstico y curso clínico subsecuente de la infección, poco se sabe acerca del efecto de las intervenciones terapéuticas en esta etapa de la infección. ¿Será posible a través de tratamiento antiviral intensivo a base de combinaciones producir una supresión viral total y afectar el pronóstico subsecuente?

Puesto que los factores virológicos incluyendo la carga viral muy probablemente contribuyen a la progresión acelerada a SIDA en forma subsecuente, es probable que su supresión sea una estrategia adecuada en el manejo. De hecho, un estudio recientemente publicado(6) encontró una signficativa progresión menor a SIDA en individuos tratados durante la infección primaria. Después de este estudio, sin embargo, no hay ninguna otra publicación que hable de que se hayan utilizado combinaciones de antivirales para el tratamiento de este síndrome. Una pregunta lógica que sigue es, si la supresión virológica durante esta fase afecta en tal forma el pronóstico y evolución subsecuente de estos pacientes, ¿es conveniente como estrategia de salud pública llevar a cabo vigilancia clínico epidemiológica más intensiva para detectar casos en esta fase que sean susceptibles de tratamiento y de esa manera tal vez incidir en el proceso patológico que se presentaría después?

Revisión de lo presentado en la conferencia.

Varios autores han confirmado la existencia de una relación directa entre la presencia de sintomatología, el tipo de sintomatología, y la duración de la sintomatología durante la infección primaria con la evolución posterior de la enfermedad. Así, Pedersen y colaboradores en Dinamarca, encontraron que una duración mayor de 14 días del cuadro clínico era predictor de progresión a SIDA y declinación mas rápida de linfocitos CD4(7). Wallace y colaboradores en San Diego(8), describieron que la presencia del síndrome viral agudo aumentaba el riesgo de deterioro neurológico y confirmaron una asociación con progresión rápida. Vanhems,y colaboradores(9) en un estudio multinacional en Europa, Australia y Canadá demostraron que la presencia de encefalitis en el síndrome viral agudo predecía con certeza la presentación posterior de complicaciones oportunistas no definitorias de SIDA. La presencia de adenopatía supraclavicular y faringitis predecía el desarrollo más rápido de SIDA o muerte.

Varios estudios presentados en la conferencia demostraron una supresión significativa de la carga viral con el uso de combinación triple de antirretrovirales durante el síndrome viral agudo(10-12). En estos trabajos no se contesta aún la pregunta de cuál es el efecto a largo plazo en los pacientes en quienes se logra una supresión total de la carga viral en esta fase aguda. Sin embargo, basándose en los hallazgos de estudios previos, las recomendaciones recientes de la Sociedad Internacional de SIDA(13) sugieren el uso de combinaciones doble o triple para lograr una supresión viral total si es posible durante esta fase.

Marcadores de progresión de enfermedad para uso pronóstico y monitoreo de eficacia terapéutica.

Desde los primeros años de la epidemia se ha reconocido el curso variable de la infección por VIH entre diferentes individuos: algunos pacientes desarrollan inmunosupresión severa y complicaciones infecciosas en forma más acelerada que otros pacientes. Este curso variable ha hecho imperativa la necesidad de contar con pruebas que sirvan de marcadores para predecir el curso de la enfermedad. No solo esto, sino que con el desarrollo de nuevos y más potentes antivirales era clara la necesidad de evaluar la eficacia de estos sin tener que esperar varios años a que ocurran eventos clínicos que indiquen falla terapéutica. Los marcadores utilizados inicialmente eran diversos pero los principales eran de tipo inmunológico (cuenta de linfocitos T CD4+, beta 2 microglobulina y neopterina sérica) y de tipo virológico (cuantificación de virus o productos virales por diversos métodos como detección de antígenos virales, cultivo viral cuantitativo, etc). El marcador más utilizado desde el punto de vista clínico y en estudios terapéuticos había sido, hasta hace poco, la cuenta de células CD4. De hecho, en la última clasificación clínica hecha por el Centro de Control de Enfermedades de Atlanta (CDC) se utilizó este marcador como punto de decisión en la clasificación de los pacientes (clasificación CDC 1993). La cuenta de CD4 menor a 200, según esta clasificación, define la presencia de SIDA, e indica un riesgo alto de infecciones oportunistas. Cuentas mayores a 500, en cambio, sugieren una etapa relativamente temprana o no muy activa de la enfermedad. A la luz de los conocimientos actuales sobre patogénesis, sin embargo, ha sido claro que el acontecimiento central que ocurre previo a la disminución de células CD4 es replicación viral aumentada en plasma y órganos linfáticos. Es una observación común que hay pacientes con cuentas de células CD4 altas que progresan rápido a SIDA, y pacientes con cuentas menores que se mantienen estables por largos periodos de tiempo. La diferencia, ahora se sabe, es la cantidad de virus o carga viral que existe en plasma. A mayor replicación viral, mayor carga viral en plasma y un curso mas acelerado de la enfermedad. De los métodos disponibles para medir carga viral, el cocultivo cuantitativo tiene una sensibilidad buena pero es laborioso, costoso y tardado. La determinación de antígeno p24 en plasma tiene una sensibilidad muy baja, aunque es muy reproducible y sencillo de realizar. La técnica de disociación ácida aumenta la sensibilidad en forma importante aunque no parece ser tan sensible como las técnicas de amplificación de ácidos nucleicos. Existen actualmente tres técnicas de amplificación para medir carga viral de VIH en plasma: RT-PCR (Reacción de polimerasa en cadena para amplificar RNA en forma cuantitativa), B-DNA (Detección de DNA por cadena ramificada) y NASBA. Todas estas técnicas han demostrado ser reproducibles y relativamente sencillas de realizar en laboratorios entrenados para hacerlo. Estudios clínicos han demostrado que sus valores se modifican con el tratamiento antiviral.

Principales preguntas de investigación en el tema.

Aunque el uso de marcadores virológicos de progresión se ha generalizado, no estaba claro, sino hasta muy recientemente, cuál es su papel como predictor de eventos clínicos futuros, y por tanto, ¿se puede usar como medio de estadificación? Si la medición de carga viral es útil para predecir eventos clínicos futuros en un paciente determinado, ¿el cambio en la carga viral producida por el efecto antiviral conlleva un cambio en el pronóstico de ese enfermo? ¿Qué utilidad tiene el usar estos marcadores como punto de eficacia antiviral en estudios clínicos? y ¿qué utilidad tienen en la práctica clínica cotidiana? Por último, una pregunta importante es si se pueden usar, y en qué situaciones, otros marcadores, como por ejemplo la detección de antígeno p24 con disociación ácida como alternativas mas económicas y con una similar eficacia.

Revisión de lo presentado en la conferencia.

