Implicaciones económicas de la epidemia del VIH/SIDA
y racionalidad económica para la prevención
Enrique González
Introducción
Cuando el SIDA
hizo su aparición a principios de los ochenta, se consideró principalmente
como un problema de salud pública, y debido a que la infección del
virus VIH era asociada a determinadas prácticas sexuales, en algunos
países se presentaba el dilema de considerar al SIDA como una cuestión
de ética y moral o de salud pública. Claramente, la discusión de ese
dilema desviaba la atención de los puntos centrales del problema,
y actualmente además de ser un problema de salud pública, el SIDA
se ha convertido en una preocupación para el desarrollo económico.
Con 26 millones
de infecciones proyectadas para fines de siglo(1), la epidemia de
VIH/SIDA es una preocupación prioritaria para la comunidad mundial.
Las dimensiones de la epidemia están cambiando dramáticamente, y la
necesidad de cuidado de largo plazo y prevención, especialmente para
la creciente población de jóvenes y mujeres infectados, está conduciendo
a nuevos enfoques a la epidemia, actualmente un problema tanto de
salud pública como de desarrollo.
En este ensayo
analizamos, en la siguiente sección, el impacto -actual y potencial-
de la epidemia de VIH/SIDA en el desarrollo económico. Se pone énfasis
especial al hecho de que actualmente la epidemia está concentrada
en adultos en sus años más productivos, y que parece estarse desplazando
a los adolescentes, lo que implicaría una concentración en este grupo
en el futuro. Los extraordinarios costos del tratamiento de pacientes
con VIH/SIDA y las pérdidas debidas a la epidemia se analizan en otra
sección, ya que este es un tópico que merece una discusión amplia.
Posteriormente
se trata de la importancia de dedicar más recursos, y utilizarlos
de manera más efectiva, a esfuerzos de prevención. Esto es particularmente
importante para los países latinoamericanos, y en general para las
naciones en desarrollo, ya que un país no tiene que ser rico para
ser exitoso en cuanto a prevención. Por último, se presentan la conclusiones
del trabajo.
Impacto del
VIH/SIDA en el desarrollo
El producto
per cápita es afectado adversamente
En el largo plazo,
la productividad (la producción por trabajador) es casi todo lo que
importa para el desarrollo económico. La capacidad de un país para
mejorar su estándar de vida a través del tiempo depende casi por completo
en su habilidad para elevar su producto por trabajador. Para ser justos,
y como una cuestión de pura aritmética y al menos en una economía
cerrada(I), existen tres formas de elevar el consumo per cápita de
un país:
a) Aumentar la
productividad, de tal manera que cada trabajador produzca más.
b) Poniendo una
mayor proporción de la población a trabajar.
c) Dedicando una
porción más pequeña del producto del país a la inversión, y destinar
una mayor parte de la capacidad productiva del país a manufacturar
bienes para el consumo presente.
De hecho, el SIDA
afecta las tres formas que pueden aumentar el consumo per cápita de
un país, y los siguientes argumentos pueden contribuir a reforzar
la denominación de la economía como la “ciencia lúgubre”.
Primero, el SIDA afecta la productividad porque siendo una enfermedad,
implica menos días de trabajo, menores oportunidades de obtener empleos
mejor remunerados y vidas de trabajo más cortas(II).
Además, los trabajadores
más saludables son mejor remunerados porque son más productivos. Es
importante destacar que cuando el SIDA ataca, la producción y las
ganancias perdidas de un individuo a menudo no son detectadas en las
estadísticas económicas, ya que son simplemente trasladadas a la familia.
Esto es porque en muchos países en desarrollo es muy poco común el
seguro de desempleo (o de incapacidad), y los miembros más saludables
de la familia trabajan más duro o durante más tiempo para compensar
la pérdida de ingreso familiar. Cabe mencionar que los efectos de
perder a un adulto debido al SIDA persisten en la siguiente generación,
ya que los niños son a menudo retirados de las escuelas para ayudar
con los gastos familiares.
Conviene destacar
que el SIDA tiene una prevalencia mucho menor en los países en desarrollo
que enfermedades tales como la malaria, pero su impacto económico
por caso es mayor por dos razones:
1. Afecta principalmente
a adultos en sus años más productivos. El SIDA, al afectar principalmente
a personas en sus años de adulto económicamente más productivos, tiene
efectos económicos negativos poderosos sobre las familias, las empresas
y los países. Por ejemplo, en América latina, alrededor del 90 por
ciento de los casos de VIH/SIDA están concentrados en hombres y mujeres
-principalmente en los primeros- en edades entre 25 y 45 años. Asimismo,
dado que muchas de las víctimas del SIDA son el padre y/o la madre
(jefes de familia), la enfermedad destruye a las familias.
