El papel de los gobiernos en la prevención del SIDA y atención de los afectados

J.Alejandro S. López

Introducción

El hecho de que en la década de los 90’s se hayan empezado a desarrollar procesos de reforma de los sistemas de salud en varios países del mundo, tanto desarrollados como en desarrollo, es un reflejo de la creciente importancia que tiene el sector salud no solo en el bienestar físico-biológico de la población, sino de manera creciente en la economía de las diferentes naciones.

La salud es un bien que en general la población considera como un derecho, de hecho varias legislaciones y/o constituciones en diversos países así lo establecen: “El Derecho a la Salud”. Sin embargo, debido a evidencia empírica, varios economistas han considerado que la salud no es un “bien social”, es decir un bien por el cual se deba pagar con fondos públicos, sino que es un “bien privado” por el cual cada individuo debiera pagar, y no solo eso, sino que además podría ser considerado un “bien de lujo”, este último planteamiento viene del hecho de que a través de múltiples análisis en relación a economía y salud, se encuentra subyacente el hecho de que tanto a nivel de individuos como de naciones, quienes más recursos destinan a su salud, no solo en términos absolutos sino también en términos porcentuales, son los más ricos; es decir entre mayor ingreso tiene un individuo o un país, mayor es el porcentaje que de su gasto este dedica a la salud(1). Bajo este planteamiento se puede observar cómo los individuos más pobres prefieren destinar sus recursos a la adquisición de otro tipo de bienes considerados básicos, como la alimentación, la vivienda, el vestido, el transporte, la educación, etc. y marginalmente destinan recursos a la adquisición de bienes que directamente producen salud. Este hecho a nivel de individuos, también se manifiesta sistemáticamente a nivel de países, en donde los países desarrollados destinan no solo recursos per capita sustancialmente más altos que los destinados por los países en desarrollo, sino que una mayor proporción de su gasto total, en términos de su PIB o de su gasto público, lo absorbe el sector salud. Es decir, tanto individuos como naciones tienden a priorizar otro tipo de bienes cuando los recursos son escasos e incrementan la adquisición de bienes productores directos de salud cuando están en etapas de mayor desarrollo o riqueza.

¿Por qué podemos considerar a la salud como un bien social que debe ser financiado con recursos públicos?. La salud, a diferencia de otros bienes, es algo con lo que la mayoría de la población nace, es decir, bienes como la alimentación, la vivienda, el vestido, la educación, el transporte, etc. se pueden adquirir posteriormente, e incluso cada individuo tiene información suficiente de cómo adquirirlos y también de cómo perderlos. En el caso de la salud, perderla es un riesgo y no existe información suficiente para lograr conservarla durante toda la vida, cundo se pierde o el individuo se enferma, los bienes que la producen o la recuperan, como medicamentos o cirugía, no son algo que la persona hubiese querido libremente adquirir y normalmente no produce satisfacción comprar, sino que se considera un gasto que debió haberse evitado.

Es por esta razón que en general la población considera que el gobierno debe destinar recursos públicos suficientes para proteger la salud de los habitantes de un país.

Podemos decir que existen tres papeles que los gobiernos de todo el mundo asumen en diferentes grados en materia de salud: la regulación, el financiamiento y la prestación de servicios de salud.

No todos los gobiernos prestan en forma directa servicios de salud, todos ellos financian en diversos grados algunos o casi todos los servicios de salud e indudablemente todos asumen la regulación como una función propia del estado.

Con la muy notable excepción de los Estados Unidos, todos los países desarrollados (Europa Occidental, Canadá, Japón, Australia), cuentan con sistemas de salud que brindan una cobertura universal a su población y una oferta amplia y variada de servicios, el costo de estos sistemas incluyendo la gran cantidad y calidad de servicios que ofrecen, en ningún caso está por debajo de los $1,000 US dólares per capita(2). Fuera de los USA, toda la población de estos países se encuentra asegurada mediante diferentes esquemas o mecanismos, de prepago, por lo que cuentan con la seguridad de que en caso de enfermarse, encontrarán servicios accesibles que les brindarán atención.

Los procesos de reforma que se comienzan a dar en algunos de los países desarrollados, incluyen mejorar la calidad de los servicios y mecanismos que pretenden la contención de costos, en el caso de los Estados Unidos las propuestas de reforma (aún no iniciada) van en el sentido de lograr cobertura universal pero también lograr una contención de costos.

Los países en desarrollo y los considerados como de ingreso medio, entre ellos, la mayoría de América latina y el Caribe (LAC), gastan alrededor de $100 US dólares per capita en sus sistemas de salud, esto incluye tanto gasto público como privado.

Como se puede deducir inmediatamente de la comparación de cifras de LAC con las de los países desarrollados, estos recursos son muy limitados, aún cuando se aumentaran y absorbieran el 100% del gasto público total (dejando hipotéticamente en cero a otros sectores como educación, justicia, defensa, etc.), seguirían siendo insuficientes para lograr los estándares de calidad, cantidad y la cobertura que tienen los servicios en los países desarrollados.

La afrenta del SIDA.

Aún cuando de reciente aparición, el Síndrome de Inmuno Deficiencia Adquirida (SIDA), viene a ser una carga adicional para los servicios de salud de los países en desarrollo, y de hecho, este problema no es un problema de la transición, sino un problema emergente que está causando sus mayores estragos precisamente en los países en desarrollo, principalmente en los africanos, donde actualmente se concentra el mayor número de casos; es decir, ningún gobierno latinoamericano debiera considerar que este es un problema de Estados Unidos y Europa o de ciudades como Nueva York o San Francisco.

