Aportaciones de las ciencias sociales para la prevención del SIDA

Ana Amuchástegui Herrera

Introducción

Según el reconocido investigador Jonathan Mann(1,2), hacia el año 2000, 90% de la pandemia del SIDA estará situada en países en desarrollo, mientras que la mayoría de los recursos dirigidos a la prevención de la infección, así como a la cura y al cuidado de enfermos de SIDA, seguirá concentrada en las naciones desarrolladas. A pesar de ello, desde comienzos de la década de los años 90, se ha observado una reducción significativa en la ayuda y asistencia internacionales para enfrentar la epidemia, precisamente en aquellos sectores y países en los que está creciendo más rápidamente.

Para los países en desarrollo, como es el caso de las naciones de Latinoamérica y el Caribe, las intervenciones preventivas siguen siendo el arma más importante para la lucha contra la transmisión del virus. Sin embargo, los esfuerzos internacionales para reducir la amenaza del SIDA han disminuido su intensidad en relación a las necesidades de los países en desarrollo, ya que la epidemia, en muchos de los casos, ha pasado a ser uno más de los asuntos a atender dentro del contexto del desarrollo económico global. Ello es especialmente cierto en el caso de la región latinoamericana y del Caribe, cuya situación epidemiológica (que aporta el 13.4% de los casos reportados mundialmente) no es considerada prioritaria en términos de destinación de recursos y apoyos, en comparación, por ejemplo, con la preocupante diseminación del virus en África y Asia (que suman el 86% del total del casos en el mundo)(3).

Durante la década pasada se han suscitado cambios importantes en ciertas áreas de estudio, en particular sobre el impacto y los aspectos sociales del VIH/SIDA y sobre la reflexión crítica acerca de la epidemia, tanto desde el punto de la teoría política como de la experiencia práctica. Tal es el caso de investigaciones que pretenden comprender y atacar las determinaciones sociales, económicas y políticas de la epidemia, así como de diseños innovadores de intervenciones preventivas basadas en la comprensión del SIDA como un problema social que debe ser abordado desde el nivel comunitario.

El presente documento proporciona una visión general sobre el estado actual del conocimiento sobre los aspectos sociales de la epidemia de VIH/SIDA, tanto desde el punto de vista de su papel determinante de la conducta sexual, como del impacto del VIH/SIDA en los individuos, las familias, las comunidades y las sociedades que conviven diariamente con la amenaza del virus.

Esta recapitulación estará centrada en Latinoamérica y el Caribe, tomando en cuenta aportaciones provenientes de otras regiones del mundo que han resultado efectivas tanto para el conocimiento de los factores sociales relacionados con la epidemia, como para diseñar modelos efectivos de prevención e intervención.

En primer lugar, se hará una revisión de los principales avances en el área, así como una descripción de las preguntas que quedan por resolver, tanto a nivel de investigación como de intervención. La segunda parte del documento reseñará los temas de investigación y avances temáticos reportados en la Conferencia de Vancouver, así como los mejores resúmenes y presentaciones de trabajos relevantes para la realidad latinoamericana. En una tercera parte se discutirán las conclusiones que resulten más importantes para los tomadores de decisiones tanto fuera como dentro del sector salud. Por último, se elaborará una sección de recomendaciones surgidas de la investigación realizada.

Avances en ciencias sociales y VIH/SIDA previos a la XI Conferencia Internacional sobre SIDA

La pandemia del SIDA ha provocado que la comunidad mundial en diferentes niveles -científicos, gobiernos, activistas y población en general- se vea obligada a mirar, escudriñar e intervenir sobre lo que durante siglos se consideró un ámbito privado de los individuos: la sexualidad.

Esta aproximación no ha sido fácil, pues el tema constituye uno de los procesos más complejos de la experiencia humana y ni su estudio ni su modificación parecen seguir rutas lineales y predecibles.

Al principio de la epidemia, fueron médicos y epidemiólogos quienes se ocuparon de la sexualidad, seguidos rápidamente por psicólogos sociales. Ha sido recientemente, sin embargo, que sociólogos y antropólogos se han incorporado a la investigación y la intervención relacionadas con el VIH/SIDA, otorgándole al campo una visión más compleja de lo que constituye la sexualidad y el riesgo en las sociedades actuales.

Según una clasificación realizada por Cáceres (1996)(4), la investigación e intervención realizadas en Latinoamérica, orientadas hacia la prevención del SIDA, se han enfocado, de manera general, hacia las siguientes áreas:

• Prevalencia e incidencia de la infección por VIH

• Prevalencia de factores establecidos para el riesgo de infección por VIH

• Prevalencia de conocimientos, actitudes y prácticas relacionadas con la sexualidad y el riesgo de infección por VIH

• Contextos socio-culturales, incluyendo culturas sexuales (pocos estudios)

• Evaluación de intervenciones (pocos estudios, principalmente sobre comportamiento individual)( I)

Estas investigaciones han seguido en general dos diferentes metodologías que ofrecen a su vez información diversa y complementaria sobre los aspectos relacionados con la infección y su riesgo.

En primer lugar, los métodos cuantitativos, que se basan en un referente estadístico, buscan establecer las proporciones dentro de una muestra con respecto a cierta categoría, o las posibles relaciones entre variables. Estos estudios responden preguntas como "¿cuántos?, ¿cuándo?, ¿con qué frecuencia?", que en el caso de la sexualidad se refieren, por ejemplo, a prácticas sexuales como el coito heterosexual, el coito anal o el sexo oral, al número de parejas sexuales en un período determinado, o a la frecuencia del uso del condón. Otros temas relevantes han sido la prevalencia de enfermedades de transmisión sexual, el uso de métodos anticonceptivos y creencias sobre reproducción y fertilidad así como actitudes hacia la infección por VIH/SIDA.

La gran mayoría de las investigaciones sobre sexualidad, aún en el pasado reciente, han sido encuestas que intentan documentar actitudes y conductas sexuales en diferentes escenarios. En especial durante los últimos años de la década de 1980, estos estudios respondían a la urgente necesidad de información acerca de los aspectos básicos de la conducta sexual en diferentes contextos sociales (5, 6 ,7). Estas investigaciones han permitido conocer las prácticas sexuales dentro de poblaciones de gran magnitud y precisar el grado en que la información sobre VIH/SIDA se ha difundido, además de ser instrumentos útiles para medir el impacto de las actividades educativas y de las campañas de difusión.

Además de estimular la discusión y el debate en asuntos relacionados con la sexualidad, algunos estudios cuantitativos han desarrollado instrumentos para investigar nuevos problemas como son las redes sexuales y el poder asociado al género(8, 9). Asimismo, muchas encuestas se han enfocado, más que a documentar el comportamiento sexual, a comprender la dinámica de la relación sexual dentro de comunidades específicas(10).

Algunos de los avances más significativos de estas investigaciones tienen que ver con el hallazgo de una diversidad no esperada en cuanto a prácticas sexuales. Por ejemplo, Aggleton (1996)(11) relata que las encuestas realizadas por la OMS/Programa Global sobre SIDA en países en desarrollo, arrojaron información sobre la gran diversidad entre países africanos del sur del Sahara en términos de la frecuencia de coito con parejas fuera de las relaciones estables, patrones de uso del condón y coito que involucra intercambio de dinero u otro beneficio material(12). Estas diferencias sugirieron tener cuidado de no traspolar intervenciones preventivas de transmisión sexual del VIH de un país a otro, aún cuando se encuentren en la misma región.

El segundo grupo de métodos de investigación, los cualitativos, buscan indagar las condiciones sociales en que se viven las prácticas sexuales y los significados que las poblaciones les atribuyen, en el entendido de que ambos subyacen como determinantes de la conducta. Esta tradición pretende lograr profundidad en la información, más que precisión o amplitud de cobertura, pues no utiliza la teoría muestral. Las preguntas que se plantea son "¿cómo? ¿en qué circunstancias? ¿por qué/por qué no?". Típicamente, se realizan sobre grupos especificados de antemano (por ejemplo, trabajadoras sexuales, migrantes o comunidades homosexuales) para conocer a fondo los aspectos sociales y culturales de los comportamientos de riesgo.

El aumento reciente en el volumen de estudios cualitativos (aún así muy inferior al de los estudios cuantitativos) ha surgido como respuesta al planteamiento de grupos de científicos sociales y activistas, en el sentido de que la investigación y la intervención deben dirigirse no solamente al conocimiento de la incidencia de actitudes y prácticas sexuales concretas, sino al análisis de los contextos sociales, culturales y políticos dentro de los cuales la actividad sexual se constituye.

