Epidemiología del VIH y medidas de salud pública

Carlos Ávila

Introducción

Este capítulo tiene como propósito revisar la epidemiología así como los programas de salud pública actualmente disponibles para prevenir la diseminación de la epidemia de VIH con particular énfasis en América latina. Los objetivos específicos son revisar los factores biológicos, sociales y de comportamiento que se ha reportado que tienen un impacto significativo para controlar el curso de la epidemia.

También, se revisarán algunos aspectos importantes para el desarrollo de una vacuna desde el punto de vista epidemiológico. Para este propósito, la epidemiología se utiliza como una herramienta para analizar la frecuencia y distribución de la epidemia, para la identificación de factores de riesgo que favorecen su transmisión, y para evaluar el impacto de intervenciones preventivas. Toda esta información se procesa y proporciona a los tomadores de decisiones para establecer políticas y definir agendas regionales de trabajo.

A pesar de que la epidemia de SIDA en América latina ha causado alrededor de 80,000 muertes, aún hay oficiales de salud pública que dudan de que la epidemia por infección por VIH represente uno de los mayores problemas de salud. Si bien es cierto que en nuestra región esta enfermedad compite con muchos otros problemas de salud por un limitado presupuesto para su control, ello no es justificación para que sea subestimada como problema prioritario de salud.

El SIDA en Brasil y México(1) está situándose como la más importante causa de muerte entre hombres de 25 a 44 años de edad. Patrones similares de mortalidad son reportados en el estado de Lara, Venezuela(2). En otros países, latinoamericanos este patrón de mortalidad en hombres jóvenes es solo rebasado por accidentes. Debido a que el SIDA afecta a este importante segmento de la fuerza productiva de un país, el impacto de la epidemia de SIDA en la productividad futura de estos países puede llegar a ser muy importante. La mortalidad es solamente un criterio para definir prioridades en el sector salud. Un indicador recientemente desarrollado combina mortalidad y discapacidad en un solo índice. Los Años de Vida Saludable Ajustados (AVISAs), adiciona los años perdidos por mortalidad prematura más el tiempo (en años) debido a discapacidad ocasionada por la enfermedad. Este indicador captura en una forma más sensible los daños a la salud que ocasionan enfermedades crónicas que causan mortalidad prematura y períodos largos de discapacidad como es el caso de la infección por VIH.

La infección por VIH como causa importante de mortalidad y morbilidad en países en desarrollo y de ingreso medio aumenta dramáticamente la carga para los servicios de salud y desvía limitados recursos económicos para el tratamiento de pacientes cuando estos recursos debieran utilizarse en programas de tipo preventivo. Debido a estas limitaciones en recursos económicos destinados al sector salud, la futura asignación de estos recursos y la inversión en programas preventivos depende de una adecuada interpretación de la epidemiología de la infección por VIH. También, una precisa estimación del tamaño y la velocidad de crecimiento de la epidemia permitiría la planeación de servicios médicos y sociales para las personas con VIH.

Para el análisis de la epidemia por VIH desde el punto de vista de Salud Pública es necesario considerar dos perspectivas: (a) el impacto social en términos de capital humano perdido y (b) el institucional en términos del impacto en la demanda y costos de los servicios de salud. Todo el esfuerzo en términos de la caracterización epidemiológica de la infección por VIH irán encaminados a lograr el objetivo primario en el control de esta enfermedad: reducir el costo social. Un beneficio adicional en esta lucha sería reducir el costo económico de esta epidemia.

Estado actual de la epidemia en América latina y el Caribe

Comprender el tamaño y velocidad de la epidemia en América latina es crítico debido a sus implicaciones demográficas, económicas, y de salud pública. Al igual que en otras regiones del mundo, la epidemia de SIDA en América latina y el Caribe se está convirtiendo en un problema prioritario de salud pública.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) y ONUSIDA estiman que para 1996 viven 1.6 millones de personas infectadas en América latina y 300,000 en el Caribe. Hasta diciembre de 1995 un total de 158,352 casos de SIDA fueron reportados en los países de América latina y el Caribe. Nueve países, Brasil (71,111), México (26,660), Argentina (6,853), Colombia (5,763), Venezuela (4,960), Honduras (4,424), República Dominicana (2,948), Perú (2,709), y El Salvador (1,248) representan el 80% de los casos en la región. Durante 1994 las más altas tasas de incidencia acumulada de SIDA (por millón de habitantes) fueron reportadas en las Bahamas (1,183), Guyana Francesa (598), Barbados (458), Guadalupe (268), Trinidad (208), Jamaica (142), Honduras (138), Guyana (127), Islas Caimán (111), Granada (74), Brasil 75), Panamá (72), El Salvador (69), Dominica (60), Argentina (56), y México (44).

Las rutas de transmisión varían entre países. Por ejemplo, la epidemia de SIDA en Colombia, Venezuela, y México es principalmente reportada entre individuos que tienen prácticas homosexuales y bisexuales. En América Central y el Caribe, la mayor proporción de casos se presentan en personas con prácticas heterosexuales, mientras que en Argentina y Brasil hay una creciente proporción de casos con antecedente de uso de drogas intravenosas.