Uno de los puntos más relevantes de toda la conferencia fue precisamente la confirmación de la utilidad de las pruebas de carga viral en plasma para predecir eventos clínicos y para evaluar respuesta a tratamiento. Se subrayó la importancia de usar estos marcadores en la práctica cotidiana para determinar cuando hay falla a tratamiento antiviral y consecuentemente hacer los ajustes necesarios al tratamiento. En un estudio multicitado en la conferencia, J. Mellors y colaboradores, de la Universidad de Pittsburgh(14), presentaron sus datos de análisis de carga viral por el ensayo de bDNA en plasma de sujetos infectados con VIH enrolados en un estudio de cohorte desde 1984 y seguidos un máximo de 11 años (Estudio Multic 9‚ntrico de Cohorte). Los sujetos fueron estratificados de acuerdo a carga viral y cuenta de células CD4 básales y estas mediciones fueron correlacionadas con sobrevida global y sobrevida sin SIDA por medio de curvas de Kaplan Meier. La carga viral en plasma fue mejor predictor de eventos a largo plazo que la cuenta de células CD4. La sobrevida a 5 años fue de 93%,89%, 68% y 44% en los sujetos con carga viral de < 4500, de 4501 a 13000, de 13001 a 36300 y mas de 36300 copias /ml respectivamente. El riesgo ajustado de muerte por cuentas de CD4 básales (decrementos de 100) y por RNA-VIH (incrementos de dos veces) fueron 1.04 (CI 95% 1.01-1.13) y 1.26 (1.16-1.38) respectivamente. Cuando se hizo el análisis promediando dos mediciones de RNA con diferencia de 6 meses, el valor de discriminación para predecir acontecimientos posteriores era aún mayor. Las curvas de Kaplan Meier muestran diferencias obvias entre los cuatro grupos de pacientes de acuerdo al número de copias de RNA basal. El autor hace el símil con los sistemas de estadificación de otras enfermedades crónicas como es el linfoma de Hodgkin o cáncer de colon en donde un elaborado y generalmente costoso protocolo de evaluación permite establecer diferencias en sobrevida similares a las que se obtienen utilizando la prueba de RNA para VIH en plasma en los pacientes con infección por VIH. Sabine y cols., de Suiza, presentaron un estudio similar en donde utilizando la prueba de Roche (RT-PCR) obtuvieron datos similares en cuanto a predicción de muerte e infecciones oportunistas independientemente de la cuenta de CD4(15). Graham y cols., de la Universidad de John Hopkins, evaluaron otra prueba para cuantificar carga viral: cocultivos cuantitativos en células mononucleares de sangre periférica con el fin de determinar si esta prueba también tenía algún valor predictivo sobre los eventos clínicos posteriores. La presencia de >100 unidades infecciosas se asoció fuertemente con la progresión a SIDA a 2 años (38%) mientras que la presencia de menos de 16 unidades se asoció con una incidencia de solo 8%. Estos valores fueron independientes de la cuenta de CD4 en aquellos sujetos con < de 500 CD4 pero no en aquellos con mas de 500 células CD4. Este método puede ser una alternativa para establecer pronóstico cuando no se dispone de las pruebas de RNA(16).

Los datos obtenidos en estos estudios de carga viral no indican una correlación entre el efecto del tratamiento antiviral sobre la carga viral y el pronóstico a largo plazo. Esta era una de las preguntas importantes en relación al uso clínico de estas pruebas. Dos estudios principalmente han definido una correlación entre la respuesta de carga viral a antivirales y la respuesta clínica a largo plazo. Estos dos estudios son las evaluaciones virológicas de los estudios ACTG 175 y el Delta presentados durante la conferencia. En el primer estudio(17) , cuyos resultados clínicos han sido informados previamente, se evaluó la importancia de las cuentas de CD4, RNA-VIH en plasma y el aislamiento de virus con fenotipo inductor de sincicio (SI) sobre el desarrollo de SIDA y muerte en sujetos tratados con Zidovudina sola, DDI solo, combinación de DDI/Zidovudina o DDC/Zidovudina. Usando modelos de Hazard proporcionales se evaluó el cambio en CD4 y en RNA viral en las primeras 8 semanas de tratamiento. Se encontró que cambios en un log10 de RNA viral tenía un riesgo de Hazard de 0.27(p<0.001) para una caida de 50% en CD4, de 0.38(p=0.001) para SIDA o muerte y de 0.4(p=0.013) para muerte, mientras que un cambio de 100 células CD4/mm3 tenia riesgos de 0.62 (p=0.002), 0.72 (p=0.09)y 0.71(p=0.15) para las mismas variables. La presencia de fenotipo viral SI vs fenotipo NSI fue mejor predictor de los tres eventos que los cambios en la cuenta de CD4. En el estudio Delta(18) Brun-Vézinet y colaboradores estudiaron a 230 pacientes en tres grupos de tratamiento: Zidovudina sola, Zidovudina + DDI y Zidovudina + DDC. Al igual que en el estudio ACTG 175, encontraron una correlación entre el efecto antiviral más potente de las combinaciones con el desarrollo posterior de eventos clínicos. Un tercer estudio multicéntrico, presentado por Phillips AN(19) examinó el efecto antiviral de la combinación de 3TC y Zidovudina en los estudios NUCA 3001 y 3002, encontrando una correlación similar entre efecto antiviral en plasma con beneficio clínico. Todos estos datos en conjunto indican que es posible usar la carga viral en plasma como medida de eficacia en estudios que evalúan antivirales nuevos. También sugieren que es posible utilizar estas mediciones para determinar en la práctica diaria cuando un paciente está respondiendo o no a tratamiento y por tanto hacer cambios en el mismo. De hecho, en las recomendaciones emitidas por la Sociedad Internacional de SIDA(13) se maneja el uso rutinario de RNA VIH en plasma para ayudar a tomar las decisiones terapéuticas. El manejo específico de acuerdo a estas recomendaciones se discutirá más adelante.

Infecciones oportunistas y malignidad asociada a SIDA

Revisión previa a la conferencia.

El manejo preventivo, diagnóstico y terapéutico de las diferentes infecciones oportunistas ha sido crucial para el manejo apropiado de pacientes con infección por VIH. Varios autores han descrito la relación entre la aparición de diferentes infecciones oportunistas con el nivel de células CD4. Por arriba de 200 células CD4/mm3 pueden ocurrir tuberculosis pulmonar, Sarcoma de Kaposi y algunas infecciones bacterianas. Por abajo de 200 células CD4, la incidencia de neumonía por Pneumocystis carinii, e infecciones por Candida aumentan, y por debajo de 100 y especialmente 50 células CD4 ocurren infecciones por Citomegalovirus (CMV), bacteremia por Micobacterium avium y toxoplasmosis cerebral, y neoplasias como linfoma cerebral primario. El conocimiento del riesgo que ocurre en cada paciente individual según el nivel de células CD4 ha permitido diseñar los esquemas apropiados para prevención en aquello sujetos con mayor riesgo. El uso de esquemas de profilaxis para infecciones oportunistas, especialmente Pneumocystis carinii, y la mayor sobrevida de los pacientes ha cambiado el espectro de presentación clínica en los últimos años aumentando el número de casos con infecciones de presentación en etapas tardías como Citomegalovirus y bacteremia por Mycobacterium avium .