El programa de SIDA de las Naciones Unidas (ONUSIDA), ha calculado que para mediados de julio de 1996 el número de personas en el mundo que viven infectadas fue de 21.8 millones, de las cuales 20.4 millones (94%) están en los países en vías de desarrollo (3).

El hecho de que en América latina se tengan actualmente cifras relativamente bajas de casos reportados diagnosticados con SIDA, no lo debe hacer un problema de salud de segunda importancia o de prioridad secundaria. La razón es muy simple, los casos reportados son los que ya desarrollaron el síndrome, pero de acuerdo con las estimaciones de las Naciones Unidas, es precisamente en América latina donde se encuentran actualmente (julio, 1996) el mayor número de personas infectadas en este continente (ver figura 1).

Figura 1 Distribución de personas que viven con VIH/SIDA en el continente americano, de acuerdo a cálculos de las Naciones Unidas para mediados de 1996.

Por otro lado, el número de infecciones nuevas continúa en crecimiento y comienza a trasladarse hacia poblaciones más jóvenes e incrementarse el número de casos de transmisión heterosexual a una tasa mucho más rápida que la transmisión de hombre a hombre. Los actuales casos de personas que viven con el virus en América latina tardarán todavía algunos años en ser detectados y diagnosticados con SIDA.

Un mayor número de casos, no solo implicará un creciente problema epidemiológico, sino que para un país también representará un problema social, y un grave problema económico ya que una atención adecuada de las personas con SIDA representará un alto costo que impactará en los presupuestos ya de por si restringidos de los servicios de salud.

La salud como una prioridad del gobierno.

El reconocimiento de que ningún país del mundo tiene los recursos suficientes para ofrecer todos los servicios de salud a todos sus habitantes(4), y que por lo tanto es necesario establecer prioridades, es un reconocimiento de que los recursos son limitados, y esto es más notorio en los países en desarrollo.

Tal vez algunos Ministerios de Salud y de Finanzas de América latina se pregunten ¿Cómo, teniendo una alta incidencia de otros padecimientos y como principales causas de mortalidad a otras enfermedades diferentes, voy a distraer recursos para atender el problema del SIDA?.

Lo que suele suceder es que generalmente los Ministerios de Salud tienden a incorporar en el discurso a prácticamente cualquier enfermedad dentro de sus prioridades, haciendo que por lo tanto algunas de ellas se pierdan entre otras tantas. También es frecuente que los Ministerios de Salud no se percaten de los recursos limitados con los que cuenta el gobierno para hacer frente a una amplia gama de problemas sociales, dentro de los cuales está la salud; sin embargo, también es frecuente encontrar que los recursos públicos destinados a la salud se asignan a diferentes organismos públicos, seguros sociales o ministerios, no siendo raros los casos en que estos presionan desde el punto de vista político por lograr obtener un mayor proporción de los recursos destinados a la salud en perjuicio del otro, sin percatarse que el problema real es que estos recursos seguirán siendo limitados, y que lo que más conviene a un país en desarrollo es tener claramente identificadas cuáles son las verdaderas prioridades en salud y hacia dónde se deben canalizar recursos públicos, así como identificar el papel del gobierno en materia de salud y diseñar la reforma al sistema de salud requerida para que realmente se aborden estas prioridades, no solo como parte del discurso, sino reflejado en los presupuestos que se destinan a estas prioridades.

Por otro lado, los Ministerios de Finanzas de América latina normalmente no tienen clara la percepción de la importancia del sector salud y generalmente asignan los recursos tomando en cuenta solo ciertos porcentajes o topes presupuestales para cada uno de los sectores; una vez asignado el presupuesto público para la salud parecen olvidarse del problema, dando como un hecho que los Ministerios de Salud se responsabilizarán de que el recurso se utilice de la forma más eficiente posible de acuerdo a sus propios diagnósticos de salud, es decir se olvidan de que sin reformas en el sector salud es difícil que este puedan contender con enfermedades emergentes como el SIDA o enfrentar el creciente encarecimiento de los servicios médicos para atender muchas otras enfermedades. Mediante ajustes en el presupuesto ya asignado los Ministerios de Salud solo logran dejar descubiertos parcial o totalmente algunos otros problemas de salud al tratar de cubrir uno nuevo.

Con recursos tan limitados, ¿cómo puede un gobierno latinoamericano intervenir para abordar el problema del SIDA?

Cómo se señaló anteriormente, son varios los papeles que el gobierno puede asumir en materia de salud, el primero y que se ha definido como ineludible es el de regulación. Es precisamente en este papel de regulador que los gobiernos en América latina tienen una gran oportunidad para intervenir y tratar de aminorar algunos de los problemas que van asociados a la aparición del SIDA como problema de salud.

La función de regulacion y legislacion del gobierno

A diferencia de otras actividades económicas, en donde un menor papel regulador del gobierno permite que la industria, el comercio, las finanzas, etc. prosperen; en materia de salud en todos los países del mundo se considera que el estado tiene un papel como regulador de todo aquello que pueda producir daños o producir riesgos de pérdida de la salud, es decir si el estado interviene es porque existen grandes externalidades que repercuten en la salud por un lado y, por el otro, se considera que la población no tiene suficiente información para tomar las decisiones que le permitan mantenerla durante toda la vida.

En otras palabras, en el mundo todavía no se presenta un sola evidencia empírica de que dejando en libertad al mercado de la salud éste produzca beneficios a sus habitantes, gobiernos tan propensos al libre mercado, como son los propios Estados Unidos, se caracterizan por establecer fuertes regulaciones para su operación y así proteger a sus habitantes.