La monitorización de las tendencias entre categorías de transmisión es muy limitado en América latina. Una de las características más interesantes de la epidemia en la región es una creciente proporción de casos de SIDA en la categoría de transmisión que es etiquetada como desconocida. Esta creciente categoría podría tener diversas explicaciones, como la mala calidad en la notificación de los casos, el efecto de los enfermos de negar una categoría de transmisión tradicionalmente sujeta a discriminación y estigmatización social. Esta proporción de casos con categoría de transmisión desconocida varía entre países y va desde un 13% (Argentina, Chile, Paraguay, Uruguay) hasta un 50% (Bolivia, Colombia, Ecuador, Perú, y Venezuela).

Los casos de SIDA se reportan al Programa Regional de SIDA/ETS de la Organización Panamericana de la Salud en Washington. La vigilancia epidemiológica de casos de SIDA es la principal herramienta para monitorear el curso de la epidemia. Sin embargo, esta información está sujeta a varias limitaciones tales como notificación incompleta, cambios en la definición de caso de SIDA, y retraso en la notificación.

El retraso en la notificación tiene como mayor inconveniente que si no se considera puede dar la falsa impresión de una disminución en la incidencia de casos (epidemia amortiguada) cuando en realidad se trata de notificación incompleta de los casos más recientes. Por ejemplo, en un estudio en México se encontró que solamente el 66% de los casos de SIDA se reportan dentro de los siguientes 8 meses, 80% dentro del primer año, y el 91% hasta los dos años(3). La sub-notificación de casos de SIDA puede ser debida a mala clasificación de los casos o a fallas en el sistema de vigilancia epidemiológica. Existen varios métodos para ajustar por sub-notificación de casos de SIDA. En un estudio del programa de vigilancia epidemiológica en Quebec se compararon muertes observadas y esperadas debidas a SIDA estimando una notificación completa del 92% en Canadá.

Avances en epidemiología molecular

La identificación primero del VIH-1 y el VIH-2 y después de la subtipificación de estos virus usando técnicas de biología molecular ha permitido relacionar sus características moleculares con la conducta patogénica del VIH.

Si bien la identificación del VIH-2 produjo preocupación de una segunda epidemia, ésta no ha ocurrido o está ocurriendo a una velocidad más lenta. Estudios de seguimiento de individuos infectados con el VIH han mostrado que el desarrollo de SIDA es hasta 10 veces mayor en individuos infectados con VIH-1 que en los infectados con VIH-2. También se ha observado que el VIH-2 es mucho menos transmisible que el VIH-1 tanto por vía perinatal como heterosexual. El VIH-2 no sólo parece ser menos virulento que el VIH-1 sino que también produce un 70% de protección en contra de una infección subsecuente por VIH-1. Estos hallazgos son muy importantes para investigar mecanismos de inmunidad útiles en el desarrollo de una vacuna. La variación en la secuencia de nucleótidos de la envoltura parece tener un papel importante en la patogénesis del VIH-1. La variación en pacientes en VIH-1 es mayor que la observada con VIH-2 y esta variación está correlacionada con evidencia clínica de inmunosupresión. Usando PCR cuantitativo para determinar los títulos provirales de individuos infectados con VIH, se observan rangos de títulos provirales de VIH-2 de 10 a 100 veces menores que los encontrados en individuos infectados por VIH-1. Esto sugiere que la diferencia en patogénesis podría ser debida en parte a una menor carga viral.

Avances recientes en la caracterización de los subtipos genéticos del VIH-1 podrían tener implicaciones epidemiológicas y preventivas muy importantes. Un sistema de clasificación filogenética para el VIH-1 se basa en la homología de secuencias de nucleótidos de los genes del núcleo y de la envoltura. El sistema de clasificación actual tiene su desarrollo para propósitos taxonómicos. Sin embargo, si la envoltura es también capaz de modular ciertas propiedades biológicas de los subtipos de VIH-1, los subtipos también estarían relacionados con la transmisibilidad, infectividad, o patogénesis del virus. Desde el punto de vista epidemiológico, la distribución de estas cepas virales en la población podría determinar el curso y dinámica de sub-epidemias en la región. Si esta hipótesis se confirma, podría tener enormes implicaciones para entender el comportamiento de la epidemia, para el desarrollo de una vacuna, o incluso para determinar la eficacia de nuevos anti-retrovirales.

Hasta ahora las diferencias en patrones de transmisión de la epidemia de SIDA por regiones geográficas ha sido explicada por variaciones en patrones de comportamiento. Así, algunos sugerían que en algunos países el comportamiento sexual era con alta promiscuidad. Sin embargo, esta nueva teoría explicaría las diferencias con base en diferencias genéticas de los virus circulando en Asia, África, Europa y el continente americano. McCutchan y colaboradores han identificado cinco diferentes subtipos del VIH-1: A, B, C, D, y E. Tal vez lo más interesante es una distribución geográfica de estos subtipos. Mientras que todos los subtipos están presentes en África, el subtipo B es predominante en los Estados Unidos. Se ha encontrado que las mujeres tailandesas están infectadas por el subtipo E y la mayoría de las mujeres en la India están infectadas con el subtipo C. De hecho, se ha sugerido que la epidemia en Asia se desarrolló a partir de la de subtipos E y C desde el África diseminándose a Tailandia y la India. Un artículo en la revista "Science" reporta que los subtipos E provenientes de individuos heterosexuales infectados en Tailandia crecen mas fácilmente en células Langerhans que los subtipos B aislados de individuos homosexuales de los Estados Unidos(4). Las células de Langerhans se encuentran en las capas del cuello, vagina, y pene. Si esto se confirma, podría explicar la hipótesis de un subtipo viral con una mayor eficiencia para la transmisión heterosexual y por lo tanto también explicaría los patrones de transmisión geográfica de la epidemia. Según este supuesto, existe un enorme riesgo para la introducción de subtipos E y C en el continente americano donde predominantemente se ha encontrado el subtipo B. Esto tiene el potencial para una explosión de epidemias heterosexuales en áreas donde estos subtipos no han penetrado.