2. Las infecciones
que resultan del VIH/SIDA conducen a una fuerte demanda de tratamientos
caros. En los países altamente infectados, la carga de casos costosos
de infecciones oportunistas relacionadas al SIDA afectan considerablemente
sus sistemas de salud. Si la epidemia del VIH/SIDA continua sin control
adecuado, la demanda acelerada de cuidados de salud de los pacientes
de SIDA desplazarán las necesidades de otros pacientes. La sección
siguiente analiza con más detalle los costos del VIH/SIDA.
En relación al
siguiente inciso (poniendo una mayor proporción de la población a
trabajar), esta es una buena oportunidad para desacreditar el argumento
en el sentido de que, en los países en desarrollo, caracterizados
por tener abundancia de mano de obra barata y elevado desempleo, el
SIDA no constituye realmente un problema porque los trabajadores enfermos
o fallecidos serán reemplazados por personas desempleadas y deseosas
de trabajar. Este argumento puede ser válido mientras existan suficientes
personas desempleadas y deseosas de trabajar para reemplazar a los
que ya no pueden trabajar debido al SIDA, pero aún en los países con
las tasas de desempleo más elevadas, el “ejército de reserva”
eventualmente desaparecerá en presencia de una enfermedad para la
cual no existe cura, como es el caso del SIDA.
En presencia de
una enfermedad como el SIDA, el pleno empleo sería finalmente alcanzado.
¿Qué seguiría? Si una cura continúa siendo evasiva (o aun si una cura
estuviera disponible pero prohibitivamente costosa para los países
en desarrollo, como sería muy posiblemente el caso de una cura del
SIDA), y si los casos de SIDA crecen -como pueden potencialmente hacerlo-
más rápido que la fuerza de trabajo, entonces la producción será negativamente
afectada, ya que la fuerza laboral en la economía en pleno empleo
comenzará a declinar, con consecuencias adversas sobre el bienestar
social.
En un estudio
sobre costos del SIDA en El Salvador, Nicaragua y Guatemala(2) se
encontró que un empleado con SIDA es activo en la fuerza de trabajo
durante solamente 10 años, comparado con 25 y 30 años para el caso
de un trabajador centroamericano promedio, lo que sugiere una disminución
de 60 a 70 por ciento en la vida productiva de un trabajador. El estudio
reporta que aproximadamente 1 en 300 a 350 adultos se encuentran actualmente
infectados con VIH en los tres países centroamericanos, y proyecta
que para el año 2000 es posible que esta tasa de prevalencia aumente
en 100 por ciento, de tal manera que para eses año podría haber entre
70,000 y 160,000 infecciones de VIH.
¿Y qué tendríamos
en relación al tercer inciso? En primer lugar, dedicar una mayor parte
de la capacidad productiva del país para propósitos de consumo y a
expensas de la inversión no constituye una manera de aumentar el consumo
en el largo plazo, pues se puede consumir más por un tiempo invirtiendo
menos ahora, pero esto recortará sin duda nuestra capacidad para consumir
en el futuro. Pero aún si las generaciones presentes eligieran consumir
más ahora a expensa de su consumo -o el de sus descendientes- en el
futuro, el SIDA pone obstáculos poderosos a esta posibilidad. Esto
es así porque el extremadamente elevado costo del tratamiento de pacientes
con SIDA distrae recursos del consumo.
Como corolario,
el costo sumamente elevado del tratamiento del SIDA también impediría
que aumentara la inversión -en caso de que la sociedad eligiera diferir
el consumo presente- ya que dicho costo impediría que la sociedad
ahorrara con propósitos de elevar sus estándares futuros de vida.
Los costos del VIH/SIDA merecen una discusión más amplia puesto que
la distracción de recursos escasos en los países en desarrollo -caracterizados
también por escasez de capital- es un asunto de importancia considerable.
Las corporaciones
harían bien en involucrarse más
Es importante
indicar que, así como el SIDA se ha convertido en una preocupación
para el desarrollo económico, también debe convertiste en un asunto
a considerar por el sector privado, y no solamente para el sector
publico, ya que las empresas privadas podrían verse severamente afectadas
por la epidemia. Debido al SIDA, los gastos de las empresas podrían
aumentar debido a mayores cuidados de salud, reentrenamientos y seguros,
mientras que se puede esperar que sus ingresos declinen debido al
ausentismo y la menor productividad de los trabajadores de reemplazo.
Aunque gran parte
del empleo en los países en desarrollo -incluyendo a América latina-
en el sector formal, es de ensamblaje (por ejemplo las maquiladoras
en la frontera norte de México), más que de investigación y desarrollo,
el horizonte de las corporaciones apunta hacia el mantenimiento de
una fuerza de trabajo barata y flexible. Esta estrategia no deja mucho
espacio para enfrentar los efectos de una infección con un período
latente de 10 años.
Las corporaciones
multinacionales, que pueden tener programas activos de salud en sus
casas matrices en América del Norte y Europa, desafortunadamente no
han extendido sus esfuerzos a sus subsidiarias en el extranjero(3).
A pesar de la creciente amenaza del SIDA, las corporaciones continúan
considerando a la epidemia del SIDA como una cuestión de salud que
debe atender el sector público, y en la que ellos no tienen nada que
ver.