Regulación para evitar la discriminación y disminuir el sufrimiento de las personas que viven con VIH/SIDA. En la XI Conferencia Internacional sobre SIDA, celebrada en Vancouver, Canadá, durante el mes de julio de 1996, uno de los temas recurrentes en algunas de las presentaciones fue el hecho de que la persona que ha sido infectada con el virus del VIH, principalmente en los países en desarrollo, no solo tiene el problema de salud, sino que otro de sus grandes problemas es el del estigma y sufrimiento que esto representa, ya que en algunos sectores de la sociedad lo catalogan más como un problema moral y no de salud; aunado esto a que los grupos que suelen padecerlo en mayor medida son tradicionalmente marginados o rechazados por prejuicios morales que en países como Canadá, Dinamarca, Holanda, Suecia y en alguna medida en el resto de los países desarrollados ya han sido superados. También, la persona infectada por el virus se enfrenta en muchas ocasiones a la disminución de oportunidades o pérdida del trabajo por el solo hecho de resultar positivo a una prueba del VIH.

Legislar para proteger el empleo. Afortunadamente, actualmente se conocen claramente cuáles son los mecanismos de transmisión del virus del SIDA: A) a través del semen en contacto directo con una mucosa o herida, B) a través de la sangre (mediante transfusiones o agujas infectadas), y C) a través de la vía transplacentaria (embarazada al feto). Es decir, ya que en ningún caso una actividad laboral implica estos riesgos, el gobierno debe proteger el empleo de los infectados, estableciendo explícitamente la prohibición de privar del empleo a una persona por el simple hecho de ser portador del virus.

Independientemente de la implicación moral, ética y económica que para la familia y el individuo infectado representa el hecho de perder el empleo; el punto es que ya se tiene el conocimiento para poder asegurar que el VIH no se transmite por un saludo, por un abrazo, por un estornudo, ni por el aire, ni por mosquitos, ni por utilizar el mismo escritorio, lápiz o herramienta de trabajo, ni por platicar con una persona infectada. Es decir, si todas estas vías están canceladas como posibles fuetes de contagio, ¿cuál podría ser el argumento para privar a una persona de su fuente de ingreso?.

La experiencia acumulada en estos años desde la aparición del SIDA, principalmente en los países de América latina, demuestra que, para ciertas circunstancias, no es suficiente que la ley no contemple el que se despida a una persona por este hecho, la reglamentación necesita ser clara en estos casos, es decir, es necesario prohibir explícitamente que se prive a una persona de su fuente de empleo por el simple hecho de haber resultado positiva al VIH. Por otro lado, se sabe que una persona infectada se puede encontrar con toda su potencialidad para seguir desarrollando las tareas y trabajos que tenía antes de la infección, la sintomatología del síndrome no se presenta sino varios años después, y aún después de desarrollar el cuadro, es posible que con los medicamentos adecuados, estas personas sigan trabajando normalmente.

Legislar para evitar la discriminación social. Las personas que viven con VIH/SIDA no solo enfrentan problemas a nivel laboral para retener el empleo, sino que en muchas ocasiones son también discriminados en su participación en otros ámbitos sociales como son las escuelas y colegios, clubes sociales, iglesias, etc. es decir, al igual que en el empleo, no existe razón para que se discrimine y se excluya de su participación a una persona que ha resultado VIH positiva. La reglamentación o legislación que prohíba explícitamente este tipo de actos debe estar disponible para que las personas puedan utilizarla como instrumento para defenderse en caso necesario.

Los Exámenes de VIH obligatorios. Fuera de la detección obligatoria de paquetes de sangre que se van a transfundir, el gobierno debe vigilar que en los casos en que las empresas lleguen a realizar este tipo de exámenes, asuman el compromiso de proveer atención médica, incluyendo medicamentos, a quien resulte positivo entre sus empleados, es decir el hecho de querer saber si sus empleados son VIH positivos o no, debe tener una razón y esta puede ser comprometerse a proporcionar la atención médica requerida sin costo para el empleado.

Este tipo de legislaciones que protejan al individuo de la discriminación social y laboral permitiría a los gobiernos de América latina y el Caribe, ser consecuentes con la declaración Cumbre de París sobre el SIDA (ver recuadro con texto de la declaración), que entre otras cosas establece el compromiso de los gobiernos a “ Promover y proteger los derechos de los individuos, especialmente de las personas que viven con VIH/SIDA”(5). Esta declaración fue firmada por los representantes de los gobiernos de 42 países; del bloque latinoamericano y del Caribe lo hicieron los gobiernos de Argentina, Bahamas, Brasil y México. A pesar de que esta declaración fue promovida por la Organización Mundial de la Salud, la mayoría de los países de América latina y el Caribe aún no la han firmado, por lo que se requiere que los ministerios de salud del resto de los países la presenten a consideración de sus respectivos congresos o instancias correspondientes, para que obtengan la autorización de hacerlo, y así se sumen formalmente a este esfuerzo internacional. Por otro lado, de los países que ya firmaron, desafortunadamente fuera de sus ministerios de salud, y de las Organizaciones No Gubernamentales con trabajo en SIDA, nadie más conoce la declaración.