La supervisión del virus es tan importante que la Organización Mundial de la Salud estableció una red internacional para la identificación y caracterización del VIH(5). En Brasil se estableció una red nacional para aislar, caracterizar, y monitorear los virus circulantes en el país(6). Así, en Brasil se han reportado tres diferentes subtipos: B (88.5%), F (8.8%), y C (1.8%). En México todos los aislamientos de 1989 a 1993 fueron identificados como subtipo B(7). La identificación del subtipo B también fue confirmada en un estudio en Guadalajara, México(8). En Argentina, el análisis de 21 aislamientos mostró que 14 eran del subtipo B, seis del subtipo F, y uno del subtipo C(9). En Cuba, siete muestras aisladas fueron identificadas como subtipo B(10).

Estos reportes de América latina confirman que el subtipo predominante es el B y que otros subtipos como el F y C se encuentran presentes. El pequeño número de aislamientos analizados no permite asociarlos con una determinada categoría de transmisión pero permitirá vigilar su distribución geográfica y la aparición de nuevas cepas circulantes. Si bien esta nueva caracterización viral permitirá vigilar la distribución geográfica de sub-epidemias, también tiene importantes implicaciones para el desarrollo de una vacuna. Cualquier vacuna, para ser eficiente, requiere inducir inmunidad que reconozca las envolturas de los diferentes subtipos. A pesar de la identificación de estos subtipos, en términos de prevención, un mensaje debe quedar bien claro, el sexo protegido es la mejor forma de prevenir la propagación del VIH, independientemente del subtipo.

Factores de riesgo para la infección por VIH

La determinación de programas preventivos se basa en la identificación de factores que están asociados con un riesgo aumentado para adquirir la infección por VIH. Cuando estos factores que aumentan la probabilidad de transmisión son modificables, entonces se pueden ejecutar y evaluar programas para prevenir la adquisición de la infección. En el caso de la infección por VIH, la práctica del sexo no protegido sigue siendo el factor de riesgo más importante para adquirir la infección. En otras vías de transmisión, como la parenteral, los programas de selección de donadores sanguíneos, prohibición de comercio de la sangre, tamizase de productos sanguíneos con eliminación de los productos infectados han resultado ser un éxito para controlar la transmisión por vía sanguínea, hasta el punto que los casos por transmisión sanguínea se han reducido muy significativamente. Sin embargo, todavía se requiere trabajar en esta área para eliminar totalmente esta vía de transmisión. Por ejemplo, en Sao Brasil se reportaron nueve posible casos de transmisión de VIH asociadas a transfusión sanguínea(11). La otra vía de transmisión parenteral son los casos en usuarios de drogas intravenosas. Los casos de infección por VIH, asociados con el uso de drogas intravenosas en América latina están localizados en áreas urbanas como en las ciudades de la frontera norte de México, Río de Janeiro Brasil(12) y en Buenos Aires Argentina(13).

Más que el comportamiento biológico del virus, las fuentes de infección y las vías de transmisión son los factores más importantes para la propagación de la infección por VIH. Entonces, si la infección se concentra en algunos grupos sociales, la dinámica de la epidemia depende de la forma como interactúan estos grupos. De tal forma que los factores de comportamiento y las redes sociales serían elementos en la propagación de la epidemia mucho más importantes que los factores biológicos del virus. Para que los programas preventivos alcancen a estos grupos es necesario identificarlos. Se han reconocido las redes sociales y prácticas de riesgo investigando cómo se propaga la epidemia por VIH en usuarios de drogas intravenosas y hombres que practican sexo con otros hombres.

Existen otros elementos que son reconocidos y que aumentan la probabilidad de transmisión. La presencia de infecciones de transmisión sexual está asociada con un mayor riesgo de transmisión. El otro factor es una elevada viremia que probablemente se relaciona con una mayor eliminación de virus en secreciones aumentando la infectividad del individuo. La carga viral en suero se ha relacionado con el estadio de la infección y se ha encontrado particularmente elevada en infección primaria y en estadios tardíos de la infección. Hay varios reportes con la detección de DNA del HIV-1 asociada con infección cervico-vaginal, inmunosupresión, y el uso de anticonceptivos orales tales como progesterona inyectable.

La probabilidad de transmisión heterosexual ha sido estimada en varios estudios y parece estar influida por algunos factores. Por ejemplo, al inicio de la epidemia en Tailandia, la probabilidad de transmisión del VIH por contacto sexual de una mujer trabajadora sexual a un hombre se estimó del 0.03 al 0.06(14). Este estimador es mucho mayor que el riesgo de transmisión heterosexual reportado en el estudio multicéntrico europeo de 1.2 por 1,000 contactos sexuales no protegidos (0.0012), y también mayor que lo reportado en estudios de parejas heterosexuales en los Estados Unidos, en donde el riesgo de infección se encontró en un rango entre 0.0009 a 0.002(15). El que haya mayor probabilidad de transmisión en Tailandia podría explicarse porque involucró a un mayor numero de individuos recientemente infectados. Títulos elevados de viremia son típicos de la infección primaria por VIH, los cuales podrían aumentar la excreción viral y por tanto la infectividad del individuo.