La tarea es entonces
convencer al sector privado en los países en desarrollo -tanto a las
empresas multinacionales como a las internas- que si elige ignorar
la epidemia del SIDA será en su propio perjuicio. La realidad que
implica el SIDA en términos de costos no es actualmente parte de las
estrategias de la comunidad corporativa en los países en desarrollo.
Sin embargo, sin un control adecuado, la epidemia del VIH/SIDA hará
que las empresas tengan que prescindir de empleados entrenados y difíciles
de reemplazar.
Además, en tanto
más y más personas gasten sus recursos debido al SIDA, tendrán un
menor ingreso disponible, y las empresas se enfrentarán a mercados
cada vez más pequeños para sus bienes y servicios. En Tailandia, uno
de los países en desarrollo de ingreso medio más afectados, el impacto
económico sobre el gasto familiar ha sido considerable cuando un miembro
de la familia es afectado por la enfermedad. Más de la mitad de las
familias afectadas han visto su consumo de bienes y servicios reducido
en un 40 a un 60 por ciento debido sólo a los costos directos de la
enfermedad. Un tercio de las familias también padecieron pérdida de
su ingreso, y el 60 por ciento de las familias se vio forzada a retirar
recursos de sus ahorros(4).
Los adolescentes
y el SIDA
De acuerdo al
Dr. Chittick(5), actualmente evoluciona una ola potencialmente devastadora
de VIH/SIDA extendiéndose silenciosamente entre los adolescentes sexualmente
activos en todo el mundo. Esta nueva ola no discrimina. Cualquier
adolescente que actualmente tiene relaciones sexuales sin protección,
especialmente con más de una persona, tiene un riesgo mayor de ser
infectado en el futuro cercano. La amenaza crece peligrosamente a
medida que el grupo de adolescentes sexualmente activos se contamina
con VIH/SIDA durante el resto de la presente década.
El problema del
VIH/SIDA entre la juventud se hace más complicado porque los programas
de prevención actuales sobre SIDA que tienen como objetivo a los grupos
de alto riesgo (de acuerdo a sus prácticas) han tenido poco impacto
en los adolescentes, quienes crecen en su invulnerabilidad de jóvenes.
Puesto que actualmente el SIDA entre los adolescentes no es evidente
en la mayoría de las comunidades, es fácil suponer que el VIH plantea
un peligro menor a los jóvenes aún cuando sean sexualmente activos.
No solamente pasa desapercibido el problema del SIDA entre los jóvenes,
sino que además es usual que la mayoría de los jefes de familia y
las comunidades raramente discutan la amenaza con los adolescentes.
Aunque algunas
campañas preventivas han contribuido a prácticas sexuales más seguras
y al aplazamiento de la actividad sexual entre los adolescentes, la
instrucción de prevención en los programas escolares es comúnmente
inefectiva e infrecuente, si no es que completamente ausente, particularmente
en los países en desarrollo. La realidad es que los adolescentes se
encuentran en un riesgo creciente debido a que los adultos prefieren
ignorar su responsabilidad de dar información adecuada a los jóvenes.
Hasta que se reconozca el riesgo, el VIH/SIDA tiene el potencial de
expandirse exponencialmente entre la juventud.
Durante los últimos
quince años de la epidemia del VIH/SIDA, las edades medias de casos
de SIDA han venido cayendo de manera creciente. ONU-SIDA y el Instituto
de SIDA de Harvard reportan actualmente mayores tasas de infección
de VIH entre los jóvenes(5). De hecho, muchas personas que desarrollan
enfermedades relacionadas al SIDA en los grupos de edades entre 20
y 35 años probablemente contrajeron el VIH en su adolescencia.
Desde un punto
de vista económico, puesto que una fuerza de trabajo joven y abundante
es uno de los pocos activos económicos de los países en desarrollo,
y los recursos para una sustitución por capital son muy limitados,
los efectos relativos en términos de productividad pueden ser sustancialmente
mayores que en los países industrializados.
Actualmente los
jóvenes viajan más que las generaciones anteriores. Muchos jóvenes
dejan su medio rural en busca de trabajo en áreas urbanas, a menudo
cruzando fronteras y emigrando a diferentes partes del mundo en busca
de mejores estándares de vida. Este es el caso en varios países latinoamericanos
-especialmente México- donde gente joven emigra principalmente a los
Estados Unidos buscando mejores oportunidades de empleo.
Como resultado,
estos jóvenes -quienes están en su plenitud sexual- se encuentran
de pronto como extraños en un ambiente externo en donde nuevas costumbres
reemplazan las tradiciones familiares a las que están acostumbrados.
A menudo sin estructuras comunales o sociales que los guíen, estos
adolescentes con dos culturas son más vulnerables a peligros desconocidos.