DECLARACION CUMBRE DE PARIS SOBRE EL SIDA (Resumen)

Nosotros los Jefes de Gobierno o Representantes de los 42 Estados reunidos en París el 1 de Diciembre de 1994

l CONSCIENTES. De que la pandemia del SIDA constituye una amenaza para toda la humanidad, de que su propagación afecta a todas la sociedades, de que dicha pandemia obstaculiza el desarrollo económico y social, de que la pobreza y la discriminación son factores que contribuyen a su propagación, de que no solo causa sufrimiento físico y moral, sino que a menudo se utiliza para justificar graves violaciones de los derechos humanos

II AFIRMAMOS SOLEMNEMENTE. Nuestro deber, en calidad de responsables políticos, de conceder prioridad a la lucha contra el VIH/SIDA, nuestra determinación de velar por que todas las personas que viven con el VIH/SIDA puedan ejercer plenamente y en pie de total igualdad sus derechos y libertades fundamentales, sin distinción alguna y en toda circunstancia.

III NOS COMPROMETEMOS EN NUESTRAS POLITICAS NACIONALES A: Proteger y promover, mediante el entorno jurídico y social, los derechos de las personas, en particular de las que viven con el VIH/SIDA o están mas expuestas a la infección. Facilitar los recursos necesarios para combatir mejor la pandemia, en particular asegurando un apoyo suficiente a las personas con VIH/SIDA, a las organizaciones no gubernamentales y a los movimientos asociativos que trabajan con las poblaciones vulnerables

Un buen momento para difundir la declaración de París sobre el SIDA, hacia otros ministerios como educación, trabajo, defensa, etc. o hacia organismos sociales, obreros, empresariales y los medios masivos de comunicación, se presenta cada 1ro. de diciembre, día mundial del SIDA, es un día que puede aprovechar muy bien el ministerio de salud, ya que existe interés general sobre el tema y por lo tanto se puede lograr que al menos esta se lea o escuche, y esto, es un buen principio. El Ministerio de Salud, dentro de sus atribuciones, puede enviar comunicados oficiales a otros ministerios dentro del gobierno, e incluso a oficinas dentro de estos mismos ministerios, para hacerles participes de los compromisos internacionales adquiridos por el gobierno central en materia de salud.

En muchos casos, pero principalmente en el caso del VIH/SIDA, los compromisos internacionales no pueden ser cumplidos únicamente por el sector salud, sino que es necesaria la participación de otros sectores, sin embargo, estos harán poco si en primer lugar no conocen la existencia de los mismos. A los ministerios que se sugiere que el Ministerio de Salud envíe una copia de la declaración y les haga saber la necesidad de cumplirla y hacerla cumplir es a los de: Educación, Trabajo, Justicia, Defensa, Comunicaciones, a las Comisiones de Derechos Humanos, así como a las autoridades locales, regionales, estatales y/o provinciales, y por supuesto a organismos públicos y privados del área de la salud.

En muchas ocasiones, para las entidades y dependencias gubernamentales, no es suficiente que una declaración se publique en la prensa, empiezan a desarrollar las acciones cuando tienen un comunicado oficial por escrito. Es por esto que la difusión a través de los medios masivos de los compromisos y acciones a desarrollar no es suficiente, sino que es necesario elaborar y enviar esta comunicaciones adicionales.

Regulación de los seguros de vida y de salud privados. Si bien es cierto que la razón de existir de los seguros privado es el tener la posibilidad de asegurar también a las personas de bajo riesgo y con pocas probabilidades de enfermar o morir; es decir a las personas que van a pagar y no utilizarán los servicios, en muchas ocasiones estos seguros discriminan específicamente a los personas que sean VIH positivas, aún cuando el virus lo hayan adquirido durante la vigencia de la póliza. En algunas ocasiones empresas bancarias, que ofrecen seguros de vida a sus ahorradores, especifican en su póliza que la única razón para excluir a la persona de los beneficios del seguro es el hecho que muera por SIDA(6). La regulación debe tender a evitar este tipo de discriminación, ya que si en el proceso de reforma de los sistemas de salud y de pensiones en América latina, se les empieza a abrir más el campo a los seguros privados, el estado debe garantizar que no se inicien mecanismos de exclusión social por razones ajenas a la simple operación del mercado de los seguros.

La función del gobierno en el financiamiento de la Salud Pública

Financiamiento Público de Medidas para Prevenir el VIH/SIDA. Las medidas para prevenir la enfermedad por VIH/SIDA, son recomendables por tener un alto índice costo/beneficio, el gobierno de un país puede tener la certeza de que será un recurso público que estará siendo bien utilizado al promover estrategias que ya han demostrado ser altamente efectivas para disminuir la tasa de incidencia, tal como ha sucedido en varios países del mundo.

Dentro de las reformas de los sistemas de salud en los países de América latina y el Caribe, se ha iniciado un proceso de concientización respecto a que los recursos para la salud son limitados y que por lo tanto una alternativa para la mejor utilización de los recursos públicos es identificar y promover de forma decidida todas aquellas intervenciones que logren provocar altos impactos positivos en los indicadores de salud, esto a su vez, permitirá hacer grandes ahorros en el futuro, ya que según algunos estudios de costos de atención adecuada a un paciente con SIDA, entre ellos uno realizado en Chile(7) en 4 hospitales públicos, calcularon costos directos, concluyendo que la atención, incluso medicamentos, tiene un costo de más de US $4,100 dólares anuales por paciente una vez diagnosticado con SIDA.

Las campañas en medios masivos de comunicación son alternativas que el gobierno tiene para concientizar en una primera instancia a la población sobre la magnitud del problema, las medidas preventivas en existencia, los mecanismos de transmisión, los lugares y teléfonos para información más detallada sobre el problema, y de manera significativa para poder transmitir mensajes sobre la necesidad de evitar la discriminación y maltrato de las personas que viven con el VIH/SIDA.