Estas consideraciones surgen de la idea de que las encuestas y las intervenciones basadas en modelos de cambio de comportamiento individual presuponen la existencia de un sujeto autónomo cuyo proceso de toma de decisiones en el ámbito de la actividad sexual es fundamentalmente racional. Sin embargo, una gran cantidad de estudios han sugerido que el fenómeno es más complejo y que en él intervienen, precisamente, condiciones relacionadas con la situación económica, social y cultural de la persona, además de consideraciones psicológicas(13, 14). "Los procesos que condicionaban sus prácticas [de los interrogados], los matices que éstas adoptaban, las inconsistencias en esa secuencia de conocimiento-actitud-práctica, quedaban sin explicar. Eran una auténtica 'caja negra'"(15).

Por ejemplo, en un estudio realizado con historias de vida de mujeres asistentes a una clínica de rehabilitación de farmacodependientes en Nueva York, Worth (1996)(16) encontró que, a pesar de contar con un alto grado de conocimiento sobre las formas de transmisión del VIH y sus posibilidades de prevención, la mayoría de las mujeres entrevistadas evitaban el uso del condón pues consideraban que interfería con la búsqueda del amor romántico en la pareja. Muchas de ellas pensaban que proponer el uso del condón con la pareja sugeriría infidelidad y, con ello, una ausencia de proyecto a futuro.

Según un conjunto de estudios realizados por el International Center for Research on Women(17) en países en desarrollo de África, Asia y América latina y del Caribe, los investigadores encontraron que, frecuentemente para las jóvenes entrevistadas, los costos sociales de la prevención del VIH pueden ser tan altos que logran contrarrestar la motivación por el cambio de comportamiento. Por ejemplo, en Brasil dos tercios de las jóvenes entrevistadas consideraron que se sentirían incómodas si propusieran el uso del condón debido a que sugiere la existencia de una enfermedad o de infidelidad (18).

Por otro lado, si bien es cierta la susceptibilidad biológica de cualquier individuo a la infección por VIH, la epidemiología de la infección muestra que ciertos grupos sociales son más vulnerables a ella debido a sus condiciones sociales, económicas y culturales. Tal es el caso de las mujeres, los jóvenes, los pobres en países en desarrollo y en sociedades industrializadas, y los grupos estigmatizados por sus prácticas sexuales como son homosexuales, bisexuales, hombres gay y hombres que tienen relaciones con hombres. De ahí que el concepto de "vulnerabilidad social" respecto a la infección de VIH cobrara una gran importancia y que se argumentara la necesidad de dirigir los esfuerzos investigativos y de prevención hacia áreas más amplias que el cambio de comportamiento individual.

La vulnerabilidad social se expresa, por ejemplo, en contextos donde las mujeres son dependientes económicamente de sus maridos o donde se espera de ellas que estén casadas (como es el caso de un gran número de mujeres en Latinoamérica y el Caribe) y donde las familias de origen no apoyan consistentemente a mujeres divorciadas o separadas. Debido a este contexto, las mujeres pueden incluso renunciar a usar el condón en favor del status y la seguridad, aunque limitada, que el matrimonio otorga. Además, las consecuencias de proponer el condón podrían ser en ocasiones la violencia verbal o física o la amenaza de abandono(19).

Resumiendo, si bien la mayor parte de la investigación conductual sobre población, salud reproductiva, VIH/SIDA y otras enfermedades de transmisión sexual se han enfocado a satisfacer la necesidad de conocer la incidencia de comportamientos y creencias sexuales, es cada vez más claro que esta información, por sí sola, es insuficiente para avanzar en la comprensión de la sexualidad como un fenómeno social complejo.

En respuesta a ello, desde el inicio de la década de 1990, la atención de los investigadores se ha dirigido hacia los sistemas sociales y culturales que dan forma y estructuran los contextos en los cuales la interacción sexual se lleva a cabo y adquiere significado para sus actores. Un conjunto de métodos cualitativos de investigación se ha sumado a los enfoques cuantitativos, con el fin de comprender con mayor profundidad las culturas, identidades y comunidades sexuales.

Con respecto a la prevención de la infección por VIH/SIDA, es sabido que los modelos de información, educación y comunicación difunden y hacen del conocimiento de la población la existencia y los mecanismos de transmisión del VIH, pero en general no han resultado en un cambio de comportamientos de riesgo, pues no existe una relación unilateral entre conocimiento, creencias y conductas. En una revisión de las estrategias de prevención y control del SIDA en México, Sepúlveda (et al, en prensa)(20) afirman que "las campañas masivas no cambian de manera importante los comportamientos, pero son útiles para mantener un estado de alerta y para crear el clima que haga aceptable otro tipo de intervenciones más puntuales y específicas". Asimismo, los autores aseguran que "es indispensable desarrollar intervenciones que toquen aspectos más profundos de los individuos a los que se quiere llegar". Estos aspectos profundos implican la comprensión de los contextos de la sexualidad, a nivel emocional, social, cultural y económico.

Por otro lado, las pruebas de detección en sangre han constituido una de las opciones eficaces para la prevención del SIDA(21) en países en desarrollo, además de que actualmente colaboran en la vigilancia de la seroprevalencia, promueven la confianza de la población en la atención de la salud y apoyan la prevención secundaria en personas infectadas por transfusión. En el caso de Latinoamérica, la prevención a través de las pruebas de detección en la sangre ha influido significativamente en la disminución de la epidemia(3).

Ése no es el caso, sin embargo, de la transmisión sexual, que es responsable de la mayoría de los casos en la región. Sin embargo, hay pocos estudios de la costeabilidad de intervenciones específicas en países en desarrollo, pero no es aconsejable esperar a que los haya para iniciar la prevención y es recomendable que en cada diseño preventivo se incluyera una forma de evaluación de su efectividad. En todo caso, está demostrado que las intervenciones son más costeables al principio de la epidemia, pues la introducción temprana de medidas de control y de prevención disminuye la gravedad y los costos de la epidemia a largo plazo(22).

En síntesis, antes de la Conferencia de Vancouver, la situación y las preguntas de investigación e intervención sobre ciencias sociales y VIH/SIDA en Latinoamérica y el Caribe era las siguientes:

• Existe un conocimiento más extenso acerca del conocimiento, prácticas, actitudes y comportamientos de la población de la región acerca del VIH/SIDA.

• Se han observado cambios de comportamiento entre trabajadoras sexuales, hombres que tienen relaciones con hombres y proveedores de servicio. Estos cambios coinciden invariablemente con intervenciones preventivas.

• Se requiere atención inmediata y dirigida hacia poblaciones específicas, en orden de urgencia según la seroprevalencia en cada subregión de Latinoamérica y el Caribe:

- hombres homosexuales y bisexuales,

- hombres que tienen relaciones con hombres,

- mujeres

- adolescentes

- trabajadoras sexuales

Ello implica tanto investigación dirigida a conocer las determinaciones sociales y culturales de cada grupo en relación a los comportamientos de riesgo, como evaluaciones de intervenciones preventivas específicas.

Si bien se ha otorgado particular importancia en los programas preventivos a la reducción de parejas, al sexo no-insertivo y al incremento del uso adecuado del condón, se requiere complementar los programas con mensajes realistas que apoyen otras opciones preventivas como la abstinencia, la monogamia y el retraso de la iniciación sexual.

Reseña de la XI Conferencia Internacional sobre SIDA. Ciencias sociales: investigación, políticas y acción

El objetivo principal del área de Ciencias Sociales: Investigación, Políticas y Acción era, en palabras de la relatora Purnima Mane(II), evaluar el impacto social del VIH/SIDA y las respuestas a la epidemia por parte de individuos, familias, gobiernos, comunidades, sociedades y culturas. Esta revisión se llevó a cabo en dos niveles:

• El nivel macrosocial

- implementación y evaluación de políticas

- consideración de factores estructurales que determinan la vulnerabilidad a la infección

- consecuencias sociales y económicas para poblaciones específicas

- hombres homosexuales, bisexuales y hombres que tienen relaciones sexuales con hombres

- usuarios de drogas intravenosas

- trabajadoras del sexo

- mujeres

- jóvenes

• El nivel microsocial

- desarrollo, implementación y evaluación de programas de prevención y atención en ámbitos específicos.

En una recopilación general sobre el impacto social del VIH/SIDA a nivel global, Parker (1996)(23) consideró que se ha llevado a cabo una transformación en la respuesta de la comunidad mundial a la epidemia. Al mismo tiempo que hemos sido testigos de una disminución en la lucha global, se ha incrementado de manera significativa la reflexión crítica sobre las causas sociales, culturales, económicas y políticas de la infección por VIH. Se ha suscitado una revisión de las teorías y modelos dominantes que han guiado el trabajo preventivo en VIH/SIDA, para trasladarse desde nociones individualistas e informacionales de la educación sobre SIDA hacia modelos multi-dimensionales de empoderamiento(III) colectivo y movilización de las comunidades, como estrategia más efectiva con miras a una respuesta sostenida y a largo plazo contra la epidemia.