Incapaces de dominar rápidamente un nuevo idioma y los detalles de
una cultura distinta, los inmigrantes jóvenes permanecen sin información
adecuada acerca de las consecuencias de sus conductas de alto riesgo.
Si posteriormente regresan a sus lugares de origen, como de hecho
a menudo sucede, el VIH/SIDA viaja con ellos, lo cual es un factor
para la rápida expansión del SIDA a nivel global.
Los costos
del VIH/SIDA
El VIH/SIDA tiene
un alto impacto macroeconómico debido en parte a los elevados costos
de tratamiento, que distraen recursos de inversiones productivas.
Debido a que los individuos con VIH/SIDA son típicamente más propensos
a neumonía, diarrea y tuberculosis, el costo del cuidado médico es
alto aún cuando no hay a la fecha un tratamiento efectivo para la
enfermedad en sí misma. Más específicamente, los costos del VIH/SIDA
se clasifican comúnmente en directos e indirectos:
Costos directos
Éstos son los
costos del cuidado personal y de salud que necesita un individuo infectado,
incluyendo los servicios no personales, tales como los exámenes de
sangre, la educación de salud, el entrenamiento de personal y la investigación.
De acuerdo al Banco Mundial(1) en 1992 los países en desarrollo gastaron
alrededor de 340 millones de dólares en el cuidado de pacientes con
SIDA. Aunque esto es sólo una fracción de los 4,700 millones gastados
en los países industriales para el cuidado de sus pacientes con SIDA,
es casi el doble del monto dedicado a la prevención del SIDA en el
mundo en desarrollo. Si el gasto por paciente permanece constante,
el monto destinado al cuidado de los pacientes con SIDA en los países
en desarrollo más que se triplicaran para el año 2000, situándose
en 1,100 millones de dólares.
Otras estimaciones
de los costos del tratamiento de las personas con SIDA en los países
en desarrollo incluyen las hechas por Over et al. Sin embargo, estas
estimaciones están basadas en la opinión de expertos debido a la ausencia
de datos, por lo que deben ser consideradas preliminares(6). No obstante,
los resultados presentados en el cuadro 1 son indicativos del rango
de los costos de tratamiento del SIDA prevalecientes en los países
en desarrollo.
Cuadro 1. Costos
de tratamiento del SIDA en países en desarrollo seleccionados.
|
|
Costo
de Tratamiento |
Costo
de tratamiento como % del PNB per cápita |
| País |
PNB
per cápita |
Bajo |
Alto |
Bajo |
Alto |
| Brasil |
2,160 |
6,000 |
12,000 |
278 |
556 |
| México |
2,080 |
3,286 |
7,344 |
158 |
353 |
| Tanzania |
290 |
104 |
631 |
36 |
218 |
| Zaire |
170 |
132 |
1,585 |
78 |
932 |
Nota: Las estimaciones
de Brasil son en dólares de 1988, las de México en dólares de 1985,
Tanzania y Zaire, dólares de 1986. Las estimaciones bajas y altas
corresponden, respectivamente, a las opciones más modestas y a los
cuidados de salud más completos disponibles en cada país. El costo
promedio típicamente será más cercano al límite bajo que al alto.
Fuente: Over et
al 1988; Tapia y Martin 1990, Over y Piot 1993.
Las estimaciones
muestran que el costo por paciente varía considerablemente, tanto
entre países como dentro de un país en particular. La mayor parte
de la variación en costos es causada por diferencias en los salarios
pagados a los encargados de atender a los pacientes, que tienden a
variar con los niveles de producto nacional bruto (PNB) per cápita.
Los costos de
tratamiento por caso exhiben diferencias dentro de los países debido
básicamente a dos razones: a) la variación en los síntomas
clínicos que se manifiestan y b) la variación en las
características médicas e institucionales de las opciones de cuidado
de salud disponible(7).
El Cuadro 1 muestra
también que con la excepción del límite superior del costo de tratamiento
en Zaire, los límites inferior y superior de dicho costo representan
una proporción más elevada del PNB en los países latinoamericanos
que se muestran que en las naciones africanas. Los costos de tratamiento
de pacientes con SIDA se elevan hasta casi 6 veces el PNB per cápita
en el caso de Brasil.
En los países
más pobres tiende a haber mayor variación de costos en términos porcentuales,
debido a que sólo una pequeña parte de los episodios de la enfermedad
son tratados en un ambiente de hospitalización de alto costo. En los
países industriales también existe variación en los costos pero en
un grado menor, ya que la cobertura de seguros de salud provee de
un mejor acceso al cuidado hospitalario a una mayor proporción de
la población, y el tratamiento estándar es utilizado más ampliamente.
También se han
realizado estimaciones de costos de tratamiento de pacientes con SIDA
en países centroamericanos. Galia(2) reporta que los costos de tratamiento
por paciente con SIDA en las etapas finales de la enfermedad se estiman
entre 600 y 3,000 dólares en El Salvador, Nicaragua y Guatemala, y
pueden elevarse hasta 6,000 dólares en algunos hospitales privados.