Los modelos matemáticos han sido una herramienta epidemiológica muy útil para entender la dinámica de la epidemia y elaborar supuestos sobre el efecto de algunas intervenciones. Koopman, (1996) modelando la dinámica de la epidemia, encontró que muy probablemente la conformación de grupos “core” permite que la transmisión que ocurre durante la infección primaria domine la propagación de la epidemia. El mismo autor propone que el desarrollo de una vacuna que, a pesar de no ser efectiva para prevenir la infección, redujera o eliminara la infectividad durante la infección primaria, sería capaz en la mayoría de los escenarios de detener la epidemia del VIH. Intervenciones basadas en el uso de antiretrovirales que reducen la carga viral tendrían también el potencial de reducir la propagación de la epidemia. Sin embargo, la mayor limitación de esto es que en la mayoría de los casos se desconoce la fecha de infección.

Dado que la práctica de sexo no protegido es el mayor riesgo para adquirir la infección por VIH, las intervenciones preventivas deberán ir encaminadas a modificar prácticas con una probabilidad elevada de infección. Debe subrayarse el tratamiento de enfermedades de transmisión sexual y su prevención mediante el uso difundido de condón . Para modificar la dinámica de la infección y controlar la epidemia debemos reconocer las redes sociales existentes y entender la interacción de grupos sociales para poder integrarlos en acciones preventivas.

Prevención de la transmisión perinatal

La propagación de la infección por VIH hacia la población heterosexual, particularmente a mujeres en edad fértil, ha producido una epidemia en niños que han sido infectados en forma perinatal. A pesar de ello, una de las áreas de prevención más promisorias es justamente a nivel de prevención perinatal.

En África las tasas reportadas de transmisión materno-fetal varían entre el 35% y 40%, mientras que en Europa y los Estados Unidos son un poco menores y varían entre el 25% y 30%. La identificación de factores de riesgo de transmisión perinatal han sido muy útiles para diseñar y evaluar intervenciones para prevenir la transmisión madre-hijo. Los factores reconocidos en la transmisión se dividen en factores maternos y obstétricos. Entre los factores maternos, la carga viral, el estado inmune de la madre, sus cuentas de CD4, y el estadio clínico de SIDA influyen en la tasa de infección. Entre los factores obstétricos, la ruptura de la barrera placentaria, la ruptura de membranas, la exposición del recién nacido a sangre, el trauma, y el tipo de parto parecen influir también en la tasa de transmisión. De tal forma que la probabilidad de transmisión perinatal se considera multifactorial. Basado en el conocimiento de estos factores de riesgo y a pesar de que se podría pensar que esta transmisión es bastante predecible, queda algunas preguntas sin respuesta. Por ejemplo, ¿por qué la infección ocurre solamente en alrededor del 30% de los niños nacidos de madres infectadas? y también, ¿por qué en algunos casos de embarazos gemelares solamente un hermano sufre infección?

La carga viral, si bien parece ser el factor más importante, no es el único asociado con la transmisión el fenotipo viral parece también ser un factor importante en la transmisión ya que la mayoría de los virus que se transmiten son no-inductores de sincicios. Para hacer más interesante el fenómeno de infección en niños, actualmente hay más de una docena de casos pediátricos cuya infección fue documentada repetidamente por cultivo y que aparentemente han sido capaces de eliminar completamente la infección.

Basados en el conocimiento de factores de riesgo, hay tres niveles de intervención para reducir la tasa de transmisión perinatal. La transmisión en útero se previene con tratamiento antiviral. Como se demostró en el protocolo ACTG-076, la zidovudina administrada a la madre es capaz de reducir la transmisión en dos tercios de los casos. Es muy probable que este efecto sea debido a una reducción en la carga viral en la madre y posiblemente se esté tratando la infección en el feto. Las medidas preventivas para reducir la transmisión intra-parto incluyen lavado vaginal, oportunidad del parto, reducción del trauma, y protección ante secreciones cervicales. La limpieza del canal de parto tiene como fin evitar una infección ascendente. Sin embargo, un ensayo clínico usando limpieza con una concentración baja de clorexidina (al 25%) no fue capaz de reducir la tasa de transmisión(16). Otro estudio que evalúo la reducción en transmisión practicando operación cesárea no mostró ventajas, a menos que la operación se practique cuatro horas antes de la ruptura de las membranas(17). Algunas medidas para reducir la transmisión perinatal después del parto son todavía controvertidas. Por ejemplo, la recomendación de lactancia materna en mujeres infectadas no se proscribe en países muy pobres. La utilización y beneficio de terapia profiláctica a recién nacidos con antiretrovirales todavía no se han demostrado.

Actualmente, el estándar de atención para mujeres embarazadas que cursan con infección por VIH incluye la administración de zidovudina. Otros ensayos clínicos están determinando la eficacia de otros antivirales tales como el 3TC, inhibidores de proteasas y nevirapina.

También hay reportes que indican que algunos factores nutricionales podrían tener efecto en la transmisión perinatal. La deficiencia de vitamina A se ha relacionado con un aumento en la tasa de transmisión perinatal. El área de prevención del VIH donde hay más optimismo actualmente es el de la transmisión perinatal.