Prevención y manejo de las principales infecciones oportunistas.

Pneumocystis carinii. Una de las intervenciones de mayor costo beneficio en los pacientes con infección por VIH ha sido la prevención de neumonía por Pneumocystis carinii (PCP). Antes de la era de profilaxis, aproximadamente el 60% de los individuos con SIDA se presentaban con esta infección y el 80% llegaban a tenerla en algún momento de su evolución. Aún ahora con profilaxis para PCP usada ampliamente, se siguen presentando casos de PCP. Los individuos con mayor riesgo para desarrollar neumonía por Pneumocystis carinii son aquellos que ya han tenido un episodio previo, aquellos que tienen otras infecciones oportunistas como candidiasis oral, diarrea crónica o fiebre, y aquellos que tienen células CD4 menores a 200/mm3 (20). El agente más efectivo para este propósito ha demostrado ser el trimetroprim/sulfametoxasol (TMP/SMX), el cual tiene la ventaja de ser útil para prevenir también enfermedad por Toxoplasma gondii(21,22). Aunque un porcentaje alto de sujetos infectados con VIH desarrollan reacciones de hipersensibilidad a esta droga, recientemente se ha demostrado que la mayoría de ellos pueden volver a recibir la droga después de desensibilización (23,24). Otras opciones útiles para prevención son el uso de Pentamidina en aerosol y regímenes que contengan dapsone que a 100 mg al día parece ser tan eficaz como Tmp/Smx pero sin utilidad para prevenir toxoplasmosis. Al igual que para prevención el TMP/SMX es el agente más útil para tratamiento de PCP. La dosis recomendada ha sido de 20 mg de trimetroprim por kg de peso, por tres semanas, aunque algunos autores han sugerido que 15 mg/kg podría ser igual de eficaz(25). Otros esquemas útiles que pueden ser buenas alternativas cuando hay toxicidad al TMP/SMX son Pentamidina 4mg/kg al día IV, Clindamicina + Primaquina, Dapsone 100 mg al día combinado con trimetroprim 4 mg cada 8 horas(26) y más recientemente, sobretodo para casos leves a moderados, el uso de atavaquona 750mg cada 6 horas(27). Un avance importante en el manejo de PCP ha sido el uso de glucocorticoides adyuvantes para tratar la insuficiencia respiratoria que se desarrolla generalmente durante los primeros días de tratamiento con antimicrobianos. Varios estudios han demostrado eficacia cuando estos se inician temprano en la admisión del enfermo y cuando la neumonía es moderada o grave(28,29).

Tuberculosis. El deterioro inmunológico que presentan los pacientes con infección por VIH resulta en una alta frecuencia de reactivación de la infección con M. tuberculosis que se ve en lugares de alta prevalencia de infección por M. tuberculosis como en América latina y África. La tuberculosis que afecta a pacientes con infección por VIH frecuentemente es extrapulmonar y con presentaciones atípicas. Los nuevos métodos de diagnóstico en el laboratorio, en donde se tiene acceso, han permitido mejorar la detección y acelerar el diagnóstico en estos pacientes. La utilidad del PPD como prueba de detección de casos infectados es baja en pacientes con cuentas de CD4 <200 en vista de la alta frecuencia de anergia en este grupo. Las recomendaciones actuales de tratamiento de tuberculosis en pacientes con infección por VIH son similares a pacientes sin infección por VIH. La Sociedad Americana de Tórax, recomendó en 1994 usar un regimen de cuatro drogas (HAIN, etambutol, rifampicina y pirazinamida) por 2 meses seguidos por HAIN y rifampicina por 4 o 5 meses. El tratamiento debe prolongarse si la respuesta clínica o microbiológica es lenta. No hay evidencia de que el tratamiento supresivo con isoniacida deba prolongarse de por vida. Se hace énfasis en la necesidad de implementar programas de tratamiento directamente observado para asegurar cumplimiento. Es importante considerar la prevalencia de resistencia a una o varias drogas en un área determinada para normar conductas terapéuticas adaptadas a cada región, pues se ha informado la existencia de cepas de M. tuberculosis multirresistentes en diversas partes del mundo con diversa frecuencia. En relación a prevención, se ha demostrado claramente el beneficio de usar HAIN por un año en aquellos pacientes con PPD positivo y posiblemente en aquellos pacientes anérgicos que radican en áreas en donde la prevalencia de PPD positivo es alta.

Toxoplasmosis. Personas con infección por VIH e inmunodeficiencia avanzada se encuentran en riesgo alto de desarrollar infección grave por toxoplasmosis. Actualmente Toxoplasma gondii es la causa más frecuente de lesiones ocupativas en sistema nervioso central en pacientes con SIDA. Las manifestaciones clínicas más frecuentes son encefalitis, retinitis y menos común miocarditis y neumonitis. La mayor parte de los pacientes cuando tienen toxoplasmosis tienen una cuenta de CD4 < 100. La encefalitis por toxoplasma generalmente se presenta como múltiples abscesos en estudios de imagen del sistema nervioso central. El diagnóstico de la toxoplasmosis cerebral se basa actualmente en la identificación histológica de parásitos en biopsias cerebrales. Sin embargo, debido a la potencial morbilidad asociada con las biopsias cerebrales, la práctica actual consiste en tratar pacientes con imágenes tomográficas compatibles y con serología positiva y solo hacer la biopsia cuando haya evidencia de falla. Nuevas técnicas de diagnóstico más certero son necesarias como por ejemplo PCR en líquido cefalorraquideo. El papel de la serología para toxoplasma en el diagnóstico es limitado. El 97% de los pacientes con toxoplasmosis cerebral tienen IgG positiva en suero. Sin embargo, los títulos de anticuerpos o la presencia de estos por sí solos no son suficientes para confirmar el diagnóstico por lo que no tienen utilidad en el diagnóstico del paciente con sospecha de toxoplasmosis. Los esquemas de tratamiento aceptados para tratamiento de toxoplasmosis cerebral incluyen pirimetamina con sulfadiazina y pirimetamina con clindamicina, los cuales han mostrado similar eficacia en estudios comparativos(30,31).Otros medicamentos como atavaquona y los nuevos macrólidos claritromicina y azitromicina aún no tienen un papel definido como terapia inicial. La profilaxis primaria está indicada en pacientes con serología positiva para toxoplasma y cuentas de células CD4 <de 100. Los regímenes eficaces son: TMP/SMX que ha sido evaluado en estudios retrospectivos y que tiene la gran ventaja de conferir protección para PCP también. Los estudios que han evaluado pirimetamina y clindamicina o pirimetamina sola como profilaxis han mostrado poca eficacia ya sea por ocurrencia de enfermedad o por toxicidad.