Asimismo, se ha construido una nueva comprensión que indica que la lucha por responder de manera efectiva al VIH/SIDA forma parte de un esfuerzo más amplio y permanente, un esfuerzo que no solamente tiene que ver con el cambio de comportamiento individual, sino con el cambio social en general, pues debe atender asuntos que subyacen a la epidemia, como son la desigualdad y la injusticia que han creado las condiciones para la diseminación de la infección por VIH y del SIDA.

Si bien la infección rápidamente se propagó escapando los confines de grupos de riesgo definidos epidemiológicamente, no se diseminó azarosamente entre la población. "A pesar de nuestra retórica durante la mitad de la década de los años 80, el VIH/SIDA nunca ha sido una epidemia democrática"(IV) (23). Por ejemplo, un conjunto de diecisiete estudios que analizaron la relación entre los derechos humanos de las mujeres y su vulnerabilidad a la infección por VIH demostró que existen barreras significativas que impiden su posibilidad de protegerse a sí mismas, como son la falta de independencia económica, de información y de reconocimiento legal y la ausencia de mE9‚todos de prevención controlados por mujeres(24).

Aceptar esta realidad ha significado, también, relativizar la noción de riesgo individual y considerar que la vulnerabilidad social es crucial no solamente para la comprensión de la epidemia, sino para cualquier estrategia capaz de disminuir su avance. Este reconocimiento no implica negar la susceptibilidad biológica de cualquier individuo a ser infectado, pero permite contextualizarla en una realidad social que tiene un papel fundamental en las poblaciones afectadas en diferentes países del mundo. Tampoco ello insta a abandonar esfuerzos de corto plazo, sino a articularlos en una política global de transformación de las condiciones estructurales que permiten la transmisión del VIH/SIDA.

Josef Decosas (1996)(25), mostró el resultado de un cruce entre el Índice de Desarrollo Humano (IDH, Human Developmet Index, desarrollado por la ONU) y la infección por HIV. El IDH toma en cuenta un grupo de variables para determinar el grado de desarrollo:

• expectativa de vida al nacer

• alfabetización

• educación formal

• ingreso

El autor encontró una relación significativa entre un bajo IDH y la infección por VIH, lo cual indica que los miembros de grupos y sociedades pobres se encuentran en mayor riesgo de infección que aquellos que cuentan con un IDH más alto, y que el comportamiento sexual no bastaría para explicar, por ejemplo, las diferencias en la seroprevalencia entre Dinamarca y Nigeria. Son factores biológicos, culturales y estructurales los que pueden dar cuenta de tales desigualdades. Siguiendo el mismo ejemplo, entre los factores biológicos se cuenta la alta prevalencia de enfermedades de transmisión sexual (que aumentan entre 3 y 5 veces el riesgo de infección por VIH) entre la población nigeriana y las dificultades para acceder a su atención. Asimismo, la cultura de Nigeria favorece que los hombres mayores tomen como parejas sexuales a mujeres considerablemente jóvenes, estableciendo una relación de poder en la cual la posible exigencia de la joven sobre sexo seguro se dificulta considerablemente. Por último, entre los factores estructurales del riesgo se puede contar la migración masiva de trabajadores en busca de oportunidades de empleo, y su exposición a mayores riesgos de contagio.

Decosas(25) concluyó afirmando que la responsabilidad de la lucha contra la epidemia reside principalmente en los gobiernos locales que, si no se comprometen políticamente con esta tarea, desperdiciarán los posibles recursos internacionales que les sean asignados. La solución, afirmó, se encuentra en la decisión y el compromiso de los gobiernos nacionales.

Nivel macrosocial: políticas nacionales

En este contexto, presentado no sin discusiones sobre las consecuencias prácticas de su aplicación en programas de intervención concretos y de corto plazo, se mencionó en la Conferencia una y otra vez el éxito relativo de las políticas nacionales de lucha contra el SIDA llevadas a cabo por gobiernos como los de Uganda, Tailandia y Australia, que han reducido considerablemente sus tasas de infección en los últimos años. En los tres países, las autoridades se han comprometido con la lucha contra la epidemia y han mostrado una amplia voluntad política para implementar una estrategia general.

En una reunión sobre políticas nacionales se afirmó que el primer paso en estas políticas ha sido reconocer que el SIDA es un problema de salud pública y actuar en consecuencia. En Australia(26), por ejemplo, el gobierno se hizo cargo en 1985 de la detección del virus en sangre, pero tardó en asumir la misma responsabilidad con respecto a los comportamientos sexuales de la ciudadanía. La definición epidemiológica temprana de grupos de riesgo produjo un efecto paradójico en las grupos más afectados, pues si bien creció la estigmatización de la comunidad gay, también impulsó su movilización y organización para la lucha contra la epidemia.

A decir de Ballard, el gobierno australiano consideraba, en todo caso, que el modelo de salud comunitaria que había echado a andar anteriormente era eficaz, y decidió involucrar a educadores gay en los programas preventivos. De esta forma, las autoridades delegaron algunas de las actividades en organizaciones comunitarias interesadas en atender el problema, asumiendo su responsabilidad a través del apoyo a tales grupos. De esta forma, se fue creando en Australia una especie de "ciudadanía del sexo-seguro" que se ha divulgado horizontalmente a través de redes de pares y no tanto a través de una difusión vertical por parte del gobierno, arraigando más profunda y duraderamente en la conciencia del ciudadano australiano en general.

Nivel microsocial

Personas que viven con VIH/SIDA. En el nivel microsocial del estudio y la respuesta a la epidemia, quedó claro en la Conferencia que, así como la prevención parece tener un futuro promisorio en la movilización comunitaria, también el impacto de la infección en grupos específicos ha generado respuestas grupales para el apoyo a seropositivos y para la atención y cuidado de enfermos de SIDA.

Durante la Conferencia se presentaron una serie de trabajos en los cuales se destacó la importancia de respuestas comunitarias y de grupos de personas que viven con VIH/SIDA, tanto para fomentar su calidad de vida, como para apoyar acciones preventivas. Un tema recurrente en varias mesas fue que el estigma con que se ha revestido al SIDA dificulta considerablemente la apertura de los seropositivos y su involucramiento en organizaciones y que por ello es imprescindible seguir trabajando en la redefinición del SIDA como un problema de salud, independientemente del modo de transmisión. Se resaltaron los efectos positivos de este trabajo sobre el estado general de salud de las personas que viven con VIH/SIDA, y la importancia de rescatar su conocimiento sobre las reacciones al diagnóstico para la colaboración en programas preventivos y de atención.

Dos ejemplos de lo anterior son el proyecto TEACH de Philadelphia(27) que consiste en una colaboración de personas seropositivas con personal médico y académico para la elaboración de un lenguaje sobre VIH/SIDA que sea accesible a la población con la que trabajan, y la cooperativa Carpe Diem de Rosario, Argentina(28), que fue creada bajo los auspicios del Programa Municipal contra el SIDA. En ella, un grupo de personas seropositivas producen bienes para el mercado y así tienen un empleo y son autosuficientes, además de realizar actividades preventivas y de asesoría legal para la comunidad a la que pertenecen.

Investigación social

Con respecto a la investigación social sobre la epidemia, se hizo evidente durante los primeros años, que ni el comportamiento homosexual ni el heterosexual estaba asociado necesariamente con una identidad sexual definida(29). Esto apareció con singular claridad entre los estudios de interacciones sexuales entre hombres, particularmente en países no-occidentales y en grupos étnicos y minoritarios de sociedades occidentales. Lo mismo sucedió con la definición clásica de prostitución o de trabajo sexual, cuestionada por la recurrencia de formas locales de intercambio sexual por dinero, regalos o favores que no están acompañadas de una identidad sexual específica o no son consideradas como trabajo(30,31) .

De esta forma, una gran parte de la investigación social se enfoca ahora a la comprensión del contexto de las interacciones sexuales, en términos de los significados que adquieren en culturas específicas. Asimismo, es de radical importancia reconocer que existen diferencias en las formas en que las sociedades estructuran las oportunidades para la interacción sexual, es decir, la valoración social y cultural de posibles parejas y prácticas sexuales.