La función del gobierno y los lugares de reunión gay

En ninguna parte del mundo se ha demostrado que el cerrar lugares de reunión gay sea una medida que disminuya la práctica o la población homosexual. En el caso del VIH/SIDA, esta es incluso una medida contraproducente, ya que disminuye la posibilidad de lograr un alto impacto de medidas preventivas. Difícilmente el gobierno podrá acceder a estos grupos que siguen siendo los de m 1 s alto riesgo en Latinoamérica. Es también en estos lugares en donde es relativamente mas sencillo acceder a la población bisexual, la cual podría ser una de las fuentes principales de transmisión de la enfermedad a las mujeres y a la población heterosexual en general. Las ONGs ven facilitada su labor a través del trabajo con personas de alto riesgo contactadas en lugares de socialización, esparcimiento y diversión frecuentados por gente gay. No es pues una política recomendable para un gobierno el permitir la extorsión o que se dificulte la operación de estos lugares, ni promover el cierre o dificultar la apertura de estos lugares, sino que deben ser tratados de la misma forma en que se reglamenta a los lugares similares de reunión para la población general. Una de las peores políticas para prevenir el SIDA, es el fomentar que la población de mas alto riesgo no tenga acceso a lugares donde libremente y sin estigma o presión social puedan enterarse, consultar y obtener información más detallada sobre prácticas y alternativas para prevenir la enfermedad.

Los medios masivos de comunicación y estrategias alternativas. Normalmente han sido los Ministerios de Salud y/o sus respectivos Consejos Nacionales contra el SIDA los encargados de desarrollar programas con mensajes preventivos para el público en general, sin embargo, aún cuando en varios países se han hecho grandes esfuerzos con estrategias de 'marketing', para evaluar el posible impacto del mensaje, se han topado con la autocensura impuesta por los medios masivos de comunicación privados (normalmente los de mayor audiencia), que consideran que ciertas imágenes, palabras(8,9), u horarios no son adecuados a sus políticas de información, o podrían ser objetados por su audiencia. Esta serie de problemas, que se llegan a enfrentar como barreras para hacer llegar información suficiente y adecuada al público, pueden ser superadas por los Ministerios de Salud a través de diversos mecanismos como: 1) En un caso extremo aducir que es una prioridad de Estado el enviar a la población ese mensaje y obligar al medio a transmitirlo; 2) Elaborar conjuntamente los mensajes con el medio de comunicación en cuestión(10), 3) Utilizar otros medios (otros canales de TV, otras estaciones de radio, otros periódicos o revistas); 4) ayuda o difundirlo a través de carteles en la vía pública; 5) Producirlos y difundirlos con la a través de organizaciones no gubernamentales o grupos de interés, como se ha logrado hacer en algunos casos en México(11), estos organismos tal vez no lograrán difundir masivamente el mensaje en cuestión, pero seguramente serán más efectivos en hacerlos llegar precisamente a las personas con prácticas riesgo. Una reforma a los sistemas de salud en América latina debe contemplar que los ministerios de salud tengan atribuciones suficientes para optar por cualquiera de estas alternativas en aras del interés de la salud pública de un país.

La incorporación de las organizaciones no gubernamentales en el trabajo contra el SIDA. En muchos países, las ONGs y grupos de interés han demostrado ser mucho más efectivos que el gobierno en hacer llegar mensajes educativos y medidas preventivas a las personas con prácticas de riesgo(12). Algunos logros de este tipo se pueden ilustrar con diferentes estudios y casos de grupos y proyectos que en América latina y el Caribe ya están realizando este tipo de acciones, por ejemplo, en la Ciudad de Guatemala(13), en donde dos asociaciones llamadas: Talleres Holísticos y la Casa de la Cultura para Gays/ Bisexuales y Lesbianas ha logrado a través de la organización de eventos culturales, grupos de discusión, y actividades de entretenimiento, influir en los hábitos y costumbres de alto riesgo en este tipo de grupos, los cuales son difíciles de acceder a través de mecanismos gubernamentales directos.

En el contexto de la reforma de los sistemas de salud en América latina y el Caribe, las ONGs deben ser vistas como alternativas viables en la difusión, educación y atención de la salud, particularmente en el caso del SIDA. Es decir, los ministerios de salud no las deben considerar como competencia sino todo lo contrario; la experiencia, desde la aparición del primer caso de SIDA en el mundo, demuestra que este tipo de organizaciones no solo logran llegar a los grupos anteriormente mencionados, a los cuales por sus características sociales de marginación social, los gobiernos difícilmente acceden (ver recuadro). El gobierno debe adoptar como papel incentivar que estos organismos participen mediante subsidios o apoyos dirigidos a promover actividades de prevención del SIDA o a promover y asesorar para resguardar los derechos de las personas que viven con VIH/SIDA, tal como ya sucede en varios países de América latina, entre ellos Venezuela(14), donde la acción de estos grupos brinda asistencia legal en casos de personas que resultan VIH positivas y que enfrentan amenazas de despido por parte de algunas empresas que decidieron realizar exámenes a sus empleados, este mismo organismo no gubernamental ha ayudado a promover la Declaración de París sobre el SIDA, logrando que el Presidente de la República la reconozca.