Mycobacterium avium (MAC). La infección diseminada por MAC ocurre en etapas avanzadas de la infección por VIH, generalmente con cuentas de células CD4< de 50. Es actualmente una de las infecciones más comunes y causa importante de morbilidad. Nuevos antimicrobianos y combinaciones se han desarrollado para el tratamiento y prevención. El cuadro clínico consiste fundamentalmente en síntomas constitucionales con fiebre, diaforesis y pérdida de peso. Puede haber diarrea y alteraciones en las pruebas de función hepática. El diagnóstico se hace mediante cultivos de sangre en medios para crecimiento de Micobacterias. El uso de métodos radiométricos como es el Bactec ha mejorado el aislamiento de Micobacterias en sangre. El aislamiento de micobacterias de especímenes respiratorios rara vez representa MAC y sugiere fuertemente que se trata de M. tuberculosis. El tratamiento efectivo contra MAC es necesario para mejorar la calidad de vida aunque posiblemente no afecta el pronóstico en cuanto a tiempo de sobrevida. Aunque hay varios medicamentos con actividad in vitro contra MAC, el esquema ideal o la duración del tratamiento no han sido aún definidos. En las recomendaciones más recientes se ha propuesto que el esquema inicial de tratamiento contenga claritromicina o azitromicina como droga primaria, etambutol como segunda droga y una tercera que puede ser ciprofloxacina u ofloxacina(32). El efecto de la adición de rifabutina a este esquema es actualmente objeto de estudio. La duración del tratamiento debe ser al menos 12 semanas y posiblemente deba mantenerse un esquema más simplificado al término de este lapso para evitar recurrencias.

Para prevención de infección diseminada por MAC se han evaluado varios medicamentos. Rifabutina a dosis de 300 mg al día comparada con placebo en pacientes con infección por VIH y cuenta de CD4 < de 200 mostró una disminución de 18% a 9% en la incidencia de bacteremia por MAC y no se encontró un beneficio en sobrevida(33). Más recientes estudios cuyos resultados no han sido publicados evalúan claritromicina y azitromicina como profilaxis.

Citomegalovirus (CMV). La infección por CMV es otra de las infecciones oportunistas que se presentan en etapas avanzadas de inmunosupresión. Hasta un 30% de pacientes con SIDA y cuentas de células CD4 < de 100 desarrollan retinitis por CMV o afección a otros órganos como gastroenteritis, esofagitis y neumonitis. La enfermedad por CMV ocurre como consecuencia de una infección latente que se reactiva cuando hay inmunosupresión severa. La retinitis por CMV se presenta en forma gradual con pérdida de visión en uno o ambos ojos, sin dolor, o la aparición de manchas. El diagnóstico es clínico por la apariencia característica de la lesión retininiana, que se describe como exudados blanquecinos pequeños granulares que coalescen para formar lesiones mas grandes, posteriormente aparecen hemorragias. Si se deja sin tratamiento, la lesión progresa hasta causar pérdida de la visión. Existen actualmente dos medicamentos antivirales aprobados con eficacia demostrada contra CMV: ganciclovir y foscarnet. Varios medicamentos nuevos están en desarrollo y uno de ellos (HPMPC) está pronto a ser aprobado para uso en humanos. La terapia de inducción con ganciclovir 5 mg/kg dos veces al día o foscarnet 60 mg/kg tres veces al día resulta en una tasa de respuesta del 80 al 100%. La fase de inducción dura entre 14 y 21 días y es seguida por tratamiento de mantenimiento que tiene por objeto evitar recurrencia de la enfermedad, la cual muy probablemente ocurrirá si se suspende el tratamiento de mantenimiento. La elección inicial de tratamiento aún no ha sido definida, pues en un estudio comparativo entre ambas drogas, la eficacia en inducir remisión en las lesiones retinianas fue similar, sin embargo, la sobrevida en los pacientes que recibieron foscarnet fue de 4 meses más(34) . A pesar de estos resultados, del costo elevado de foscarnet y de su mayor toxicidad, aún no existe consenso definido acerca de la droga inicial en el tratamiento. De hecho, puesto que el beneficio en sobrevida del foscarnet en este estudio fue probablemente por su efecto anti VIH, es probable que con la disponibilidad de nuevos antirretrovirales actualmente esta diferencia no sea relevante. Recientemente se aprobó el uso de ganciclovir oral (3 g al día) como tratamiento de mantenimiento en pacientes con retinitis por CMV. Los estudios iniciales aparentemente no mostraron diferencias en el tiempo promedio de recurrencia entre pacientes que recibieron ganciclovir oral, contra aquellos que recibían terapia de mantenimiento IV. A pesar de esto, aún existen dudas de la eficacia de ganciclovir oral para retardar la aparición de enfermedad retiniana.

Existen varios métodos de diagnóstico virológico de CMV, que incluyen cultivos de sangre, orina, detección de antígenos virales en sangre periférica y PCR en plasma y en células mononulceares de sangre periférica. El uso de estos métodos para diagnosticar, y predecir enfermedad aún no es generalizado pero existe gran interés por evaluarlos para este fin. Actualmente existen 3 estrategias posibles para prevención de retinitis por CMV: 1. Monitoreo oftalmológico periódico para detección temprana de lesiones periféricas que indiquen inicio del tratamiento antes de que ocurra daño retiniano. 2. Monitoreo virológico con diversos métodos que predigan el desarrollo de enfermedad y que indiquen el inicio de terapia antiviral y 3. Terapia antiviral profiláctica a todo paciente con cuenta de células CD4 menores a 100/mm3 usando ganciclovir oral. El beneficio relativo de estas tres estrategias está siendo evaluado actualmente.

Preguntas de investigación en el tema y perspectivas de avance en Infecciones oportunistas.

Claramente las nuevas tendencias en profilaxis requieren de esquemas de eficacia comprobada pero también prácticos para usar en la forma de administración, en la tolerabilidad y muy especialmente en el costo. Los esquemas ideales deben ser aquellos que puedan servir para prevenir varias infecciones a la vez, por ejemplo, bactrim para toxoplasmosis, PCP e infecciones bacterianas. Es cada vez más importante incluir en la evaluación de los esquemas de profilaxis una evaluación de costo-beneficio.