Programas preventivos

Desde una perspectiva de salud pública, el control de la epidemia por VIH requiere de la expansión de la respuesta social a la epidemia mediante la movilización de la comunidad. Una importante tarea es la de reducir su impacto en áreas ya afectadas y prevenir su propagación a nuevas regiones. Esto es de particular importancia para países Latinoamericanos en donde el número de casos y las tasas de incidencia son todavía bajos. En estas regiones es donde deberían concentrarse los mayores esfuerzos y donde debieran ser una prioridad las inversiones en programas preventivos. Hay dos niveles de prevención, el primero se enfoca en la prevención de nuevas infecciones y el segundo en reducir la morbilidad y mortalidad una vez que se presenta la infección.

La prevención primaria se enfoca en la reducción de la ocurrencia de nuevas infecciones. La eliminación de productos sanguíneos infectados, el tratamiento antiviral para mujeres infectadas embarazadas, programas de modificación de conducta para reducir prácticas de riesgo, el uso constante de condones, el tratamiento y control de enfermedades de transmisión sexual son programas reconocidos para prevenir la ocurrencia de nuevas infecciones y controlar la epidemia por VIH.

La prevención secundaria está dirigida a intervenciones que ayuden a reducir la progresión de la infección por VIH, retrasar la aparición de infecciones oportunistas y SIDA, y aumentar la sobrevida y calidad de vida de pacientes infectados. Estas intervenciones se basan en tratamiento antiviral oportuno y eficaz, tratamiento profiláctico de infecciones oportunistas, mejoría del estado nutricional, y el manejo del estado emocional del paciente.

Las actividades de prevención primaria dirigidas a controlar la propagación de la epidemia se componen de varios elementos: (a) se requiere de información que permita elaborar un diagnóstico de las situaciones, (b) investigación, (c) planeación de programas, (d) implementación, y (e) evaluación de resultados.

Los insumos de información son esenciales, la base de esta información son los sistemas de vigilancia epidemiológica. Estos sistemas recopilan y procesan información sobre el número de casos de SIDA en forma periódica, útil para supervisar la epidemia. La epidemia se caracteriza de acuerdo a sus tendencias, los grupos poblacionales más afectados, localización geográfica, grupos de edad, sexo, y categoría de transmisión. Debido a que el conteo de casos de SIDA de alguna manera representa casos de infección que ocurrieron años o meses antes, la información se complementa con encuestas centinelas y estudios de seroprevalencia. El desarrollo de técnicas más económicas y simples de colección de muestras (saliva y orina) facilitará todavía más estos estudios. Un método usado por CDC para efectuar estas evaluaciones se basa en las evaluaciones rápidas de encuestas de prevalencia "RAPS"(18). Este método es útil para monitorear prevalencia de infección en poblaciones de alto riesgo, como pacientes de clínicas de ETS, hospitales, clínicas para la mujer, centros de atención prenatal, centros para el tratamiento de usuarios de drogas intravenosas. Las exámenes de VIH se efectúan en sobrantes de muestras sanguíneas usadas para otros propósitos después de retirar todos los identificadores y el nombre de la persona. Si bien están sujetos a sesgos, este es un método rápido para conocer la prevalencia en estas poblaciones que funciona igual que muestras por conveniencia.

Otro componente de los esfuerzos de prevención es la investigación. En América latina, es necesario hacer más investigación tanto básica como médica como social para entender todos los aspectos de la epidemia e incluso identificar particularidades regionales de la misma. Mientras que algunos podrían pensar que en América latina no hay suficientes recursos humanos y materiales para hacer investigación, esto es sólo parcialmente cierto ya que existen centros de excelencia capaces de tomar el liderazgo para estudiar la epidemia lo mismo desde el punto de vista molecular que epidemiológico, o social. De hecho Brasil, es un ejemplo de liderazgo en investigación molecular del VIH. Una extensa investigación en VIH-1 y VIH-2 se ha reportado ahí y es el país latinoamericano con más completas descripciones de los subtipos circulantes, descripciones clínicas del SIDA, y supervisión de la epidemia. Los esfuerzos para caracterizar los virus circulantes son críticos para el desarrollo y aplicabilidad de una vacuna en América latina. La investigación médica también es importante para caracterizar patrones de resistencia viral, diferencias regionales en enfermedades oportunistas, y la efectividad de tratamientos profilácticos. La investigación en las áreas sociales y del comportamiento es también importante para el diseño de programas preventivos y para la identificación de poblaciones vulnerables a la epidemia.

La planeación es otro de los componentes necesarios para el diseño y ejecución de programas preventivos. La planeación se basa en la información disponible y retoma programas existentes y actividades para prevenir la diseminación de la infección. Dos factores determinantes en el proceso de planeación son la efectividad de las intervenciones y sus costos de puesta en práctica.

Como estos planes se deberán ajustar a los presupuestos disponibles, uno de los criterios que es muy útil para la asignación de recursos, se basa en establecer prioridades usando un criterio de costo-efectividad.

La puesta en práctica de un programa representa un reto en el área de SIDA. Lograr el consenso es una actividad que consume mucho tiempo pero que se necesita después de la planeación y antes de la puesta en práctica de un programa. Es de particular importancia trabajar con los diferentes grupos afectados. Como la transmisión del VIH implica prácticas sexuales o el uso de drogas intravenosas, la información explícita sobre estos riesgos podría ser ofensiva para algunos segmentos de la población. Es por ello que deben seleccionarse no sólo los mensajes apropiados sino los canales adecuados para alcanzar a la población objetivo. Dos formas de proporcionar información sobre VIH incluyen programas universales y programas focalizados para grupos específicos(19).