La política de dotación de condones a personas con prácticas de riesgo. Esta política ha demostrado ser efectiva para prevenir el SIDA , en etapas iniciales cuando se intenta promover el uso del condón entre la población considerada de alto riesgo, se requiere de una etapa de 'marketing' donde no solo se promueva su utilización como medida preventiva, sino que se tiene que insistir en que su uso no interfiere con el disfrutar del acto sexual, lo cual es a veces una de las razones o barreras principales para no utilizarlo, a pesar del riesgo. La promoción del uso del condón entre grupos de jóvenes lleva también aparejado ventajas adicionales en materia planificación familiar.

Muchos países han incluido dentro de sus programas nacionales prioritarios de planificación familiar o de salud reproductiva, la dotación de condones, sin embargo, aunque deberá continuar, esta política no es suficiente, ya que es necesario recordar que el grupo que sigue siendo el de mayor riesgo (hombres homosexuales), normalmente no demandará los servicios de planificación familiar, ni de salud reproductiva. Es decir, la distribución focalizada de condones a personas con prácticas de riesgo, a través de organizaciones no gubernamentales, debe ser una política complementaria y necesaria como adicional, que no se puede sustituir con programas de planificación familiar o de salud reproductiva.

En la promoción del condón, se sugiere que los gobiernos aprovechen a las compañías fabricantes de condones, como co-promotoras del uso del condón, ya que una vez que la población se ha concientizado de las ventajas de su uso, el gobierno deberá focalizar la entrega gratuita de estos a personas con prácticas de riesgo pero de escasos recursos, que por razones económicas difícilmente los adquieren, y dejar paulatinamente en manos del mercado (fabricantes y distribuidores privados de condones), para que sean ellos quienes satisfagan la demanda de este producto en los estratos sociales más altos, los cuales una vez convencidos de las bondades del producto, han demostrado estar dispuestos a pagar por ellos.

La alternativa que una vez más tiene el gobierno para acceder a personas con prácticas de riesgo y de ingresos bajos es nuevamente a través de las ONG’s, pero principalmente aquellas que tienen enfocadas sus acciones al trabajo con población de escasos recursos.

Ganancias adicionales con la promoción del uso del condón. Anteriormente se mencionaron las ventajas en materia de planificación familiar, sin embargo, esa no es la única ganancia adicional, las campañas masivas llevadas a cabo en Tailandia y en Zaire, pero también un proyecto focalizado a trabajadoras del sexo en La Paz, Bolivia(15), han demostrado que estas campañas aun cuando son dirigidas a prevenir el VIH/SIDA obtienen como producto adicional un decremento significativo en las tasas de prevalencia de otras enfermedades de transmisión sexual como la sífilis, la gonorrea y las úlceras genitales, además de mantener bajo control el crecimiento de las tasas de infección por VIH.

Finalmente sobre este asunto, el gobierno central debe revisar las reglamentaciones en vigor, muchas veces establecidas por los niveles locales (estados, provincias o alcaldías), con el fin de evitar que interfieran u obstaculicen la promoción del condón. Es necesario recordarles a estos niveles de gobierno, que mantener a la población ignorante sobre las medidas efectivas para prevenir el SIDA incrementa en ellas el riesgo de adquirirlo.

Los procesos de descentralización de los sistemas de salud que se están dando en muchos de los países de América latina, deben tomar en cuenta todos estos hechos, y reservarse el derecho de supervisar y fiscalizar que las medidas establecidas como una prioridad nacional, es decir, prevenir el VIH/SIDA, se desarrollen en todos los sentidos y en todos los lugares, ya que el hecho de que se trate de una enfermedad de tipo infeccioso, la hace susceptible de ser diseminada sin importar límites geográficos o divisiones políticas, y de ser transportada a lugares remotos siguiendo flujos migratorios(16).

¿Se deben realizar campañas de prevención del SIDA en áreas rurales marginadas?. En muchos países, los gobiernos tienen la idea de que el problema del VIH/SIDA es básicamente urbano, y lo sustentan en el hecho de que las estadísticas muestran que la mayoría de los casos se presentan en las grandes metrópolis; sin embargo, también es necesario que reconozcan una vez más los siguientes hechos: el número de casos registrados por las estadísticas se refiere al número de casos reportados con diagnóstico de SIDA, es decir, con síntomas ya desarrollados, por lo tanto eso no corresponde al número y distribución de los infectados; por otro lado, de acuerdo a reportes de varios países, las tasas más rápidas de crecimiento de nuevos casos se están presentando en la población de menores recursos y de menor grado educativo, esto se debe tener en cuenta puesto que la población rural de América latina y el Caribe, es por mucho la de menores recursos, menor escolaridad y mayor grado de analfabetismo. Otro hecho es que muchas de las comunidades rurales en América latina y el Caribe son más parecidas al África SubSahara que a las mismas áreas urbanas de sus respectivos países, es decir, sus características socioeconómicas las hacen igual de vulnerables que las comunidades del continente más afectado por la epidemia; y finalmente se da el hecho de los procesos migratorios de ida y retorno (temporales) de campesinos e indígenas, que por razones económicas se ven en la necesidad de migrar a las grandes urbes o incluso a países y regiones con tasas de prevalencia más altas, como parece ser el caso de los migrantes temporales mexicanos al país del norte, esta deducción se realiza ya que el 25% de los casos de SIDA en México tienen el antecedente de haber tenido períodos de estancias prolongadas en los Estados Unidos(17).