En el área de PCP las principales preguntas actuales son en relación a mejores métodos de diagnóstico no invasivo (PCR), ¿Qué esquemas de profilaxis que sirvan para otras infecciones oportunistas pueden también servir para prevenir PCP?. El debate de uso de terapia intensiva en forma apropiada para pacientes con PCP continúa y se debe precisar la forma óptima de utilizar recursos en unidades de cuidados intensivos para estos pacientes, sin descuidar la calidad de su atención. En relación a tuberculosis, es vigente la pregunta de si la ocurrencia de tuberculosis afecta el curso de la infección por VIH. La inmunoestimulación que ocurre durante tuberculosis puede afectar la carga viral, y como consecuencia, el curso posterior de la infección por VIH? y si es así, ¿ cómo se modifica esto con el tratamiento antifímico? ¿Existe algún papel para medicamentos inmunomoduladores como adyuvantes en la terapia antifímica en pacientes con infección por VIH?. Se requieren mejores esquemas de prevención que sean mas cortos en su administración para mejorar cumplimiento. Se tienen que evaluar y definir los esquemas para situaciones en donde cepas multirresistentes sean responsables de la infección con alta probabilidad. En relación a toxoplasmosis, se requieren mejores métodos de diagnóstico, como aquellos basados en amplificación de ácidos nucleicos para ayudar al diagnóstico no invasivo. Se requiere mejorar los esquemas de profilaxis primaria y secundaria. Se tiene que definir el papel de los nuevos macrólidos en la prevención y tratamiento de toxoplasmosis. En relación a infección diseminada por MAC sigue siendo vigente la necesidad de mejorar los esquemas de profilaxis con medicamentos sencillos de administrar y a costo menor. El papel de nuevos macrólidos en este sentido debe definirse. En lo referente a CMV está aún por definirse el mejor esquema de tratamiento de retinitis. ¿Es mejor el tratamiento con dos drogas simultáneas, como foscarnet y ganciclovir? ¿Cuál es el efecto de esta combinación sobre el desarrollo de resistencia? Es necesario definir el papel de HPMPC (el nuevo antiviral para CMV) en el tratamiento. Al momento actual no está definido aún cuál es la mejor estrategia de profilaxis contra retinitis por CMV. Es muy probable que se pueda llegar a usar algún marcador virológico para dirigir una terapia preventiva aplicada solo a pacientes de alto riesgo para desarrollar retinitis.

En cuanto a la diarrea, debe definirse en cada país o región cuál es el patrón prevaleciente de los diferentes patógenos para poder diseñar esquemas de tratamiento empírico. Por ejemplo, ¿Qué tan frecuente es Ciclospora o Microspodium como causa de diarrea en pacientes con diarrea en países de América latina. Algo poco estudiado en países latinoamericanos es cuál es el flujo de estudio más económico y útil para detectar los patógenos comunes. Se necesitan diseñar pruebas de laboratorio que eviten tener que realizar procedimientos invasivos como endoscopías y biopsias para el diagnóstico de patologías causadas por diversos microorganismos. Por ejemplo, sería deseable y factible contar con un panel de diagnóstico inmunológico o molecular para la mayor parte de los patógenos involucrados en diarrea crónica en estos pacientes. Aún existe un gran vacío en el tratamiento óptimo de Microsporidiasis y Criptosporidium, causantes de un porcentaje alto de diarreas crónicas. En cuanto a síndrome de desgaste, es necesario caracterizar bien en países latinoamericanos la epidemiologia del síndrome y sus causas. Deben investigarse nuevos tratamientos y su aplicación. Debe investigarse el uso de diferentes tipos de apoyo nutricional como suplementos orales, alimentación parenteral, multivitamínicos, metales, o alimentación por sonda, en cuanto a su eficacia, y la relación costo beneficio.

Revisión de lo presentado en la conferencia.

Uno de los puntos más destacados en la mayoría de las presentaciones sobre prevención de infecciones oportunistas fue el aspecto de la relación costo-beneficio. En evaluación de este tipo, utilizando un modelo analítico de decisión, Freedberg y cols., de la escuela de Salud Publica de Harvard(35), analizaron los costos y efectividad de las intervenciones más comunes para prevenir infecciones oportunistas. La administración de Bactrim para prevención de PCP y Toxoplasmosis, de hecho, ahorra dinero. El costo de profilaxis de MAC con rifabutina es de 210 600 dólares por año de vida salvada, el costo de profilaxis con fluconazol es de 2 484000 dólares por año de vida salvada, y el costo de profilaxis de CMV de 3 790 200 dólares. El costo de profilaxis con Azitromicina para MAC (un nuevo esquema recientemente evaluado) es de alrededor de 60000 dólares. Para mejorar estos costos, la forma más eficaz, de acuerdo al modelo, no es la reducción de precios en los medicamentos sino la reducción en el riesgo de declinación de las células CD4. Esto tiene implicaciones importantes puesto que promover el uso de antirretrovirales que impidan declinación de CD4 en una población determinada puede tener un impacto económico mucho más benéfico que el uso de profilaxis para infecciones oportunistas.

En un estudio de profilaxis con azitromicina para prevenir MAC, Dunne y colaboradores, de la Universidad de San Diego(36), encontraron que en pacientes con < de 100 CD4, el añadir 1200 mg a la semana de azitromicina a la profilaxis con TMP/SMX para PCP reduce el riesgo a la mitad de tener PCP. Este hallazgo es un apoyo para el uso de este macrólido en la prevención de MAC que además confiere protección adicional para PCP. En presentaciones sobre PCP se analizaron los factores de riesgo para PCP en la era actual de profilaxis. La conclusión de dos trabajos(37,38) es que la mayor parte de los casos de PCP que aún ocurren se debe a la falta de profilaxis adecuada, ya sea por retardo en el diagnóstico de VIH, o por falta de adherencia al tratamiento. La sobrevida de pacientes con PCP en terapia intensiva fue analizada por Curtis de la Universidad de Washington en Seattle(39) . Encontró que los factores que predecían una baja sobrevida eran una estancia prolongada (> de 14 días) en la unidad de terapia intensiva y tener historia de alguna otra enfermedad definitoria de SIDA a su admisión. A pesar del mal pronóstico de los pacientes internados por más de 14 días, la sobrevida en este grupo fue del 24%, cifra superior a la reportada previamente. Este trabajo concluye que pacientes con PCP se pueden beneficiar de terapia intensiva y no deben ser rechazados con base en ese diagnóstico. Atzori y cols., de Milán (40), evaluaron el uso de PCR en diferentes líquidos corporales para el diagnóstico de PCP. Encontraron una sensibilidad del 90% de la prueba en suero, 70% en células mononucleares de la sangre periférica y 75% en secreciones orales. Este estudio muestra la posibilidad de crear una prueba diagnóstica de PCP no invasiva.