Consecuentemente, algunos de los temas de investigación que fueron relevantes durante la reunión podrían agruparse de la siguiente manera:

a) Identidades sexuales, comunidades sexuales y culturas sexuales en relación con los comportamientos de riesgo.

b) Del riesgo individual a la vulnerabilidad social

• determinaciones de factores de comportamientos de riesgo

• condiciones estructurales que favorecen la infección por VIH en grupos específicos:

- mujeres

- jóvenes

- poblaciones desprotegidas: niños de la calle, migrantes, minorías étnicas, indígenas

- trabajadores y trabajadoras sexuales

c) Evaluación de intervenciones y programas preventivos

• organizaciones comunitarias

• pequeños grupos

• información, educación y comunicación

• mercadeo social

• poblaciones de difícil acceso

• el valor de la consejería en la prevención

Identidad sexual, comunidades sexuales y culturas sexuales.

Estas transformaciones en la investigación han provocado que las categorías sexuales sean más complejas pero más precisas. Por ejemplo, se habla de hombres que tienen relaciones sexuales con hombres, pues la identidad homosexual o gay parece reducida a grupos muy definidos principalmente en países desarrollados o en las clases favorecidas de países occidentales en desarrollo. Una de las preguntas constantes de los investigadores fue cómo contactar a hombres con prácticas homosexuales pero que no se identifican como homosexuales.

Esta cuestión, relevante para algunas regiones de Latinoamérica por el perfil que guarda la epidemia, se reflejó en una sesión sobre hombres homosexuales y sus respuestas ante el SIDA en la cual se discutió la importancia de conocer las prácticas de riesgo de esta población, así como las estrategias que pueden estar siguiendo para evitar la infección.

Para ilustrar esta complejidad basta relatar la presentación de Sánchez (1996)(32), quien describió una investigación realizada con 354 hombres que tienen relaciones sexuales con hombres en la República Dominicana, a partir de una organización gay (la única en el país) que buscó diseñar intervenciones más apropiadas en una sociedad en la que la homosexualidad está estigmatizada. Los hombres entrevistados se identificaron a sí mismos en cinco grupos distintos: trasvestistas, homosexuales, gigolos, bisexuales y heterosexuales. El coito oral y anal receptivo fué reportado solamente por trasvestistas y homosexuales, mientras que los otros tres grupos reportaron coito insertivo. Se detectaron anticuerpos de VIH en el 11% de la población estudiada, 34% entre trasvestistas, 12% entre homosexuales y 7.7% entre los otros tres grupos. De esta experiencia se reclutaron 60 voluntarios que realizan intervenciones preventivas dentro de sus comunidades, contactando a hombres que tienen relaciones con hombres aún de manera clandestina, y llevando a cabo actividades educativas entre pares, presentaciones teatrales en discotecas gay y búsquedas de apoyo entre los líderes comunitarios.

Dowsett (1996)(33), presentó un estudio etnográfico en Sydney y Adelaide, Australia, en el cual realizó 60 entrevistas no estructuradas, observación participante, grupos focales con hombres que tienen relaciones con hombres, y análisis textual de literatura gay. Los resultados mostraron que, aunque la investigación estaba muy centrada en la identidad gay, las estructuras de ambas comunidades eran muy diferentes y, de hecho, podían explicar las diferencias epidemiológicas entre esas dos ciudades. Así, este estudio pretendió demostrar que no diferenciar a las poblaciones provoca que la prevención sea ineficaz y que las estrategias nacionales tienen dificultades para impactar las culturas locales. La resistencia a reconocer la existencia de comunidades gays y a dirigir estrategias preventivas específicas produce en esa población una distancia frente a las políticas generales. El método seguido, llamado "etnografía crítica" demostró ser útil en comunidades de escasos recursos, que requieren una evaluación rápida y que intentan reconocer la importancia de la comunidad en los comportamientos de riesgo, de modo que la unidad de análisis no fueron los individuos sino precisamente la estructura de la comunidad.

En esta misma línea de buscar formas innovadoras para conocer con más exactitud las prácticas sexuales de diferentes poblaciones, algunos estudios enfatizaron la necesidad de enriquecer la investigación trasladando su enfoque desde los individuos hacia las redes sexuales y sociales(34), las parejas concurrentes en el tiempo(35) y/o las relaciones sexuales como unidad de análisis(36). Este último estudio, realizado a través de la encuesta nacional sobre comportamiento sexual en Bélgica, tuvo como objetivo medir la frecuencia en que se toma en cuenta el riesgo de infección por VIH en cada relación sexual (ya sea a través de una conversación, la realización de la prueba o el uso del condón), y mostró que 30% de los entrevistados manejan el riesgo de infección por VIH de manera diferente en cada relación (no con cada pareja), mientras que el 29% no lo tomaron en cuenta. Esta variación depende de ciertas condiciones estructurales de la relación. Por ejemplo, realizar la prueba de VIH antes del coito dependía del lugar donde se conocieron y era menos frecuente si se considera que la relación es importante, así como el uso del condón era menos frecuente en relaciones estables. El estudio concluye que los factores individuales no alcanzan a explican las diferencias en el manejo del riesgo de infección por VIH.

Aún así, esta investigación no analizó el contexto social y cultural en el que estas prácticas de riesgo ocurren, al enfocarse exclusivamente a los comportamientos y las situaciones inmediatas en que suceden.

En una sesión en la que se discutió la confiablidad de los reportes sobre conductas sexuales, uno de los instrumentos innovadores fué dado a conocer en un estudio longitudinal(37) de 6 años, en el que se analizaron las "sesiones de riesgo" descritas en diarios sexuales de 1000 hombres gay y bisexuales en Gran Bretaña. La información escrita se complementó con entrevistas y métodos etnográficos. Este instrumento permite el registro de la expresión "naturalista" de los individuos con respecto a sus prácticas sexuales, eliminando hasta cierto punto los errores producidos por las reconstrucciones de los eventos en una entrevista. El foco de la investigación estuvo en el volumen de comportamientos sexuales de riesgo, principalmente de coito anal sin protección, y una de sus conclusiones principales es que existen, en el momento de la interacción sexual, una serie de componentes irracionales que no habían podido ser detectados con las encuestas de conocimientos, actitudes y prácticas. A pesar de que en las entrevistas los participantes respondieron que utilizan el condón "siempre", en los diarios se hizo evidente que esta protección es más bien infrecuente.

Del riesgo individual a la vulnerabilidad social. Determinación de factores de comportamientos de riesgo y condiciones estructurales que favorecen la infección por VIH en grupos específicos.

La discusión sobre vulnerabilidad social y VIH incluyó un mayor número de trabajos latinoamericanos que la mayoría de los temas de ciencias sociales, como la investigación de comportamiento sexuales y de factores individuales de riesgo.

En una sesión especialmente dedicada a la vulnerabilidad de los jóvenes frente al VIH, Cáceres(38) (et al, 1996) reportó los resultados de un estudio cualitativo (20 grupos focales y 40 entrevistas en profundidad) y cuantitativo (1200 cuestionarios) realizado con jóvenes de la ciudad de Lima, que exploró aspectos de la cultura sexual como son las normas percibidas, la iniciación sexual, deseos y prácticas sexuales, anticoncepción y aborto, homo/bisexualidad, enfermedades de transmisión sexual/SIDA, interacción sexual y género, así como una muestra de jóvenes que accedió a someterse a la prueba de detección del VIH.

Entre los jóvenes activos heterosexualmente, 43% nunca han usado un condón, mientras que el 57% de los activos homosexualmente tampoco lo han usado. 28% de las adolescentes y 43% de las jóvenes adultas habían tenido cuando menos un embarazo no deseado. A pesar de conocer el SIDA y sus formas de transmisión, los entrevistados no se consideraron en riesgo. El análisis cualitativo mostró que los papeles asociados al género están cambiando en esta población hacia relaciones más igualitarias, particularmente en la clase media. La iniciativa femenina no es valorada negativamente y los hombres jóvenes están menos sujetos a la presión de iniciarse sexualmente con una prostituta. Estos cambios incipientes podrían producir una cultura que favoreciera el empoderamiento de las mujeres y los hombres para controlar su propio comportamiento sexual.

Por su parte, un estudio realizado en Brasil(39) detectó y analizó los obstáculos y dificultades para llevar a cabo consistentemente prácticas de sexo seguro entre jóvenes, como parte de la evaluación de un taller sobre sexualidad y SIDA en una escuela nocturna de Sao Paulo. A través de la construcción y actuación colectiva de "escenas sexuales", que eran historias reales sobre relaciones sexuales aportadas por los participantes, se hizo evidente que la desigualdad de género es un elemento clave en la imposibilidad de negociar prácticas de sexo seguro. Asimismo, en las condiciones materiales que estructuran las oportunidades de tener relaciones sexuales, como son los encuentros apresurados y clandestinos en lugares públicos y el costo de cada condón (aproximadamente un dolar), el SIDA fué mencionado como uno más de los riesgos que los jóvenes corren cotidianamente. Por otro lado, la descripción que los jóvenes hicieron de los servicios de salud fué sumamente negativa, de modo que no acudían a ellos por temor al estigma, el maltrato y la burla.