La ignorancia sobre la alternativas para evitar la infección, los hace más propensos a diseminar la enfermedad una vez que regresan a sus comunidades. Es pues una política que no tiene fundamento creer que las campañas y medidas para prevenir el VIH/SIDA no son necesarias en las áreas rurales. Lo que seguramente es necesario, es adaptar estas campañas y medidas de acuerdo a las tradiciones y costumbres, sobre todo de poblaciones indígenas, con lo cual se busca que sean realmente efectivas y se absorban como parte de los hábitos positivos de sus culturas.

En estos casos, el ministerio de salud puede auxiliarse de organismos gubernamentales o no gubernamentales que tengan experiencia en el trabajo con estas comunidades, de tal forma que los mensajes no solo puedan ser traducidos a los diferentes dialectos sino que además puedan enriquecerse con ejemplos locales que sean realmente comprendidos por estas poblaciones.

La prestación de servicios de salud, ¿función del gobierno?

En diferentes países la prestación de servicios de salud no necesariamente la realiza el gobierno, de hecho en los diferentes procesos de reforma de los sistemas de salud en América latina y el Caribe, se ha estado cuestionando si el gobierno es realmente un prestador eficiente de servicios de salud. Prácticamente nadie discute el papel regulador del gobierno; en cuanto al financiamiento se discute qué intervenciones se deben beneficiar en mayor o menor medida, pero la prestación directa del servicio ha sido altamente cuestionada, ya que los resultados muestran que el gobierno como operador directo de los servicios no es muy eficiente en términos de costo/beneficio y/o en términos de calidad del servicio, cuando se le compara con servicios de salud similares tanto de origen privado como de instituciones sin fines de lucro que operan tanto en ámbitos urbanos como rurales.

Pero, independientemente de quién preste el servicio, el asunto en LAC es quién debe pagar los costos de atención. La atención médica del paciente con SIDA, es algo que se presta con menor o mayor medida en cada uno de los países de América latina y el Caribe, tanto por organismos públicos, privados como por los no lucrativos.

Con los actuales costos de los medicamentos antirretrovirales, obtenerlos mediante pagos de bolsillo, es solo para personas de altos ingresos de los países LAC, es decir podríamos pensar que solo entre un 10 y 15% de los pacientes tendrían esa posibilidad.

En el caso de los seguros médicos privados, solo que no hayan establecido cláusulas de exclusión para pacientes con SIDA, podríamos decir que sus costos de atención estarán cubiertos, sin embargo, los seguros médicos privados tienden a cubrir un bajo porcentaje de la población en LAC, y aunque están aumentando su cobertura, en realidad como se mencionó anteriormente, suelen establecer estas cláusulas de exclusión, a menos que sean regulados. Por otro lado, normalmente cubren a un sector de la población que de cualquier forma tendría posibilidades de pagar por su cuenta el tratamiento, aún cuando sin el seguro, esto repercutiría en su nivel de vida.

La parte más importante del costo del paciente con SIDA la constituye el medicamento, los esquemas combinados son los que parecen estar dando mejores resultados, estos se basan en tratamiento con AZT como el medicamento base. El precio de cada uno de los fármacos suele ser muy elevado, pues de acuerdo con las compañías farmacéuticas, tienen que recuperar no solo los costos de producción, sino también todo lo que invirtieron en la investigación previa para llevar el producto al mercado, por lo tanto, no se cree que los precios disminuyan en el corto plazo, a menos que la salida de más y nuevos medicamentos obligue a las propias compañías a bajarlos debido a la competencia.

Actualmente algunos países de LAC, proporcionan todos los fármacos, incluyendo combinaciones de dos antirretrovirales, así como la atención ambulatoria y hospitalaria requerida a todos los pacientes diagnosticados con SIDA (caso Chile), en algunos otros países esta misma atención se les proporciona a todos los pacientes, siempre y cuando estén incorporados a un régimen de seguridad social.

Se estima que a medida que aumente el número de casos, tanto unos como otros se verán en problemas presupuestales para poder absorber los costos de dicha atención. Existen algunas alternativas para disminuir los costos de atención, una es mediante el convencimiento a médicos y hospitales tanto públicos como privados o no lucrativos, de la necesidad de que empiecen en la medida de lo posible a adoptar esquemas de manejo ambulatorio del paciente con SIDA, esto se puede lograr en parte si cuentan con la colaboración de la familia y/o con la participación de la pareja del enfermo.

Para obtener la ayuda de la pareja del enfermo, debe el personal de salud deshacerse de prejuicios morales/sociales, ya que en un gran número de los casos tendrán que platicar y aconsejar a la pareja de una persona gay, a quien deberán tratar como parte de la familia del enfermo.

Una parte fundamental en los esquemas ambulatorios de manejo es la información y capacitación al enfermo, a su familia y/o a su pareja y/o a sus amigos, con la finalidad de que sepan brindarle los cuidados necesarios, así como detectar signos y síntomas de alarma, y que puedan estar completamente informados de que los riesgos que corren por infectarse en el trato cotidiano son mínimos, pero también de las medidas higiénicas y preventivas necesarias, sobre todo en el caso de manejo de sangre y agujas. El hospital y el médico, al tratar con la familia o pareja del paciente, deben estar conscientes de que al capacitarlos, no solo están ayudando a la reducción de costos de atención, que son tan necesarios para los sistemas de salud de LAC, sino que estarán tratando de que la persona con VIH/SIDA lleve una mejor calidad de vida.

El grave problema es el de aquellos pacientes de escasos recursos que no están cubiertos por ningún tipo de seguro, ni privado ni por la seguridad social y viven en países donde los costos de su atención no serán cubiertos con fondos públicos. En estos casos se trata de personas que deberán recurrir a esquemas de atención caritativos, o entrar en protocolos de investigación los cuales normalmente proporcionan gratuitamente los medicamentos bajo estudio.