Finalmente, la evaluación de resultados es un componente esencial de todo programa preventivo. Cada vez que se pone en práctica un programa nuevo o se transfiere un programa a un contexto diferente se presenta la oportunidad de aprender sobre la efectividad de la intervención. Es así como se ha logrado avanzar en la lucha contra el fenómeno VIH/SIDA. Por supuesto existen diferentes niveles de evaluación. Por ejemplo, en el caso de un programa de uso de condón, hay varios componentes. Los insumos del programa pueden basarse en el número de condones vendidos o distribuidos entre la población objetivo. Si bien es posible construir tasas de cobertura, esto no nos dice nada sobre las tasas de utilización. También es posible evaluar la puesta en práctica del programa y sus tasas de cobertura entre la población objetivo. Por supuesto el resultado más deseable sería evaluar el impacto real del programa basado en dos posibles mediciones de resultado, uno el cambio de comportamiento tal como el uso de condón, y otro basado en la tasas de incidencia de nuevas infecciones y en la estimación del número de infecciones que se evitaron.

Expectativas de prevención basadas en una vacuna

Al igual que en otras enfermedades infecciosas, la intervención más poderosa y económica para controlar y a la larga erradicar la enfermedad se apoya en el desarrollo de una vacuna.

Las mayores iniciativas que se han lanzado para el desarrollo de una vacuna que sea de utilidad para países en desarrollo han sido promovidas por la O.M.S. y la International AIDS Vaccine Initiative (IAVI). Esta última es una organización no lucrativa establecida en enero de 1996. El objetivo de estas iniciativas es el desarrollo de una vacuna segura y efectiva que cubra las necesidades de países en desarrollo donde está ocurriendo el mayor daño por la epidemia. Estas iniciativas se oponen al desarrollo de vacunas contra los subtipos prevalentes en los Estados Unidos y Europa únicamente con la esperanza de que también tengan utilidad en países pobres. Idealmente, la vacuna debería ser polivalente y eficaz contra todos los subtipos circulantes. Los candidatos para vacuna incluyen: vacunas vivas atenuadas, de ácido nucleico, y vectores virales recombinantes.

Estas iniciativas internacionales requieren ser complementadas por actividades locales. Por ejemplo, en países con elevada incidencia se requiere construir la infraestructura necesaria para conducir ensayos clínicos para evaluar nuevos productos. Estos programas requieren enrolar participantes capaces de mantener adherencia al programa durante largos períodos de seguimiento. Además de problemas prácticos y consideraciones sobre aleatorización, hay consideraciones éticas de investigación. Por ejemplo, todos los participantes deberían recibir otras intervenciones preventivas para reducir su riesgo de infección. En términos de la evaluación de resultados, los análisis de seroconversión y eficacia clínica podrían ser complementados con mediciones tales como carga viral o prolongación de sobrevida. En términos de efectividad, algunos modelos matemáticos acerca de la dinámica de la epidemia por VIH han mostrado que una vacuna que tenga una eficacia clínica incluso menor del 100% sería capaz de reducir sustancialmente la propagación de la epidemia.

Hasta ahora el desarrollo de una vacuna se ha enfrentado con problemas incluso antes de contar con la vacuna. Al principio de la epidemia se produjeron falsas expectativas sobre la rapidez con que se tendría disponible la vacuna, de tal manera que hoy cualquier avance importante en esta área parece insignificante. Incluso de mayor importancia es el hecho de que tiene que estar claro que una simple tecnología sería incapaz de detener la epidemia si no se complementa con participación comanditaria. En el caso de que la vacuna estuviera disponible para su aplicación en el campo hoy, de todas formas habría que enfrentar problemas prácticos. Primero, los programas de sexo seguro que han tardado hasta ahora años y en los que se ha invertido una enorme cantidad de recursos podrían desincentivarse. Segundo, los costos y la aceptabilidad podrían limitar seriamente la distribución de la vacuna. Ejemplos de esta situación existen para otras enfermedades infecciosas, donde a pesar de contarse con vacunas altamente eficaces, problemas logísticos de red de frío, reacciones adversas, altos costos de distribución, y aceptación del público han limitado la erradicación de enfermedades tales como sarampión, pertusis, y polio.

Mientras que el desarrollo de la vacuna es una de las más elevadas prioridades para el control de la epidemia por VIH, otras intervenciones como la práctica del sexo seguro y el uso del condón requieren promoción continua.

Lecciones de algunos programas preventivos en otras regiones

Esta sección tiene como propósito revisar algunos de los programas para la prevención de la infección por VIH cuya efectividad y relevancia ofrece lecciones importantes para epidemiólogos y salubristas.

Impacto del Tratamiento de ETS en la Incidencia por VIH

Es bien conocido que las enfermedades por transmisión sexual, particularmente las de tipo ulcerativo, facilitan la transmisión del VIH. Por lo tanto, el tratamiento oportuno de las mismas reduciría el riesgo de transmisión por VIH en áreas con alta incidencia de ambas. Una de las pruebas más definitivas de este efecto proviene de un ensayo clínico aleatorizado conducido en Tanzania. En este estudio se demostró que el tratamiento oportuno de ETS's integrado a centros de atención primaria condujo a una reducción del 40% en la incidencia del VIH(20). El estudio puso en práctica las guías de tratamiento recomendadas por la OMS.

Uno de los problemas prácticos que enfrentan estos programas es la baja sensibilidad de los signos clínicos para establecer el diagnóstico de ETS. Tratamientos basados en riesgo potencial tienen un valor predictivo del 20%, lo cual resulta en tratamientos innecesarios en el 80% de las mujeres tratadas.