La evaluación de la "escena sexual" arrojó datos positivos como un método que fomenta la conciencia entre algunos grupos sociales, y como medio para que enfrenten y cuestionen las barreras personales y estructurales con las que chocan cuando deciden tener prácticas de sexo seguro.

La importancia de otros costos sociales por encima del temor a la infección por VIH fué documentada también por un estudio cualitativo realizado con jóvenes de Sri Lanka(40), quienes mostraron mayor preocupación por la pérdida de la virginidad, de posibilidades de matrimonio, por el embarazo y la pérdida de la reputación frente a la familia, que frente al riesgo de infección por VIH, a pesar de tener suficientes conocimientos al respecto. Estas normas culturales parecen haber protegido relativamente a los jóvenes de Sri Lanka pues parecen favorecer actividades no penetrativas vaginales, pero hay evidencias de comportamientos de riesgo que no desafían estos cánones morales como el sexo anal, la utilización de sexo comercial, sexo entre hombres y penetración parcial del pene en la vagina.

En todo caso, los tres estudios insisten en la necesidad de que las intervenciones preventivas sean más abarcativas que el solo trabajo sobre VIH/SIDA, pues las conductas de riesgo de las poblaciones vulnerables se inscriben en contextos más amplios que las determinan.

Evaluación de intervenciones y programas preventivos

En la sesión final de relatoría, Mane afirmó que una gran parte de los trabajos de la Conferencia en el área de Ciencias Sociales enfatizó que los programas preventivos basados en el trabajo comunitario son efectivos en la lucha contra la epidemia. Muchos de ellos abordaron cuestiones relativas a la desigualdad social y su papel en el riesgo de infección por VIH, especialmente en cuanto al estigma de los seropositivos y enfermos, el género y el poder que impiden la negociación de prácticas de sexo seguro, la pobreza y la imposibilidad de acceder a servicios médicos adecuados tanto en la prevención como en el tratamiento, y otros elementos estructurales que construyen la vulnerabilidad al virus.

Si bien estas estrategias hicieron evidente la complejidad del problema, Mane afirmó que es necesario seguir analizándola y detallándola, a través del diseño de intervenciones que aborden prácticamente el problema y sean capaces de evaluar su efectividad. Sin embargo, las formas de evaluación de estos programas pueden no reportar sus resultados exclusivamente con respecto al cambio de comportamientos sexuales, en especial el uso del condón, sino describir con más amplitud las condiciones que permiten o no esos cambios. En este sentido, la relatora consideró novedosos algunos trabajos que presentaron métodos de evaluación basados en herramientas y recursos locales, así como investigaciones que incluyen un componente de acción importante, en especial en naciones en desarrollo en los cuales la optimización de recursos es fundamental.

En esta sesión se recalcó también que tales programas requieren ser fortalecidos a través de asegurar su existencia a largo plazo, proveerlos de habilidades y entrenamiento en el tema y de favorecer iniciativas provenientes de la sociedad civil.

En diversas sesiones de la Conferencia se presentaron estudios que demostraron la efectividad de la involucración de organizaciones de base en la prevención y la atención de la infección por VIH/SIDA, tanto desde el punto de vista de la investigación como de la intervención.

Un ejemplo de esta aproximación fué el estudio presentado por Kegeles(41) (et al, 1996) consistente en la evaluación de un programa preventivo con una duración de ocho meses, llevado a cabo en dos ciudades de Estados Unidos con jóvenes gay y bisexuales. El programa incluyó las siguientes acciones:

1. Un centro comunitario para hombres jóvenes gay, creado especialmente por el programa

2. Un grupo central de jóvenes que dirigieron el proyecto

3. Trabajo informal llevado a cabo entre amigos

4. Trabajo formal llevado a cabo en puntos de encuentro gay y en eventos realizados por el proyecto

5. Pequeños grupos que trabajaron sobre prácticas de sexo seguro y trabajo informal sobre otros asuntos de importancia para la comunidad.

Se realizaron dos encuestas previas y dos posteriores con una cohorte de jóvenes de ambas comunidades y se encontró que, antes de la intervención, 21% de los encuestados reportaron coito anal sin protección con parejas casuales y 54% con parejas estables. A dos meses de la intervención, se encontró una reducción relativa del 32% en prácticas riesgosas con parejas casuales y de 26% con parejas estables. Esta misma reducción se mantenía un año después con las parejas casuales pero no así con las estables, con las cuales las prácticas de riesgo habían aumentado. Las conclusiones del estudio muestran que la movilización de los jóvenes gay con el fin de motivarse mutuamente al uso de prácticas de sexo seguro y la creación de un centro para el apoyo de esta población, es una aproximación efectiva a la prevención de la infección por VIH, pero es preciso apoyar los programas a largo plazo, así como reforzar las acciones para aumentar las prácticas de sexo seguro dentro de relaciones estables.

Un resultado similar fué presentado por Pradeep(42) (et al, 1996) a través de una evaluación etnográfica del comportamiento sexual entre hombres en Madras, India, misma que no fué fácil de llevar a cabo ya que, según el autor, las autoridades correspondientes afirmaban que en esa ciudad no existían las prácticas sexuales entre hombres.

Sin embargo, el equipo de investigación demostró lo contrario, al hacer visible un grupo de alto riesgo de contraer el virus. Una vez localizados con cierta exactitud los lugares en que el contacto sexual entre hombres sucede, se desarrolló una estrategia de contacto entre pares para una comunidad de aproximadamente 3000 hombres, la cual tuvo como objetivos fomentar la conciencia sobre el VIH/SIDA, promover y favorecer habilidades para el uso del condón, colaborar en la evaluación individual de riesgo y asegurar el acceso a una atención no estigmatizante de enfermedades de transmisión sexual, así como a consejería y apoyo.

La intervención fué llevada a cabo diariamente con la participación de miembros/pares de la comunidad, personas residentes del área que sirvieron como contactos y jóvenes que acudían a otros sitios del área y no a los lugares de encuentro de los hombres.

Se aplicaron encuestas al azar previas y posteriores a la intervención (1994 y 1995) en una muestra de 125 hombres en los lugares de contacto, y se encontró que el sexo oral como única actividad en su último encuentro incrementó de 17% a 57%, mientras que aquellos que reportaron sexo anal disminuyó de 78% a 38%. Entre aquellos que reportaron esta práctica, el uso del condón se incrementó del 52% al 65%. Estos resultados demostraron que el trabajo de los pares resultó altamente efectivo para la modificación de comportamientos y que el interés de los hombres por la atención de otras enfermedades de transmisión sexual fué la vía de entrada al trabajo preventivo contra la infección por VIH.

Por su parte, The AIDS Community Demonstration Projects (1996)(43), consistió en una serie de programas preventivos comunitarios (es decir, arraigados fuera de los servicios de salud) llevados a cabo en cinco ciudades de Estados Unidos y dirigidos a poblaciones de alto riesgo. Para ello se desarrolló un protocolo común de investigación adaptado a las condiciones de cada ciudad y basado en modelos conductuales de cambio de comportamientos como el modelo de creencias sobre la salud (health belief model), la teoría de la acción razonada (theory of reasoned action) y el continuum de fases de cambio (stages of change continuum) que intenta medir la disposición de los individuos a realizar y mantener cambios de comportamiento.

Los programas pretendían determinar la eficacia de ciertas intervenciones comunitarias para grupos de difícil acceso en cada sitio y, de serlo, aplicarse a otros programas preventivos.

Antes de llevar a cabo la intervención se utilizaron instrumentos etnográficos (entrevistas informales, grupos focales y entrevistas con informantes clave como prestadores de servicios comunitarios, maestros, etc.) para identificar personas en riesgo que, dependiendo de la ciudad, resultaron usuarios de drogas intravenosas, trabajadoras sexuales y hombres que tienen relaciones sexuales con hombres, para realizar encuestas sobre prácticas sexuales de riesgo y para reclutar a miembros de la comunidad que, una vez entrenados, sirvieran como educadores y aplicadores de la intervención. Se diseñaron y distribuyeron materiales impresos, así como condones y paquetes de limpieza de agujas, con la idea de mostrar modelos de comportamiento para quienes las prácticas preventivas fueran valoradas positivamente.

La evaluación del programa (realizado de 1989 a 1996) mostró que la exposición de las poblaciones de alto riesgo a los programas preventivos se incrementó considerablemente (del 1% al 18% en la fase de comienzo, a 22% a 68% durante la fase temprana de implementación). Las trabajadoras sexuales reportaron mayor exposición al programa y los hombres que tienen relaciones con hombres, pero que no se identifican como homosexuales, reportaron menor exposición.