El impacto macroeconómico
del VIH/SIDA en los países en desarrollo también ha sido investigado.
Hancock(8) ha estimado cómo la epidemia puede afectar la macroeconomía
de Kenia. El análisis toma en consideración efectos de morbilidad
(aumentos en gastos de servicios de salud y aumentos en el ausentismo)
y efectos de mortalidad (una fuerza de trabajo más pequeña y con menos
entrenamiento) para determinar cómo el SIDA puede afectar el producto
interno bruto (PIB) de Kenia.
El estudio proyecta
que para el año 2005, el PIB de Kenia sería cerca de 1/6 menor del
nivel que tendría en ausencia del SIDA. AdemE1 s, se proyecta
que para ese año el ingreso per cápita se reduzca en 10 por ciento
como resultado del SIDA. Esta pérdida sería atribuida a una pérdida
en la productividad de la fuerza laboral, reducción en la inversión
y el ahorro, y cambios de la oferta y la demanda en el mercado de
trabajo. El estudio pronostica asimismo, que la tasa de ahorro de
Kenia declinaría en 15 por ciento para el año 2005 como consecuencia
del SIDA.
Costos indirectos
Éstos son los
costos en términos de producción perdida debido a la morbilidad y
la mortalidad del SIDA, incluyendo estimaciones del valor de la producción
no directamente valuada por el mercado, como las tareas del hogar
y la agricultura de subsistencia. Las autoridades de salud han tendido
a ignorar estos costos. Sin embargo, siendo una enfermedad fatal que
se registra principalmente en personas -especialmente varones- en
edad productiva, el SIDA representa una pérdida sustancial de años
de trabajo productivo. Estudios en países industrializados sugieren
que estos costos pueden llegar a ser cinco o seis veces más elevados
que los costos en cuidados de salud e investigación del VIH/SIDA(9,10).
Algunas estimaciones
de los costos indirectos de la epidemia del SIDA utilizan el denominado
“enfoque de capital humano”(III) (11,12), de acuerdo al
cual los costos de morbilidad son los salarios perdidos por las personas
incapaces de trabajar debido a la enfermedad, y los costos de mortalidad
son el valor presente de los ingresos futuros perdidos por las personas
que mueren de manera prematura.
Los costos de
mortalidad están concentrados en varones en sus años más productivos,
y se ha calculado que representan alrededor del 94 por ciento de los
costos indirectos totales, los que a su vez se estimaron en los Estados
Unidos en alrededor de 55,600 millones de dólares, esto es, casi siete
veces el costo de los cuidados médicos directos(9).
Cabe señalar que
el enfoque de capital humano subestima el valor de un año de vida
saludable de los individuos subempleados o desempleados, y posiblemente
sobrestima el valor relativo de un año de vida saludable de un individuo
cuyo salario está basado más en rentas monopólicas que en su contribución
a la sociedad. No obstante, la medición de los años productivos de
vida saludable perdidos debido a una enfermedad a través del ingreso
promedio anual, puede al menos proporcionar una guía provisional al
tomador de decisiones enfrentado con el problema de asignación inter-sectorial
de recursos.
Otros costos
Si los costos
indirectos son a menudo ignorados en el cálculo de la carga del VIH/SIDA,
hay otros costos relacionados a la enfermedad que son aún más a menudo
ignorados, pero que deben ser tomados en cuenta:
a) Costos directos
invisibles. Estos son representados por los servicios proporcionados
por la familia, los amigos y las instituciones de caridad. Aunque
no remunerados, estos servicios representan un consumo real de recursos,
y por lo tanto un costo real. Estos costos son comúnmente ignorados,
pues no son cubiertos por los presupuestos de las agencias de salud,
y también porque usualmente no hay información para estimarlos. Sin
embargo, su omisión puede llevar a una suboptimización al elegir entre
distintos proyectos.
b) Costos indirectos
invisibles. Estos son los costos de reacciones intangibles y menor
calidad de vida a través de factores como dolor, incapacidad, miedo,
ansiedad, aislamiento, estigma, depresión, etc. Estos costos son obviamente
importantes en el caso del SIDA, pero son tan difíciles de evaluar
que a la fecha no ha habido intentos de estimarlos.
Porqué se deben
destinar mas recursos a la prevencion
La prevención
rinde beneficios enormes
La buena noticia
es que los efectos potencialmente devastadores de la epidemia del
VIH/SIDA pueden ser frenados con recursos relativamente modestos.
Como se mencionó anteriormente, un país no tiene que ser rico para
ser exitoso en esfuerzos de prevención. La conveniencia de la prevención
en el caso del VIH/SIDA es considerablemente importante dados los
vastos beneficios de la acción preventiva y los enormes costos futuros
en que se incurre en ausencia de prevención. De hecho, puesto que
no hay vacuna o cura para el SIDA, la prevención básica es la única
forma de enfrentar la epidemia.