Se presentaron varios estudios que analizaron las diferentes estrategias de prevención de enfermedad por CMV. En un estudio para evaluar la eficacia de ganciclovir oral comparado con placebo, Brosgart y cols. del CPCRA(41), enrolaron a 994 pacientes con cuentas de CD4< de 100, sin enfermedad por CMV pero con serología positiva o cultivo para CMV positivo. En este estudio los autores no encontraron diferencia en el desarrollo de enfermedad por CMV entre el grupo que recibió ganciclovir y el placebo. Estos datos contrastan con los resultados de un estudio previamente publicado por Spector y cols. en donde sí se había observado un beneficio. Este autor y sus colaboradores presentaron un trabajo(42) en el que evaluaron la utilidad de detección de DNA de CMV en plasma para identificar aquellos sujetos con mayor riesgo de desarrollar la enfermedad. Utilizaron los plasmas de los sujetos enrolados en el estudio de profilaxis con ganciclovir oral. El riesgo relativo para los pacientes que recibieron placebo y tenían un PCR + era de 3.84 . Los pacientes con PCR - basal, solo el 1% del grupo tratado con ganciclovir desarrolló retinitis contra 26% del grupo no tratado, mientras que en pacientes con PCR basal + el 58% de aquellos recibiendo placebo y el 31% de aquellos recibiendo ganciclovir desarrollaron enfermedad por CMV. Estos resultados sugieren la necesidad de realizar estudios con terapia preventiva en sujetos con PCR + para CMV y con cuentas bajas de CD4. Otro estudio, llevado a cabo en Canadá, encontró resultados similares utilizando la prueba de antigenemia para CMV así como PCR(43). Dos estudios evaluaron el esquema para tratamiento de infección diseminada por MAC con Etambutol, Rifabutina y Claritromicina y encontraron mayor eficacia que un esquema a base de Claritromicina+Clofazimida(44) y que un esquema a base de rifampin, etambutol, claritromicina y ciprofloxacina(45). En ambos estudios, este esquema fue mejor en aclaramiento de MAC de la sangre periférica, tiempo de mejoría de la sintomatología, y calidad de vida. Asimismo, la incidencia de recurrencia y de resistencia a claritromicina fue menor en el grupo más eficaz. En un estudio prospectivo de prevención de infección diseminada por MAC, claritromicina fue más eficaz que rifabutina en prevenir enfermedad diseminada. La combinación con rifabutina no aumentó la eficacia, ni previno el desarrollo de resistencia. En pacientes que reciben rifabutina sola, no hubo casos de resistencia a rifabutina, mientras que el 29% de las cepas de los pacientes que recibieron claritromicina y desarrollaron enfermedad diseminada eran resistentes a la droga.

En relación a tuberculosis, se reportaron dos brotes de tuberculosis multirresistentes en hospitales de Argentina(46) y en Londres(47). Los factores contributorios fueron retardo en el diagnóstico o carencia de facilidades para aislar a los pacientes. En el caso de Argentina se subraya la necesidad de contar con facilidades de aislamiento, aun en países en vías de desarrollo para prevenir brotes futuros. En un estudio longitudinal llevado a cabo en Uganda, Nelson y colaboradores analizaron la dinámica de la carga viral en pacientes con tuberculosis infectados con VIH comparados con controles sin tuberculosis y características similares de la enfermedad. En el estudio, se encontró que la carga viral (RNA VIH) fue aproximadamente 5 veces mayor en pacientes con tuberculosis que en controles, pero 70 veces mayor en los pacientes después de 6 meses de tratamiento adecuado. Estos resultados sugieren que la infección por M. tuberculosis activa la replicación de VIH, y este efecto permanece a pesar de tratamiento antifímico adecuado.

En relación a diarrea, se presentaron dos trabajos de infección intestinal por Microsporidium(48,49). En el primer estudio, de Briner y colaboradores en Suiza, se analizaron 55 pacientes con infección intestinal por E. bieneusi. De estos, 83% tenían diarrea crónica persistente o intermitente y en 17% la diarrea se controló a pesar de persistir con excreción del microorganismo en heces. Estos pacientes tenían cuentas de CD4 mayores que el grupo con diarrea persistente. La sobrevida a 1 año fue de 52.8% y a 2 años de 27%. El tratamiento con albendazol no afectó excreción del parásito ni desenlace. En el segundo estudio, Albrecht y cols., de Hamburgo, presentaron un estudio prospectivo de infección por microsporidium. Encontraron que la mayor recuperación del parásito era en examen de excremento usando el método de calcofluor. En este estudio como en el anterior, encontraron un grupo pequeño de pacientes sin diarrea que excretaban el parásito en heces.

Tratamiento con antirretrovirales.

Revisión previa a la conferencia de SIDA en Vancouver

Los conceptos en el uso de antivirales contra VIH han cambiado rápidamente en el último año. De 4 antivirales aprobados disponibles hasta hace un año (Zidovudina, DDI, DDC, y Stavudina o D4T) rápidamente se agregaron en ese lapso 4 más (3 TC, y 3 inhibidores de proteasa como saquinavir, ritonavir y indinavir). Algunos otros están a punto de ser aprobados en breve para su uso. Esta explosión en el número de medicamentos antivirales ha ido acompañada de un mejor conocimiento de su utilización basado en la patogénesis de la enfermedad y de nuevas técnicas para determinar la eficacia del tratamiento antiviral así como la aparición de resistencia. En los primeros años de la era de los antivirales, se documentó eficacia de monoterapia con Zidovudina sobre la sobrevida de pacientes con SIDA y sobre el desarrollo de SIDA y cuentas de células CD4 en pacientes con infección por VIH asintomáticos, aunque en estos pacientes los resultados de los estudios sugerían un beneficio modesto, transitorio, y, según algunos estudios como el de Concorde, ningún efecto sobre la sobrevida (50-52). Posteriormente, se documentó mayor eficacia sobre cuentas de CD4, sobrevida y incidencia de infecciones oportunistas en pacientes previamente tratados con AZT cuando se cambiaba a DDI(53). El beneficio con el cambio de tratamiento parecía estar asociado al desarrollo de resistencia a AZT y ausencia de resistencia cruzada entre ambos medicamentos. Finalmente, el uso de monoterapia se abandonó definitivamente a finales de 1995 en favor de terapia combinada al conocerse los resultados del estudio ACTG 175 y del estudio Delta, en los cuales se observó una mayor sobrevida, y menor progresión a SIDA en sujetos tratados con combinación de DDI/AZT o DDC/AZT comparados con aquellos tratados con DDI solo o AZT solo. Más importante es que en estos estudios se logró establecer una clara relación entre el efecto sobre la carga viral plasmática y un beneficio clínico en los pacientes.

Preguntas de investigación sobre el tema y perspectivas de avance.