Con respecto al uso consistente de condones, se registró un incremento significativo para el coito vaginal y/o anal con parejas casuales así como una portación más frecuente de preservativos entre las personas que estuvieron expuestas al programa. Se encontró un incremento similar, pero no significativo, en el uso del condón con parejas estables.

Las conclusiones de este estudio demuestran que las intervenciones basadas en modelos teóricos y articuladas a nivel de las comunidades en alto riesgo, pueden incrementar de manera significativa la reducción del riesgo de infección por el VIH entre poblaciones desprotegidas.

Otro tipo de intervenciones demostraron la importancia de tomar en cuenta las especificidades culturales y estructurales de la población a la que van dirigidas.

Por ejemplo, Mishra (et al, 1996)(44) presentó los resultados de la evaluación de un material educativo especialmente diseñado para una población de trabajadores rurales latinos, migrantes a los Estados Unidos, con un bajo nivel de alfabetización. Se investigaron las condiciones de la población en estudio y se determinó que, además de vivir por debajo de los niveles mínimos de bienestar, los migrantes tenían escaso acceso o no tenían, a los servicios de salud en el área. Asimismo, se detectó que varias trabajadoras sexuales prestaban sus servicios en los lugares de trabajo y que no utilizaban condón.

A través de un diseño cuasi-experimental, se llevaron a cabo encuestas pre y post-intervención en dos grupos de trabajadores del campo originarios de México y que solamente hablaban español. La intervención, de tres semanas de duración, consistió en la distribución de una fotonovela y la difusión de una radionovela elaboradas con un enfoque de mercadeo social (el personaje "bueno", el "malo", una figura modelo y la trabajadora sexual como educadora) que proporcionaban información sobre el riesgo de infección por VIH, factores de riesgo y prevención. El material educativo fué diseñado tomando en cuenta los bajos niveles de alfabetización de la población a quien estaba dirigido.

A la encuesta post-intervención, los hombres del grupo experimental reportaron un incremento del 7% antes de la intervención al 65% después de ella en el uso del condón con las trabajadoras sexuales, mientras que ninguno de los participantes del grupo control reportaron usar condón antes ni después de la intervención.

Estos resultados pueden ser cuestionados, sin embargo, en términos de la posible complacencia de los sujetos frente a los investigadores, en términos de reportar la conducta esperada. Sería necesario también una re-evaluación del efecto de la intervención en un momento posterior, ya que no se mantuvo durante un periodo prolongado, ni se arraigó en la red natural de convivencia de los trabajadores. En todo caso, el trabajo demuestra que es fundamental diseñar materiales educativos dirigidos a poblaciones específicas, tomando en cuenta su cultura y como resultado de una exploración previa.

La revisión de 75 estudios evaluativos presentada por Westover (et al, 1996)(45), mostró:

1. Estudios de gran escala que utilizan exclusivamente métodos cuantitativos que frecuentemente son incapaces de detectar los efectos verdaderos de los programas basados en la intervención comunitaria.

2. Aunque el rigor científico es una consideración generalizada, los diseños experimentales rígidos frecuentemente muestran resultados decepcionantes.

3. Las evaluaciones efectivas de este tipo de programas requieren:

a) desarrollar una base teórica de las ciencias sociales y/o conductuales para la evaluación durante el la fase de diseño

b) documentar la implementación del programa

c) utilizar diseños y métodos de investigación que permitan a los evaluadores investigar los mecanismos del cambio de comportamientos

d) utilizar indicadores de resultados bien diseñados y fundamentados teóricamente que puedan capturar tanto los efectos de la intervención tanto a nivel comunitario como individual.

En breve, evaluar el impacto de una intervención preventiva basada en la comunidad debería utilizar tanto metodologías cuantitativas como cualitativas. Por ejemplo, la exposición a la intervención y la participación se pueden medir de mejor manera con métodos cuantitativos, mientras que los cualitativos ofrecen la posibilidad de documentar la fidelidad de las intervenciones, triangular los hallazgos y añadir información de contexto, de manera que con ello se logra ampliar la posibilidad de generalizar los resultados.

Para concluir esta sección, recordaremos la ponencia plenaria de Adjorlolo (1996)(46) quien afirmó que, por primera vez, se pueden abrigar algunas esperanzas de que la epidemia del SIDA puede ser controlada. Los alentadores ejemplos de reducción de las tasas de infección en Tailandia, Uganda y otros países, sugieren que un compromiso claro con esfuerzos preventivos puede tener un impacto positivo. Por ejemplo, la aplicación de un programa de tratamiento de enfermedades de transmisión sexual en Tanzania disminuyó en un 40% la incidencia de la transmisión del VIH, mientras que en Abidjian, Costa de Marfil el tratamiento de enfermedades transmisibles sexualmente y la promoción del uso del condón entre trabajadoras sexuales resultó en un incremento del 90% de prácticas preventivas en esta población. En Estados Unidos y Nepal los programas de cambio de jeringas y otras intervenciones han reducido la incidencia del VIH entre usuarios de drogas. Sin embargo, la ponente recalcó la importancia de lograr que la investigación se convierta en acción y que los estudios se transformen en intervenciones basadas en acciones comunitarias, así como de impulsar los programas de educación de pares para aquellos grupos difíciles de abordar desde los servicios públicos en general.

Conclusiones relevantes para los tomadores de decisiones de Latinoamérica y el Caribe.

Es posible decir que en el área de Ciencias Sociales de la Conferencia, y sin atender al corte cuantitativo o cualitativo de los diseños de investigación, la mayoría de los estudios e intervenciones coincidieron en las siguientes consideraciones:

1. Es imprescindible la voluntad política de los gobiernos para producir estrategias de prevención y atención frente a la epidemia de VIH/SIDA, a través del compromiso de recursos económicos y la colaboración nacional e internacional.

2. Esta voluntad tendría que traducirse en acciones concretas de control de la diseminación del virus que incluyan, además de políticas de salud pública adecuadas, el apoyo y coordinación con organizaciones locales y comunitarias que ofrezcan las posibilidades de acceso y trabajo con grupos vulnerables a la infección.

3. Los gobiernos deben empezar por trabajar a nivel preventivo con aquellos grupos en los que la prevalencia de VIH es mayor, sin desatender a aquellos que constituyen el futuro de la epidemia.

4. Los programas de información, educación y comunicación dirigidos al público en general demuestran una eficacia sumamente limitada, pues las investigaciones han demostrado que el conocimiento sobre el VIH y sus modos de transmisión no es suficiente para el cambio de conductas de riesgo, debido a las determinaciones estructurales -sociales, económicas y culturales- que construyen la vulnerabilidad social de ciertos grupos a la epidemia.

5. Por ello, los programas preventivos y de atención deben considerar y abordar tales determinaciones para influir en las condiciones que permiten o impiden la adopción de conductas de protección contra la infección.

6. El empoderamiento y la movilización comunitaria han resultado las estrategias más exitosas de lucha. Por ello, el enfoque de los programas preventivos debe cambiar para colocar el énfasis en el abordaje de grupos y comunidades específicas, más que de individuos y sus conductas.

7. Es necesario asegurar el mantenimiento de tales programas, pues constituyen la opción más efectiva a largo plazo contra la epidemia. Los programas de alcance para población difícil de acceder, o para población no cautiva en servicios educativos y de salud, deben estar basados en el reclutamiento y apoyo a educadores pares.

8. Ya que, para la realidad de los países latinoamericanos y en especial para algunos de los grupos sociales más afectados por el VIH, el SIDA parece no ser una prioridad en sus precarias condiciones de vida, el trabajo preventivo debe incluirse en una perspectiva más amplia que aborde otras preocupaciones específicas de las comunidades. Por ejemplo, las consecuencias de las relaciones de género en la negociación de prácticas de sexo seguro y el tratamiento de enfermedades de transmisión sexual en el caso de las mujeres o los significados culturales de la virginidad y la iniciación sexual, así como la prevención del embarazo en el caso de los jóvenes.

9. Los materiales educativos y su distribución deben estar elaborados de manera específica y deben ser elaborados y distribuidos junto con miembros de las comunidades a las que van dirigidos, para asegurar su pertinencia. Asimismo, su impacto debe ser evaluado, sin sobrevalorar el efecto que la información puede tener en la adopción de conductas de protección.

10. Las estrategias preventivas deben considerar las dificultades encontradas en diversas poblaciones para utilizar el condón, y ofrecer un menú de alternativas que incluyan la abstinencia, la monogamia y la reducción de parejas, tomando en cuenta las particularidades de los grupos en cuestión.