De acuerdo a Over
y Piot(6), el tratamiento de VIH/SIDA a través de la administración
profiláctica de un agente antiviral como acidotymidine (AZT) no es
una opción costo-efectiva en los países en desarrollo. Esta situación
podría cambiar dramáticamente si el precio de la terapia antiviral
se reduce sustancialmente, pero actualmente drogas como AZT son sumamente
caras, tienen efectos colaterales severos, y solamente pueden, en
el mejor de los casos, retrasar el comienzo del SIDA y prolongar la
vida en cierta medida.
Un año de AZT
cuesta más de 3,000 dólares, una cifra prohibitivamente alta. Las
opciones de tratamiento en muchos países de bajo ingreso se encuentran
entonces limitadas al alivio del dolor de infecciones oportunistas
-usualmente tuberculosis, diarrea y candidiasis- que afligen a las
personas infectadas con VIH. La planeación estratégica puede reducir
considerablemente los costos a través del uso de un número pequeño
de drogas menos caras y de cuidados familiares y comunitarios siempre
que esto sea posible.
La prevención
implica costos relativamente modestos y, si se lleva a cabo de manera
efectiva, rinde enormes beneficios. El Banco Mundial reporta que estudios
en nueve países en desarrollo y siete países industrializados sugieren
que prevenir un caso de SIDA ahorra, en promedio, un monto equivalente
a cerca de dos veces el PNB per cápita en costos de cuidado médico
descontados, y en algunas áreas urbanas el ahorro puede ser hasta
de cinco veces el PNB per cápita(1):
Los beneficios
de la prevención deben también tomar en cuenta que en el caso de enfermedades
transmisibles, y especialmente de epidemias como la infección de VIH,
los cálculos deben incluir el hecho de que cada caso prevenido también
previene otros casos posteriores.
Actualmente los
gastos anuales en el mundo en prevención de SIDA son de alrededor
de 1,500 millones de dólares. Probablemente menos de 200 millones
de este gasto se utiliza en los países en desarrollo, en donde tiene
lugar el 85 por ciento de las infecciones de VIH. Un estudio reciente
para el Programa Mundial de SIDA de la Organización Mundial de la
Salud sugiere que servicios completos de prevención de VIH y SIDA
para todos los países en desarrollo costarían de 1,500 a 2,900 millones
de dólares al año. Esto es de diez a quince veces el gasto actual,
pero rendiría beneficios enormes. El número estimado de infecciones
de VIH en adultos que se evitaría con dicho gasto entre 1993 y 2000
sería de cerca de 9 millones y medio -4.2 millones en Africa, 4.2
millones en Asia, y 1.1 millones en América latina(1).
La experiencia
en el mundo durante la última década ha demostrado que la prevención
efectiva de VIH requiere de tres elementos básicos: (i) información
y educación, (ii) servicios sociales de salud y (iii)
un contexto social que apoye. Algunas lecciones que se han aprendido
de esfuerzos pasados de prevención y cuidado comunitario incluyen(13):
a) La débil eficacia
observada en los programas de educación basados en la información
para prevención de VIH es el resultado de la poca atención prestada
a las condiciones de predisposición de riesgo en el contexto social.
Además, factores de riesgo social similares también afectan la progresión
de la enfermedad.
b) La implicación
práctica sugiere un desplazamiento en el énfasis de comportamiento
de riesgo hacia condiciones de riesgo, esto es, los factores contextuales
y psicológicos que pueden favorecer el riesgo de transmisión y la
progresión rápida de la enfermedad.
c) Debido a que
se conoce muy poco acerca de la influencia de situaciones de riesgo
particulares, y puesto que las condiciones de riesgo son muy influidas
por la dinámica social local, los esfuerzos de prevención deben desplazar
el énfasis de actividades de distribución de información a actividades
de intercambio de información que destaquen el diálogo y el análisis
de experiencias entres los participantes.
d) Se debe llevar
a cabo un enorme esfuerzo de desarrollo comunitario para elevar la
conciencia acerca de la importancia que tiene el contexto social en
las comunidades afectadas y en las organizaciones contra el SIDA.
Grupos de “alto
riesgo” y prevención
Aunque es importante
dar prioridad a las condiciones que podrían favorecer la propagación
del VIH/SIDA, también es importante reconocer la conveniencia de identificar
a los grupos con un riesgo más alto de adquirir y transmitir la infección
de VIH. Los grupos de alto riesgo pueden incluir a los trabajadores
y trabajadoras sexuales, los migrantes, los miembros de la milicia,
y los usuarios de drogas que comparten jeringas.
Hay que tener
en cuenta que la efectividad en términos de costo se reduce aceleradamente
cuando las infecciones se dispersan de los grupos de alto riesgo a
la población en general. En ausencia de acción preventiva adecuada,
el VIH/SIDA se dispersa rápidamente en los grupos de alto riesgo,
para posteriormente avanzar, primero de manera lenta y luego aceleradamente,
a la población en general. La acción preventiva, oportuna y efectiva
es crítica porque la efectividad-costo de dicha acción disminuye rápidamente
a medida que la infección abandona los grupos de alto riesgo y elevada
transmisión.