A pesar del gran avance que ha significado el conocimiento derivado de los estudios ACTG 175 y Delta que dió como resultado el abandono definitivo de la práctica de la monoterapia, surgen ahora nuevas preguntas como el tiempo ideal para iniciar antirretrovirales. ¿Es necesario iniciar tratamiento antiviral combinado en todo paciente en quien se detecta infección por VIH, independientemente de su estado inmunológico y de su carga viral? ¿Cuál es el mejor esquema antiviral para iniciar tratamiento? Sabiendo que se deben utilizar marcadores virológicos como punto de referencia para medir la eficacia antiviral ¿cuál es el nivel de supresión deseado después del cual el riesgo de desarrollo de resistencia es mínimo o nulo? O ¿es necesario siempre intentar una supresión total viral utilizando las combinaciones más potentes desde el principio? ¿Se puede lograr una inhibición total de la carga viral con las combinaciones mas potentes ? y si es así ¿por cuánto tiempo? Y ¿se correlaciona la inhibición en la carga viral plasmática con inhibición de la replicación viral en ganglios linfáticos? ¿Existen sitios de latencia viral capaces de originar nuevos ciclos de producción viral después de que se hayan eliminado las células infectadas que soportan la replicación activa del virus? ¿Existe la posibilidad de reconstitución inmunológica en pacientes con inmunosupresión avanzada en quienes se ha producido una supresión viral total? Una pregunta pertinente para el manejo de infecciones oportunistas también es: en pacientes con inmunosupresión severa (<50 células CD4) si el tratamiento combinado resultara en un aumento significativo a niveles mayores de 200, ¿se debe o puede modificar la conducta preventiva primaria o secundaria contra la infecciones oportunistas como MAC, PCP, CMV u otras?

Finalmente, en el paciente que inició un esquema de antivirales apropiado ¿cuándo se debe considerar cambiarlo? Y ¿cuál será el esquema ideal a seguir?

Revisión de lo presentado en la conferencia.

Múltiples trabajos originales y symposiums presentados por expertos internacionales tocaron los aspectos nuevos de terapia antiviral a la luz de los conocimientos actuales de fisiopatogenia, uso de marcadores de carga viral y la disponibilidad de mayor número de drogas antivirales. Un punto en común en la mayoría de las presentaciones fue que las estrategias de manejo antiviral actual se basan en la evidencia de que la replicación viral masiva es parte central en la patogénesis de la inmunodeficiencia observada en el paciente con infección por VIH. Esta replicación ocurre en ganglios linfáticos, en células de la sangre periférica y en algunos órganos. Este concepto sugiere que la terapia antiviral debe tener como objetivo la supresión substancial y si es posible total en la replicación viral. Ya se ha demostrado tanto en estudios clínicos como in vitro que no es posible conseguir este objetivo con el uso de una droga sola y por tanto, la terapia combinada es la única alternativa actual. La falla terapéutica antiviral se debe en gran medida a la emergencia de variantes virales con mutaciones específicas que confieren resistencia a los antivirales utilizados. La emergencia de estas variantes puede retardarse, aunque posiblemente no pueda evitarse a la larga, utilizando diferentes combinaciones de antivirales y logrando una supresión en la replicación viral máxima.

Aunque los principios arriba anotados son aceptados por la mayor parte de los expertos, existe aún controversia acerca de cuál es el mejor esquema de inicio y continuación de tratamiento. A pesar de los resultados impresionantes sobre la carga viral y sobre células CD4 in vivo e in vitro de los esquemas que contienen inhibidores de proteasas, aún no está definido si los esquemas iniciales deben contener un inhibidor de proteasa. Cuando se decide usar un inhibidor de proteasa no está claro aún cuál es el mejor de inicio.

Entre los esquemas evaluados en distintas formas los siguientes representan una selección de los más relevantes.

I. Estudio comparativo doble ciego de AZT/DDI contra AZT/DDI y nevirapina (54). En este estudio, 152 pacientes sin tratamiento antiviral previo y con cuentas de CD4 entre 200 y 600 fueron evaluados encontrando disminución de RNA viral hasta 2 log en pacientes recibiendo la triple combinación.

II. Efecto antiviral de la combinación D4T con DDI(55). En este estudio se observó un efecto antiviral de hasta 2.8 logs de RNA de VIH en algunos de los sujetos, todos ellos previamente vírgenes al tratamiento. La tolerancia fue satisfactoria y no se observó mayor toxicidad neurológica que lo reportado con esquemas de uso individual.

III. Efecto antiviral de combinación de Hidroxiurea y DDI (56,57) algunos pacientes mostraron un efecto antiviral muy potente usando la combinación de DDI y Hidroxiurea. En el primer estudio, 11 de 20 pacientes tenían niveles no detectables de virus por PCR a los 180 días y 6 de 10 a los 360 días. El resto de los pacientes mostraron una reducción en la viremia de 1.5 y 1.7 log respectivamente.

IV. Evaluación antiviral a un año de la combinación indinavir/AZT/3TC(58). En este estudio se evaluaron pacientes con mas de 50 células CD4, y mas de 6 meses de tratamiento antiviral previo con AZT. A un grupo de pacientes se les administró combinación triple, otro grupo Indinavir solo y otro grupo AZT/3TC. Después de 44 semanas, 83% de pacientes en triple esquema tenían niveles de RNA VIH por debajo del límite de detección, contra 22% en el grupo de indinavir solo y 0% en el grupo de AZT/3TC. El aumento de CD4 correspondiente fue de 218 a 44 semanas en el grupo triple, 158 en Indinavir solo y 14 en el grupo AZT/3TC.

V. Combinación triple AZT/3TC/ritonavir(59) 12 pacientes recientemente infectados con VIH fueron incluidos. Todos mostraron niveles de RNA VIH por debajo del límite de detección a tiempos variables de seguimiento y cultivos que llegan hasta un año.

VI. Combinación de ritonavir con saquinavir(60). En este estudio, la combinación de ritonavir 600 mg dos veces al día y saquinavir 600 mg dos veces al día en pacientes tratados previamente con análogos de nucleósidos produjo reducciones importantes en la carga viral. En 70 a 80% de los pacientes disminuyó a niveles no detectables de RNA VIH.

David Ho, y colaboradores presentaron una estimación del tiempo necesario de tratamiento en pacientes que han estado avirémicos por tiempos prolongados después de tratamiento supresivo efectivo(61). Con base en un modelo matemático, que toma en cuenta el tiempo de vida de macrófagos infectados y linfocitos CD4 latentemente infectados, ellos concluyen que debe darse un tratamiento completamente inhibitorio por al menos 1.5 a 3 años, antes de poder pensar en suspenderlo.

En una sesión oficial de la Sociedad Internacional de SIDA, se presentaron las recomendaciones actuales para el uso de antirretrovirales de acuerdo a la evidencia existente. Estas recomendaciones han sido publicadas recientemente(13). Brevemente, estas recomendaciones incluyen el uso de antivirales para iniciar tratamiento, para continuarlo después de tener que cambiar el inicial y situaciones especiales como la infección primaria, profilaxis post exposición y transmisión vertical.