Conclusiones y recomendaciones encaminadas a la elaboración de políticas y ejecución de acciones para la prevención y control del VIH/SIDA y otras enfermedades de transmisión sexual, así como la atención adecuada a los afectados.

Los gobiernos nacionales tienen la obligación de llevar acciones preventivas contra la transmisión del VIH y de atención a los infectados y enfermos de SIDA, debido a que se trata de un problema de salud pública. No hacerlo por los costos políticos que ello puede significar constituye, en este momento, una grave irresponsabilidad que pone en peligro a grandes sectores de la población, afectando la vida de los países desde el punto de vista económico y social. Negar la propagación de la epidemia no la desaparece pero sí la favorece.

En este sentido, la primera responsabilidad del gobierno es asegurar a nivel nacional que los bancos de sangre estén asegurados y protegidos contra la presencia del VIH. Asimismo, es obligación del gobierno dedicar a los pacientes de SIDA el mismo tipo de atención que se otorga a pacientes de otros padecimientos crónicos. Una de las prioridades es, por tanto, lograr que los seguros privados incluyan en sus pólizas al SIDA como lo han hecho con el cáncer. La responsabilidad regulatoria del gobierno en estos asuntos es indiscutible.

Pero también lo es su necesaria intervención para detener la transmisión sexual. Sin embargo, este es un asunto complejo por la posible interpretación de las acciones gubernamentales como una intrusión en la vida privada de sus ciudadanos. No es papel del gobierno indicarles qué tipo de parejas y prácticas sexuales deben o no elegir, es decir, no le corresponde a esa instancia ser el agente ejecutor de las intervenciones, pero sí es de su competencia fomentar y asegurar que grupos sociales específicos se involucren en las estrategias de prevención y atención.

En ese sentido, una de las recomendaciones más importantes que surgen como consecuencia de la Conferencia de Vancouver -apoyada por el caudal de información producido mundialmente- sugiere que los gobiernos cumplan una función promotora y reguladora de las intervenciones preventivas, a través de apoyar a organizaciones sociales diversas que puedan trabajar sobre el tema. Este movimiento descentralizador está en concordancia con el proceso de democratización que involucra en este periodo histórico a toda la región, que implica la participación activa de la sociedad civil en la vida de los países.

Como ha quedado demostrado por la información aquí presentada, la lucha contra la vulnerabilidad social a la infección por VIH es la lucha misma contra la epidemia y corresponde a un esfuerzo de largo plazo que es responsabilidad de los gobiernos actuales, aunque su periodo termine antes de haber evaluado en profundidad el efecto de estas políticas.

Para lograr este objetivo, se propone redireccionar los recursos existentes en los diversos países a través de las siguientes acciones:

1. Identificar el patrón epidemiológico de cada país para determinar las poblaciones en mayor riesgo de infección.

2. Identificar grupos y organizaciones civiles y sociales que trabajen con esas poblaciones.

3. Promover y fortalecer a tales organizaciones para que lleven a cabo intervenciones comunitarias de prevención y atención, respetando sus características y los matices que el trabajo adquiriría para cada una de ellas.

En su papel regulador de las políticas de salud y educación, los gobiernos pueden implementar estas acciones de manera inmediata a través de los siguientes mecanismos:

1. Formación de un grupo técnico integrado por autoridades, académicos y miembros de organizaciones civiles, que lance una convocatoria y evalúe proyectos de prevención contra el VIH a ser financiados.

2. La función de este grupo técnico sería aprobar las propuestas en una competencia abierta y sustentada por la calidad de las mismas.

3. Evaluar las propuestas de los grupos en función de la capacidad de las organizaciones para dar cuentas del costo-eficacia de sus diseños, de su cobertura y de la calidad reconocida del trabajo que realizan, así como de la sustentación teórica de los diseños de investigación e intervención.

4. Implementar mecanismos de coordinación con las organizaciones como pueden ser el desarrollo institucional, la exención de impuestos, los convenios con grupos sociales o las contrataciones y subcontrataciones por trabajo.

A la luz de la información presentada en esta reseña, la estrategia de involucración y coordinación con organizaciones civiles y comunitarias, combinada con una política global de salud pública y educación, parece ser el camino más eficaz en la reducción de la transmisión del virus de una manera permanente y consistente. El mercadeo social ha demostrado cierta efectividad en el cambio de comportamientos, pero de manera efímera. Los costos de mantener permanentemente este tipo de campañas son demasiado onerosos y desvían los recursos para otras intervenciones de efectividad a mayor plazo.

Sin embargo, se requiere también de acciones inmediatas para conocer el impacto de la epidemia y realizar intervenciones preventivas. Por ello, sugerimos que los gobiernos encarguen una serie de investigaciones cuyos objetivos sean:

1. Llevar a cabo el diagnóstico de nuevas infecciones

2. Determinar hacia dónde se dirige el futuro de la epidemia y determinar las subepidemias

3. Determinar a partir de lo anterior aquellos grupos que requieren de intervenciones urgentes

4. Conocer en detalle, a través de investigaciones de corte tanto cuantitativo como cualitativo, el comportamiento de la epidemia y las determinaciones estructurales -sociales, económicas y culturales- de la vulnerabilidad de tales grupos al VIH

5. Indagar la efectividad de modelos de intervención diseñados a partir de la información producida por los estudios anteriores. Tales modelos deben:

• estar sustentados en teorías ya desarrolladas

• incluir en su diseño una evaluación minuciosa de sus efectos

• permitir adaptaciones a las diversas comunidades y culturas sexuales en mayor riesgo de infección

Las recomendaciones aquí presentadas pretenden colaborar con quienes tienen bajo su responsabilidad la lucha contra el SIDA en los países latinoamericanos y del Caribe, a través de reorganizar los recursos existentes en ellos, y de movilizar a la sociedad para que se involucre en el control de la epidemia. La Conferencia de Vancouver dejó ver que este objetivo solamente puede ser alcanzado con un esfuerzo común de los diversos sectores de la sociedad, en una relación de colaboración que respete las diferencias y aborde este problema sin pretender normar las prácticas sexuales de los ciudadanos.

------------------------------

I. Además del tipo de estudios mencionados, en los países desarrollados se han producido también investigaciones como las siguientes:

- evaluaciones de intervenciones preventivas

- pruebas de vacunación, protección de barrera, tratamiento de enfermedades de transmisión sexual

- investigaciones sobre conductas individuales, basadas en modelos tradicionales de educación para la salud

- estudios con base en comunidades: estudios de comunidades control (escasos)

- modelos matemáticos, enfocados a la incidencia, mortalidad, costos e impacto de intervenciones.

II. Sesión de relatoría del área de Ciencias Sociale de la XI Conferencia sobre SIDA, Vancouver, 11 de Julio de 1996.

III. Traducción literal del inglés "empowerment", a falta de un vocablo más adecuado en español.

IV. Traducción libre.

Referencias

1. Mann J, Tarantola, DJM y Netter TW, ed. AIDS in the World. Cambridge, Mass.: Harvard University Press, 1992.

2. Mann J y Tarantola DJM, ed. AIDS in the World, Volume II. Oxford: Oxford University Press, 1996.

3. The AIDS Control and Prevention Project of Family Health International (AIDSCAP), The François-Xavier Bagnoud Center for Health and Human Rights of the Harvard School of Public Health and UNAIDS/The Joint United Nations Programme on HIV/AIDS. The Status and Trends of the Global HIV/AIDS Pandemic. Final Report. XI International Conference on AIDS; Julio 1996; Vancouver.

4. Cáceres C. The production of knowledge on sexuality in the AIDS era in the developing world: some opportunities and challenges. Ponencia presentada en el encuentro: "Reconceiving sexuality. International perspectives on gender, sexuality and sexual health"; Abril, 1996; Rio de Janeiro.

5. Carballo M, Cleland J, Carael M y Albrecht G. A cross national study of patterns of sexual behavior. The Journal of Sex Research 1989; 26: 287-299.

6. Izazola JA, Valdespino JL, Juárez LG, Mondragón M y Sepúlveda J, Conocimientos, actitudes y prácticas relacionadas con el SIDA. Bases para el diseño de programas educativos. En: Sepúlveda J, Bronfman M, Ruiz Palacios G, Stanislawski E y Valdespino, JL. SIDA, ciencia y sociedad en México. México: Secretaría de Salud/ Instituto Nacional de Salud Pública / Fondo de Cultura Económica, 1989.

7. Galíndez JO. El fenómeno SIDA entre jF3¢venes de 14 a 25 años en la ciudad de Rosario. Comité de Prevención del SIDA. Rosario, Argentina: s.f.