Realizar una investigación de los servicios de salud en esta área es necesaria en América latina para mejorar la detección y tratamiento de estas enfermedades. Se proporcionan servicios de ETS con más frecuencia a grupos con mayor riesgo como las trabajadoras sexuales. Sin embargo, a medida de que la epidemia por VIH se extiende a otros grupos, es necesario ampliar los servicios prestados. Por ejemplo, los adolescentes prácticamente no tienen acceso a servicios de planificación familiar o de tratamiento de ETS. La distribución de condones con propósitos de control natal no asegura prevención pues las mujeres que tienen métodos permanentes de anticoncepción no los utilizan. Es entonces necesario que esta investigación explore la integración de estos servicios en clínicas de atención primaria para cubrir las diferentes poblaciones que requieren estos servicios.

El programa de Condón al 100% en Tailandia

Este es uno de los pocos programas en el mundo que muestra ciertas evidencias de éxito a nivel nacional(21). El programa de condón al 100% fue parte de una estrategia nacional más amplia. Esta se basó en el supuesto de que la fuente de la epidemia heterosexual de SIDA en Tailandia se debió a la industria del sexo comercial. Este programa tiene dos componentes: primero, utilizaba medios administrativos para que los condones fueran usados en establecimientos donde se comercializaba el sexo en el 100% de los encuentros y, segundo, utilizaba campañas masivas de comunicación promoviendo el uso de condón en relaciones sexuales comerciales. Por supuesto que dadas sus dimensiones nacionales es posible entender las limitaciones para conducir una evaluación confiable. Sin embargo, algunos indicadores indirectos de efectividad son impresionantes. Por ejemplo, el uso del condón aumentó de un 14% antes de 1989 hasta más del 90% para diciembre de 1994. Durante el mismo período, el número de ETSs diagnosticadas en hombres que atienden clínicas de gobierno se redujo de 200,000 a 28,000.

El programa promovió el uso del condón por trabajadoras del sexo comercial sin excepción. Si un consumidor se negaba, la trabajadora sexual no daba el servicio y reembolsaba el dinero al cliente. Hubo un seguimiento de casos y contactos para determinar qué establecimientos de comercio sexual no estaban cooperando con el programa. Cuando a un hombre se le diagnosticaba una ETS, reportaba en qué establecimiento había adquirido la infección, entonces una unidad local de ETS/SIDA iniciaba un proceso que terminaba con la sanción del local. Para evitar que el programa fuera rechazado por esta industria los gobiernos locales y la policía fueron elementos claves para asegurar la observación y el cumplimiento del programa.

Este programa es interesante porque provée una serie de ejemplos y lecciones que requieren un análisis crítico. Entre los hallazgos más interesantes del mismo encontramos: liderazgo nacional, participación de medios masivos de comunicación, concientización sobre la epidemia de SIDA, campañas dirigidas para uso de condón, reconocer que la prostitución existe más que descalificar su existencia, organización de la industria del sexo comercial, participación de clínicas locales de ETS/SIDA trabajando integradas en una red nacional, seguimiento de casos y contactos, y supervisión de la incidencia de ETS como indicador de efectividad del programa. Mientras que todas estas medidas son bien reconocidas por oficiales de salud pública como efectivas, su integración y puesta en práctica aparecen como el mayor reto para establecer un programa nacional. Hay dos elementos que requerirían mayor discusión pero que están fuera de los alcances de esta capítulo. De particular interés son la introducción de desincentivos para los establecimientos de comercio de sexo y la participación de la policía para vigilar el cumplimiento del programa, sobre todo por la dificultad de ponerlos en práctica en otros contextos.

Proyectos Comunitarios de SIDA en los E.U.A.

Estos proyectos se iniciaron en 1989 en cinco ciudades de los Estados Unidos y estaban dirigidos a personas con prácticas riesgo: usuarios de drogas intravenosas (UDIs) reclutados en la calle; parejas sexuales femeninas de hombres UDI; mujeres que comerciaban con sexo a cambio de dinero o drogas; hombres que practicaban sexo con otros hombre (HSH) pero que no se identificaban como homosexuales; y jóvenes en situaciones de alto riesgo ( por ejem., adolescentes que pasaban la mayor parte de las noches fuera de casa). Uno de los objetivos primarios de estos proyectos fue el de proveer con intervenciones para el VIH a personas con prácticas de riesgo que no participan en programas, o que no tenían contacto con establecimientos que proveyeran de estos servicios, por lo tanto se dirigía a grupos difíciles de cubrir o alcanzar con programas tradicionales. Los elementos claves del programa incluían: (a) uso de modelos teóricos de cambio de comportamiento para diseñar la intervención; (b) investigaciF3¢n formativa dentro de las comunidades antes de la intervención; (c) materiales impresos que contengan historias de personas en la misma comunidad quienes habían modificado sus prácticas de riesgo para VIH ("role-model histories"); (d) distribución de estos materiales acompañados de equipos para la limpieza de jeringas con cloro y condones y que se repartían usando redes comunitarias; (e) puesta en práctica y evaluación del programa.

La evaluación de la intervención durante la fase temprana de puesta en práctica mostró tasas de exposición de entre el 22% al 68%.