De acuerdo a estas recomendaciones, la terapia debe iniciarse en pacientes con menos de 500 CD4, y aquellos con enfermedad sintomática. En aquellos pacientes con más de 500 CD4 la recomendación es usar la carga viral como factor de decisión: en sujetos con más de 30 000 copias/ml o con rápida disminución de células CD4 debe iniciarse el tratamiento. En aquellos con más de 10000 copias, debe considerarse y en sujetos con menos de 10 000 copias no se recomienda iniciar el tratamiento. Los esquemas iniciales recomendados por la IAS son las combinaciones de dos análogos de nucleósidos como AZT/DDI, AZT/DDC, AZT/3TC. La decisión de usar un inhibidor de proteasa como parte del esquema inicial se considera que puede ser razonable en aquellos pacientes con enfermedad rápidamente progresiva. El tipo de inhibidor de proteasa debe seleccionarse en función de factores como tolerabilidad, costo, resistencia cruzada con otros, y la posibilidad de dejar opciones abiertas para un futuro. En el momento no hay una recomendación específica para un solo inhibidor de proteasa.

El cambio de antirretrovirales se recomienda cuando hay falla al tratamiento, toxicidad, intolerancia o falta de cumplimiento, y uso actual de un régimen subóptimo. Se considera falla al tratamiento cuando la carga viral regresa a niveles de alrededor de 0.3 a 0.5 log del nivel pretratamiento, disminución en la cuenta de CD4 o progresión clínica. Una vez tomada la decisión, el esquema a cambiar debe tomar en consideración varios factores como toxicidad, la razón del cambio y los medicamentos previamente tomados. Si el cambio se hace por falla al tratamiento, deben usarse drogas con mayor potencia, diferente mecanismo de acción y que no tengan resistencia cruzada. En pacientes que han recibido 2 análogos de nucleósidos, el cambio de tratamiento debe hacerse a uno o dos diferentes nucleósidos y un inhibidor de proteasas. Si en el régimen inicial había un inhibidor de proteasa, los regímenes subsecuentes deben contar con por lo menos dos drogas nuevas. Finalmente, debe considerarse suspender el uso de antivirales en pacientes con enfermedad muy avanzadas en quienes el aspecto de toxicidad y calidad de vida pasa a primer plano.

En cuanto a los diferentes inhibidores de proteasas, todavía no es claro cuál es el de elección para uso inicial. Saquinavir es el más potente inhibidor in vitro , sin embargo, su biodisponibilidad es de solo 4% y tiene un porcentaje alto de unión a proteinas lo cual en este momento lo hace menos potente que indinavir y ritonavir. Sin embargo, nuevas preparaciones con mayor biodisponiblidad o uso concomitante de otros medicamentos que la aumenten probablemente mejoren su actividad in vivo. Por otro lado, las mutaciones que confieren resistencia a indinavir provocan resistencia a todas los otros inhibidores de proteasa existentes en el mercado y aquellos que están en desarrollo, por lo que su uso como agente de primera línea debe ser visto críticamente. El inconveniente de ritonavir es su interacción con una gran cantidad de medicamentos frecuentemente usados en pacientes con SIDA, lo cual hace su uso mucho mas complejo.

Conclusiones y recomendaciones

Han surgido nuevos conceptos en la patogénesis de la infección por VIH y sus consecuencias ocasionando un cambio radical en el manejo de pacientes. El paradigma actual se centra en el virus y su replicación como causa del daño inmunológico observado y, por lo tanto, la terapia debe dirigirse hacia el control de esta replicación y la eficacia de esta terapia debe vigilarse mediante evaluación de la replicación viral. En ese mismo contexto, pues, además de los resultados de ensayos clínicos controlados, sabemos ahora que la monoterapia con antivirales no es ya recomendada en el manejo de la infección por VIH en cualquiera de sus etapas. La disponibilidad de nuevos medicamentos con extraordinaria potencia antiviral ha originado una nueva serie de combinaciones que mejoran la actividad antiviral, retardan el desarrollo de resistencia y se traducen en beneficios clínicos palpables a largo plazo. Es muy probable que el pronóstico de pacientes con VIH manejados con estas nuevas modalidades de tratamiento vaya a mejorar sustancialmente, y la enfermedad se convierta en un proceso crónico manejable médicamente en forma similar a lo que ocurre con otras enfermedades crónicas. La falta de accesibilidad a estos nuevos medicamentos y pruebas de laboratorio en países en vías de desarrollo es un aspecto preocupante puesto que ahora más que nunca las diferencias en recursos económicos van a resultar en diferencias en la manera en que los pacientes pueden vivir con VIH. Este aspecto ha sido tratado insistentemente en los foros internacionales y enfrentarlo representa un reto para los sistemas de salud en las diversas regiones del mundo. Se deben hacer estudios regionales para determinar la “ganancia” que resulte de invertir sumas considerables en proporcionar apoyo financiero para tratamientos bien llevados en pacientes con VIH. Por ejemplo, se necesita evaluar el costo que representa tratar con antivirales durante tiempos prolongados, contra los costos de tener que usar recursos hospitalarios caros para tratamientos de infecciones oportunistas.

Hay que reconocer también que es probable que el poner a disposición de poblaciones enteras el uso de estos tratamientos muy probablemente traerá como consecuencia un aumento en el número de casos detectados pues es previsible que mayor número de gente que haya tenido exposiciones de riesgo quiera ser sometida a pruebas de detección. Existe también el peligro de que la sociedad pueda tener expectativas falsas de los nuevos tratamientos que la lleven a una autocomplascencia en las medidas de prevención de la infección por VIH.

Respecto a la atención médica, los sistemas de salud deben organizarse para brindar atención médica para un problema único que representa el SIDA, diferente en todo a la mayoría de los problemas que se atienden actualmente. El sistema de salud debe tener la flexibilidad de cambiar rápidamente ante el reto que significa un aumento importante en el número de enfermos con SIDA que demandan atención. Los sistemas deben organizarse para una eficiente atención ambulatoria y no hospitalaria. La atención médica de estos pacientes se ha tornado extraordinariamente compleja y por tanto debe ser proporcionada por trabajadores de la salud altamente capacitados y motivados. No debe permitirse ni fomentarse la improvisación, puesto que los recursos que se inviertan, si la capacitación médica es deficiente, serán muy probablemente desperdiciados. Se debe propiciar concentrar la atención en lugares con experiencia comprobada en la atención de enfermos, e intentar que se generen recursos por vías de investigación y desarrollo propio. Se debe desalentar la existencia de múltiples centros de atención pequeños, pues esto propiciará dispersión de recursos, y posiblemente dilución en la calidad de atención. Finalmente, se deben separar totalmente las funciones preventivas y normativas de los organismos gubernamentales de las funciones de atención médica.

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