El gran número
de contactos sexuales en estos grupos significa que por cada caso
de VIH que se evite en este grupo se pueden impedir más de diez infecciones
adicionales, comparado con un caso evitado en la población en general.
Se requiere una combinación de estrategias, respaldada con recursos
adecuados, para frenar la dispersión del VIH/SIDA. Elementos cruciales
en estas estrategias incluyen proporcionar información acerca de como
evitar la infección, promover el uso del preservativo, el tratamiento
de otras enfermedades de transmisión sexual y la reducción de transmisión
a través de intercambio sanguíneo. Estas medidas son especialmente
efectivas en términos de costo cuando están dirigidas al número de
personas relativamente reducido de los grupos de alto riesgo.
Por otra parte,
aparte de concentrar los esfuerzos de prevención a los grupos de alto
riesgo, también es esencial proporcionar mensajes a la población en
general para prevenir discriminación en contra de las personas con
prácticas de riesgo elevado, dar información a aquellos dentro de
la población en general con comportamiento de riesgo, y construir
un apoyo popular al levantamiento de restricciones a la venta de preservativos
y jeringas.
Los esfuerzos
de prevención deben alcanzar a grupos de la población con necesidades
diversas, por ejemplo, grupos de alto riesgo, adolescentes y mujeres.
Los programas de prevención para la población en general son menos
efectivos en términos de costo pero también son necesarios para aumentar
el nivel de concientización y el entendimiento del VIH/SIDA, reducir
la discriminación contra las personas infectadas, y preparar el camino
para campañas subsecuentes en caso de que los niveles de infección
aumenten. La monogamia debe ser promovida como parte de los esfuerzos
de información al público para frenar la diseminación del VIH, pero
no puede ser la única estrategia, pues aún en donde sea la norma de
la sociedad no todos los individuos se adhieren a ella.
Prevención
entre los adolescentes
Puesto que, como
se mencionó anteriormente, no existe actualmente una cura o vacuna
para el VIH/SIDA, la única herramienta viable disponible para detener
la rápida dispersión de la enfermedad entre los jóvenes es la educación.
Investigaciones sugieren que antes de comprometerse a cambiar conductas
de alto riesgo, los adolescentes necesitan experimentar la realidad
del SIDA(5).
Debido a que la
presencia del VIH/SIDA no es aparente en la población adolescente
por el rezago existente entre la seropositividad del VIH y la aparición
de enfermedades relacionadas al SIDA, el comunicador de información
se vuelve crucial en el proceso. Esto es así porque hay evidencia
en el sentido de que los jóvenes tienden a poner mayor atención a
otros jóvenes como ellos en el proceso de educación de prevención
del VIH/SIDA. Hay que tomar en cuenta que las decisiones de los jóvenes
se encuentran de por sí muy influidas por la presión de sus compañeros
y por el deseo de independencia de las figuras adultas de autoridad.
Los adolescentes
vulnerables desean escuchar la mejor información transmitida por jóvenes
como ellos, y a quienes puedan confiar explícitamente en que les proporcionarán
los hechos de la transmisión sexual del VIH, así como de precauciones
prácticas seguras. Muchos adolescentes han reportado que sienten una
afinidad muy cercana por otros jóvenes como ellos y desean convertirse
en educadores de VIH/SIDA entre sus compañeros.
Distintos estudios
sugieren que la prevención entre adolescentes arroja resultados positivos,
por ejemplo, Jingqi reporta que: “Podemos ver que la educación
preventiva acerca del VIH/SIDA en las escuelas secundarias es esencial,
viable y efectiva en China (y que) la educación sexual no conduce
a una actividad sexual temprana entre los adolescentes”(14).
Similarmente,
otros autores han encontrado que la presión de los compañeros de los
jóvenes y los mensajes culturales acerca de las relaciones sexuales
afectan las decisiones de los adolescentes acerca de su comportamiento
sexual (IV) (15,16). En particular, un proyecto comunitario conocido
por sus siglas en inglés como H.E.A.R.T. (Grupo de Educación e Investigación
de Salud) en Belle Glade, Florida(17) dio inicio en 1992 con el objetivo
de reducir la diseminación del VIH entre los adolescentes africo-americanos
y haitianos en edades entre los 13 y los 18 años. Con educación e
información a través de otros jóvenes como ellos, la campaña tuvo
el objetivo de cambiar el comportamiento de los adolescentes mediante
el aumento de: (i) el conocimiento de la transmisión y la prevención
del VIH, (ii) el acceso a los preservativos y su correcta utilización,
y (iii) el acceso a servicios clínicos para adolescentes. Los
resultados fueron muy favorables, los adolescentes de Belle Glade
aumentaron significativamente su conocimiento acerca del VIH y cambiaron
sustancialmente su comportamiento hacia prácticas sexuales más seguras.