- Lobo López S. Knowledge about STD and AIDS among adolescents from peripheric regions in Sao Paulo City. Sao Paulo, Brazil: Secretaria Municipal de Saúde, 1993.

8. Laumann EO y Gagnon JH, A sociological perspective on sexual action. En: Parker R, y Gagnon JH, ed. Conceiving sexuality: approaches to sex research in a postmodern world. London and New York: Routledge, 1995.

9. Laumann EO, Gagnon JH, Michael R y Michaels S. The social organization of sexuality: sexual practices in the United States. Chicago: The University of Chicago Press, 1994.

10. Boulton M, ed. Challenge and innovation: methodological advances in social research on HIV/AIDS. London: Taylor and Francis, 1994.

11. Aggleton P. (Is there) method in the madness? Methodology and interpretation in socio-sexual research on HIV/AIDS. Ponencia presentada en el encuentro: "Reconceiving sexuality. International perspectives on gender, sexuality and sexual health"; Abril, 1996; Rio de Janeiro.

12. Caraël M. Sexual behavior. En: Cleland J y Ferry B, ed. Sexual behavior and AIDS in the developing world. London: Taylor and Francis, 1995.

13. Bastard B y Cardia-Vonèche L. From rational individual to actor ensnared in a web of affective and sexual relationships. En: van Campendoudt L, Cohen M, Guizzardi G y Hauser D, ed. Sexual interactions and HIV risk. London: Taylor and Francis. En prensa.

14. Rodríguez G, Amuchástegui A, Rivas M y Bronfman M. Mitos y dilemas de los jóvenes en tiempos del SIDA. En: Bronfman M, ed. El SIDA en México. Migración, adolescencia y género. México: Información Profesional Especializada, 1995.

15. Bronfman M. Presentación. En: El SIDA en México. Migración, adolescencia y género, México: Información Profesional Especializada, 1995.

16. Worth D. What's love got to do it? The influence of romantic love on sexual risk taking. En: Zeidenstein S y Moore K, ed. Learning about sexuality. A practical beginning. New York: The Population Council/International Women's Health Coalition, 1996.

17. Weiss E, Whelan D y Geeta RG. Vulnerability and opportunity. Adolescents and HIV/AIDS in the developing world. Findings from the Women and AIDS Research Program. Washington, D.C.: International Center for Research on Women, 1996.

18. Vasconcelos A, Neto A, Valença A, Braga C, Pacheco M, Dantas S, et al. Sexuality and AIDS prevention among adolescents from low-income communities in Recife, Brazil. Women and AIDS Research Program Research Report Series. Washington, D.C.: International Center for Research on Women, 1996.

19. George A y Jaswal S. Understanding sexuality: an ethnographic study of poor women in Bombay. En: Women and AIDS Program Research Report Series. Washington, D.C.: International Center for Research on Women, 1995.

20. Sepúlveda J, Bronfman M y Rico B. Estrategias de prevención y control del SIDA en México desde sus inicios. Gaceta Médica de México: Número extraordinario. México. En prensa.

21. Shepard D y Eichner J. Cost-effectiveness of screening to reduce transfusion-related AIDS in developing areas. Cuarto Congreso Internacional sobre el SIDA; Abstract 5127; Junio 1988; Estocolmo.

22. Rowley J y Anderson RM. Some economic implications of introducing control measures to reduce the spread of HIV infection in sub-Saharan Africa. Quinto Congreso Internacional sobre SIDA; Abstract T.H.O.16; Junio, 1989; Montreal.

23. Parker R. Empowerment, community mobilization and social change in the face of HIV/AIDS. XI Conference on AIDS; Abstract Tu.06; 9 Julio 1996; Vancouver.

24. Whelan D, Gupta G y Weiss E. Women's human rights and vulnerability to HIV: findings from the Women and AIDS Research Program. International Center for Research on Women. XI International Conference on AIDS; Abstract Tu.D.352; Julio 9, 1996; Vancouver.

25. Decosas J. HIV and development. XI Conference on AIDS; Abstract We.13; Julio 10, 1996; Vancouver.

26. Ballard J. Preconditions for effective policy: the australian experience. XI International Conference on AIDS; Julio 10, 1996; Vancouver.

27. Lyons K, Davids J, Gold R, Russell A y Smith L. An assay is a test: women living with HIV and activists helping researchers to communicate to people with HIV. XI International Conference on AIDS; Abstract Tu.D.482; Julio 9, 1996; Vancouver.

28. Anania S. The experience of creating a working cooperative society formed by people living with HIV. XI International Conference on AIDS; Abstract Mo.D.131; Julio 8, 1996; Vancouver.

29. Parker R y Carballo M. Qualitative research on homosexual and bisexual behavior relevant to HIV/AIDS. The Journal of Sex Research 1990; 27: 497-525,

30. Phetersen G, ed. A vindication of the rights of whores. Seattle: The Seal Press, 1989.

31. de Zalduondo BO. Prostitution reviewed cross-culturally: toward recontextualizing sex work in AIDS intervention research. The Journal of Sex Research 1991: 33; 223-248.

32. Sánchez L y Arredondo M. Broadening the social base of AIDS prevention among men who have sex with men in the Dominican Republic. XI International Conference on AIDS; Abstract Mo.D.493; Julio 8, 1996; Vancouver.

33. Dowsett G, Mclnnes, D. ´Post AIDS´: Assessing the long-term social impact of HIV/AIDS in gay communities. XI International Conference on AIDS; Abstract Mo.D.494; Julio, 1996; Vancouver.

34. Friedman SR, Neaigus A, Jose B, Curtis R, Goldstein M, Ildefonso G, et al. Methods for studying social networks and HIV risk. XI International Conference on AIDS; Abstract Th.D.363; Julio 11, 1996; Vancouver.

35. Morris M, Serwadda D, Kretzschmar M, Sewwankambo N y Wawer M. Concurrent partnerships and HIV transmission in Uganda. XI International Conference on AIDS; Abstract Tu.D.473; Julio 9, 1996, Vancouver.

36. Huynen P, Marquet J, Ferrand A, Hubert M, van Compendoudt L. Sexual behavior and HIV risk: lessons from a relation-based approach. XI International Conference on AIDS; Abstract Tu.D.472; Julio 9, 1996; Vancouver.

37. Coxon APM, McManus TJ, Pozniak AL, Stevens JK. Concentration of gay men's highest sexual risk behaviors: a sexual diaries analysis. XI International Conference on AIDS; Abstract Th.D.364; Julio 11, 1996; Vancouver.

38. Cáceres C, Reingold A, Watts D. Sexual cultures and sexual health: young people and their current discourse, practice and risks regarding sexuality in Lima, Peru. XI International Conference on AIDS; Abstract Th.D.440; Julio 11, 1996; Vancouver.

39. Paiva V y Skinner S. Poor and young: the sexual scene and vulnerability to HIV in urban Brazil. XI International Conference on AIDS; Abstract Th.D.441; Julio 11, 1996; Vancouver.

40. Tudor SK, Schensul SL, Ratnayake P y Nastasi B. Sexual risk and cultural perceptions of sexual risk among young people in Sri Lanka. XI International Conference on AIDS; Abstract Th.D.442; Julio 11, 1996; Vancouver.

41. Kegeles SM, Hays R, Pollack L, Coates T, Community mobilization reduces HIV risk among young gay men: a two community study. XI International Conference on AIDS; Abstract Mo.D.581; Julio 8, 1996; Vancouver.

42. Pradeep K, Senthil K, Tawil O, O'Reilly K y Kantharaj K. An outreach project for HIV/AIDS prevention: risk reduction among men who have sex with men in Madras, India. XI International Conference on AIDS; Abstract We.D.481; Julio 10, 1996; Vancouver.

43. Centers for Disease Control and Prevention. Community-level prevention of human immunodeficiency virus infection among high-risk population: the AIDS Community Demonstration Projects. MMWR 1996: 45 (RR-6).

44. Mishra SI, Conner R, Lewis M. AIDS prevention among latino migrant workers: evaluation of a prevention program. XI International Conference on AIDS; Abstract We.D.482; Julio 10, 1996; Vancouver.

45. Westover B, Nowak G, Rugg D y Kasprzyk MK. Designing evaluations of community-level HIV prevention plans. XI International Conference on AIDS; Abstract Mo.D.1801; Julio 8, 1996; Vancouver.

46. Adjorlolo G. Positive dimensions in interventions. XI International Conference on AIDS; Abstract Th.16; Julio 11, 1996; Vancouver.

Bibliografía sugerida

Schlitz MA y Adam P. The influence of personal and intergenerational factors on the incidence of HIV and STD's among young gay and bisexual men in France. XI International Conference on AIDS; Abtract Mo.D.490; Julio, 8, 1996; Vancouver.