Las mujeres que traficaban con sexo fueron las que tuvieron mayor exposición al programa, mientras que los HSH no autoidentificados como homosexuales fueron los que reportaron menor exposición al programa. Las prácticas de cada entrevistado fueron medidas en una escala continua de estadios de cambio codificada en 1 (precontemplación), 2 (contemplación), 3 (preparado para actuar), 4 (activo), y 5 (mantenimiento). En la primera etapa, una persona en riesgo podría no tener intención de cambiar la conducta de alto riesgo (precontemplación), diversos eventos podrían conducir a la persona a formar intenciones para adoptar un cambio de conducta en el futuro distante (contemplación), estas intenciones podrían ser seguidas por intentos iniciales, o bien exploratorios para adoptar la nueva conducta (listo para actuar). La nueva conducta es entonces adoptada (activo), y finalmente se convierte en parte de la rutina en la vida de la persona (mantenimiento). El resultado que se perseguía era promover progresos a lo largo de esta escala continua para lograr el objetivo de uso de condón y cloro en forma consistente. Cualquier progreso en estos estadios de cambio de conducta se consideraba exitoso, aunque la constante práctica de conductas de disminución de riesgo (mantenimiento) son necesarias para prevenir la transmisión del VIH.

Para cada una de las cuatro conductas investigadas, el valor promedio en la escala fue mayor en las personas expuestas al programa que para las no expuestas. Por ejemplo, el uso constante de condón en coito vaginal fue 41% en las mujeres expuestas comparado con 27% en las no expuestas y el uso constante de condón en coito anal en HSH fue también más elevado en el grupo expuesto (41%) comparado con los no expuestos (27%). También se observaron resultados favorables en el uso de cloro para limpiar equipos de inyección.

Estos resultados indican que se puede influir en las personas que se encuentran en un alto riesgo de adquirir ETSs o infecciones transmitidas por agujas contaminadas para integrar conductas de reducción de riesgo en forma mantenida a través de intervenciones comunitarias. Para maximizar la influencia de la intervención, se deben dirigir suficientes esfuerzos para exponer a tantas personas como sea posible a los mensajes preventivos específicos de la intervención.

La revisión de este experimento revela dos elementos claves para el éxito de un programa comunitario. Su diseño debe ser tan sensible como sea posible para las comunidades que se intenta alcanzar y el programa debe estar basado en la participación de personas que forman parte de la misma comunidad ("peers").

Conclusiones

La lucha contra la epidemia del VIH en este punto de su evolución requiere de reconocimiento y liderazgo. Primero, hay que reconocer que la epidemia del VIH es un problema creciente en América latina. En esta región la dinámica de poblaciones, las redes sociales, y los patrones de comportamiento son más relevantes para la propagación de la epidemia que los límites geográficos; es por ello que se hace necesario un esfuerzo regional para contener el curso de la epidemia hacia nuevos grupos de población.

El nuevo conocimiento del comportamiento biológico del virus, los subtipos que se reconoce circulan en América latina, y la variabilidad biológica del VIH tienen el potencial para producir nuevas subepidemias en la región. Es importante tener claro que mientras que la epidemia en América latina al principio estaba concentrada en poblaciones homosexuales de Brasil y México, la aparente desaceleración en el numero de casos en estos grupos podría ocultar una epidemia incipiente que está avanzando entre la población heterosexual. También habría que aclarar que la hipótesis de saturación de sujetos susceptibles en algunas ciudades norteamericanas podría ser improbable en América latina. Particularmente cuando el potencial de una epidemia heterosexual está latente debido a la estructura poblacional en esta región. Se estima que la población de menos de 15 años en América latina es de 50 millones, y es capaz de proveer con cerca de 10 millones de adolescentes anualmente que inician actividad sexual. La situación demanda un esfuerzo sostenido para mantener campañas continuas de sexo seguro y uso de condón.

Un importante ingrediente para controlar la epidemia es un vigoroso liderazgo que promueva un esfuerzo internacional para hacer frente a esta epidemia. Este liderazgo requiere combinarse y tener el apoyo de los gobiernos de cada país que trabajen en conjunto para construir un amplio consenso público respecto a que es necesario alcanzar el objetivo de controlar la epidemia por VIH. Como ha sido mencionado por otros, los factores más perversos para la enfermedad en el mundo son ignorancia y pobreza. Estos elementos son los que condicionan la vulnerabilidad de grupos sociales ante la epidemia.

Desde 1995, el liderazgo internacional reside en el programa de SIDA de las Naciones Unidas (UNAIDS). En el plano regional y desde el inicio de la epidemia, la Organización Panamericana de la Salud ha mantenido una supervisión del tamaño y curso de la epidemia mediante un sistema de vigilancia epidemiológica en el continente. También ha proporcionado asistencia técnica y financiado proyectos de investigación en SIDA. Más recientemente la FundaciF3¢n Mexicana para la Salud ha impulsado una Iniciativa Regional para el Control del VIH/SIDA y otras ETSs en América latina y el Caribe (SIDALAC). Esta iniciativa regional tiene como propósito desarrollar una investigación que proporcione a los tomadores de decisiones en América latina información de utilidad para desarrollar una planeación estratégica en la prevención de la epidemia de VIH. Como los limites geográficos no detendrán el curso de la epidemia, este liderazgo es crítico en el desarrollo de esfuerzos preventivos internacionales.

Si bien los gobiernos son responsables de la provisión de servicios preventivos y curativos para la población, la participación de la comunidad es esencial para el éxito de las intervenciones preventivas destinadas a controlar la epidemia de SIDA.

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