Desafortunadamente, existen pocas alternativas para este tipo de pacientes, por lo que los gobiernos que no cubran estos costos de atención deben propiciar y alentar la ayuda internacional y canalizarla para el tratamiento de estos casos. Otra alternativa es permitir el trabajo de ONG’s que brindan atención médica mediante trabajo voluntario y que en muchas ocasiones tienen la oportunidad de reciclar a precios más bajos que en el mercado aquellos medicamentos que quedaron de pacientes que fallecieron. También es más probable que estas organizaciones reciban donativos y legados de familias que han tenido o tienen familiares con SIDA. En LAC y en general en el mundo pareciera que algunas personas prefieren dejar este tipo de donativos a estos organismos y no al gobierno. Algunas agencias internacionales de ayuda también prefieren canalizar sus apoyos en esta forma. Es, pues, menester que el gobierno facilite que esto suceda.

Para contestar a la pregunta de si todo el tratamiento debe ser financiado con recursos públicos, muchas veces se olvida el hecho de que a pesar de su alto costo, no es la enfermedad más costosa, que aún existen algunas cuyo tratamiento es aún más costoso, por lo que los gobiernos, antes de eliminar recursos para la atención del paciente con SIDA, deben preguntarse si están utilizando parámetros estándares para todas las otras enfermedades, si acaso ya realizaron estudios costo/beneficio que les señalen que el tratamiento del SIDA tiene un índice costo/beneficio más bajo que el tratamiento de algunas otras enfermedades como cáncer gástrico, transplantes de hígado, algunos procedimientos para pacientes con problemas cardíacos, etc. Es decir, desafortunadamente los países de LAC, aún no cuentan con recursos suficientes para financiar con recursos públicos todos sus problemas de salud a un nivel de acceso y calidad similares a los de los países europeos, por lo tanto en sus procesos de reforma, se están viendo en la necesidad de priorizar el financiamiento público de ciertas intervenciones sobre otras y cubrir el 100% del costo de servicios básicos para la atención de poblaciones de bajos ingresos.

Desregulación de la entrada de nuevos medicamentos contra el VIH/SIDA a los mercados nacionales. Una intervención adicional que pueden realizar los gobiernos de LAC, es el permitir que los medicamentos que ya han sido aprobados para su uso comercial en países como los Estados Unidos y Canadá, es decir que ya pasaron una serie de estudios, requerimientos y controles estrictos sobre la seguridad de su uso, entren libremente a los mercados nacionales, ya que el gobierno al restringir o prohibir su entrada provoca que aquel sector de la población que puede pagar por ellos, los consiga de cualquier forma en el mercado negro o realizando costosos viajes a estos países para adquirirlos directamente, mermando aún más la economía de la persona que vive con VIH/SIDA y la de su familia.

Conclusiones

Como se pudo analizar a lo largo del presente artículo, no tener recursos financieros suficientes para brindar una atención médica adecuada y 100% cubierta con recursos públicos no significa que los gobiernos de LAC no estén en posibilidades de realizar una gran cantidad de actividades paralelas que tiendan a aminorar el sufrimiento de las personas que viven con VIH/SIDA y disminuir las tasas de crecimiento del número de casos.

El papel del gobierno como regulador/legislador es fundamental para que esta epidemia que tantos estragos socioeconómicos empieza a causar en los países en desarrollo, sea con menor grado de sufrimiento para aquellos que la padecen, pero especialmente para aquellas personas con prácticas de riesgo , que tradicionalmente han estado marginadas de los programas sociales de apoyo.

La prevención del VIH/SIDA ha demostrado ser una medida de alto índice costo/efectividad, por lo tanto es deseable que los países de LAC, incrementen los recursos públicos destinados a este fin, ya que permitir que la epidemia siga creciendo con las actuales tasas llevará a que los sistemas de salud de estos países se vean completamente rebasados en su capacidad física y económica de respuesta en el mediano plazo.

Tomando en cuenta el número de infectados por VIH/SIDA en LAC, estimados por las Naciones Unidas, algunos de los países empezarán a sentir las consecuencias en un tiempo más corto por lo que deberán empezar a establecer las previsiones legales en sus sistemas de salud, para permitir que la ayuda internacional para la atención del paciente con SIDA, sea más fluida y tope con menos trabas.

Promover la solidaridad social y comunitaria para la atención de estos enfermos es otra alternativa que el gobierno debe impulsar, aunque canalizándola preferentemente a través de las ONG’s, que demuestren interés, capacidad y honestidad para el mejor uso de estos recursos.

Los países de LAC, en los procesos de reforma de sus sistemas de salud, debreán tener clara la idea de que aún cuando los recursos para la salud siempre serán insuficientes, existen alternativas que se pueden desarrollar mediante acciones que van más alla de la atención médica directa, pero que seguirá siendo responsabilidad de los Ministerios de Salud vigilar y promover que éstas se lleven a cabo, ya que esto finalmente redundará en un desahogo para sus servicios de salud.

Finalmente, en materia de atención médica, es necesario establecer que aquellos protocolos de atención del paciente con SIDA que empiecen a demostrar un alto índice costo/efectividad, sean rapidamente incorporados a los esquemas de tratamiento en los hospitales, como ejemplo se puede mencionar la atención con AZT y operación cesárea a la mujer embarazada VIH positiva, lo cual disminuye significativamente el riesgo de transmisión del virus al niño(18).

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