Proyecciones
La urgencia de
aumentar los esfuerzos de prevención resulta evidente cuando se observan
las proyecciones disponibles, que indican que la epidemia del VIH/SIDA
tiene consecuencias desastrozas que empeoran con el paso del tiempo.
Es difícil predecir el curso futuro de la epidemia porque se conoce
relativamente poco de la dinámica de transmisión del VIH. De acuerdo
a estimaciones de la Organización Mundial de la Salud, en 1990 unos
9 millones de personas en el mundo eran portadoras del virus, y esta
cifra podría elevarse a 26 millones de personas para el año 2000,
cuando 1.8 millones de personas morirían de SIDA anualmente. Asimismo,
más del 80 por ciento de aquellos infectados vivían en países en desarrollo
en 1990, cifra que se proyecta se incremente a 95 por ciento en el
año 2000.
Las estimaciones
anteriores son conservadoras, pues suponen que la tasa de nuevas infecciones
en Africa disminuirán un poco y que las nuevas transmisiones estarán
concentradas en India y otras regiones asiáticas. En ausencia de campañas
efectivas para limitar las transmisiones y dado el corto período de
tiempo que toma incrementarse a las tasas de infección en muchos países
en desarrollo y la rápida diseminación de la enfermedad en países
que anteriormente reportaban un bajo número de infecciones, el numero
total de personas infectadas en el año 2000 podría llegar a ser dos
o tres veces mayor que las proyecciones anteriores.
Sin embargo, si
se registran cambios importantes en el comportamiento sexual de las
personas en la próxima década, aun las proyecciones conservadoras
mencionadas anteriormente podrían ser muy pesimistas. Reducciones
relativamente modestas en el número de compañeros sexuales casuales,
o en la prevalencia de enfermedades de transmisión sexual, o alternativamente,
aumentos sustanciales en el uso del preservativo, podrían reducir
la transmisión significativamente. Algunos resultados (aún tentativos)
de estudios en Tailandia son prometedores, y es posible que el comportamiento
realmente pueda modificarse.
El problema del
SIDA tiene que ser enfocado como una cuestión de desarrollo nacional.
El liderazgo a nivel nacional es esencial, es crucial, los programas
de acción preventiva más efectivos persiguen estrategias que involucran
a muchas agencias, dentro y fuera del gobierno, en una atmósfera de
apertura y franqueza.
Proyecciones realizadas
en 1991 estimaron que durante los siguientes diez años, los costos
agregados directos e indirectos del VIH/SIDA podrían llegar hasta
8,000 millones de dólares y que la epidemia podría tener efectos negativos
en el turismo, la inversión externa y las remesas de los trabajadores
en el extranjero. Sin embargo, estas proyecciones también argumentaban
que, con un gran esfuerzo de prevención, que incluyera las metas de
reducir el número de compañeros sexuales por lo menos a la mitad,
aumentar al doble el uso de preservativos, y tratar enfermedades de
transmisión sexual, se podrán prevenir 3.5 millones de nuevas infecciones
y conseguir ahorros de más de 5,000 millones de dólares para el año
2000.
Es necesaria una
coalición global que incentive y asista a los gobiernos a tomar acciones
audaces antes de que sea demasiado tarde. En ausencia de un compromiso
y liderazgo políticos, y de recursos adicionales para apoyar la prevención
efectiva del VIH/SIDA, la epidemia podría causar un desastre en términos
de salud y un enorme revés para el desarrollo económico.
Conclusiones
En este trabajo
se ha expuesto un problema -los efectos potencialmente devastadores
de la epidemia del VIH/SIDA sobre la salud pública y el desarrollo-
y se ha propuesto una solución para limitar dicho problema -el aumento
de los esfuerzos de prevención, concentrándose en los grupos de alto
riesgo.
Es de la mayor
importancia aumentar ahora los esfuerzos de prevención, que tienen
un costo sumamente modesto comparado con los costos directos de una
epidemia de VIH/SIDA sin control. El tomador de decisiones tiene la
alternativa de actuar ahora utilizando recursos relativamente pequeños,
o lamentarse mañana y tener que utilizar montos de recursos considerablemente
mayores.
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I. Una economía
abierta, esto es, aquella que comercia bienes y servicios con el exterior,
también puede aumentar su bienestar a través de: a) pedir préstamos
al exterior y posteriormente, importar más de lo que exporta, o b)
obteniendo un mejor precio por sus exportaciones y así poder comprar
más importaciones sin pedir préstamos al exterior. Véase Krugman (1994).
II. Esto es cierto
para todas las enfermedades, pero enseguida veremos porque el SIDA
es un caso especial y su impacto económico por caso es mayor.
III. Ver por ejemplo
Hardy (1986) y Scitovsky (1986).
IV. Ver Sells
y Blum (1996) y Post y Botkin (1995).
Referencias
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Bibliografía
sugerida
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Over M, Bertozzi
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la VIth International Conference on AIDS, 1990 June 20-23, San Francisco,
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